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jueves 4 de junio 2026
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OpiniónWilliam Anseume

De lo ocurrido con el supuesto sauna gay en Barquisimeto, por William Anseume

Volvimos a vernos sorprendidos por la detención de ciudadanos en un número desproporcionado -y aunque fuera uno-, porque supuestamente estaban disfrutando de la relajación de un sauna también supuestamente gay en Barquisimeto. Había ocurrido algo similar hace unos pocos años en Valencia, con escándalo público similar. Ustedes dirán que todo lo gay es escandaloso. Pero estos casos se pasan. Y habría que precisar por qué lo gay resulta escandaloso en sociedades timoratas e hipócritas como la nuestra. Eso sería otro asunto para posterior tratamiento.

Cerca de treinta hombres fueron sacados por la fuerza de un lugar de distracción. Al parecer -casi nunca hay certezas en estos casos-, los funcionarios policiales acudieron al lugar no por curiosidad sexual si no por la denuncia efectuada por los habitantes cercanos al club -no lo conozco, pero me encantaría. Y zas, vieron la oportunidad de meterse, no a disfrutar y compartir, sí para fastidiar la felicidad de otros, para hacer ver la imaginada debilidad de quienes allí departían, porque si las mujeres son, como dicen, sexo débil, podrán pensar ustedes las creencias respecto a los gays. Si la denuncia provino de los alrededores y no fue espionaje policial, la cosa se agranda. ¿Qué les estorba? ¿La llegada de llamativos homosexuales en las cercanías? ¿La presencia “contaminante” del otro sexual cerca de sus habitaciones? Y los descarados policías probablemente pensaron en la impunidad de sus actos extorsivos. En afincarse con la treintena de sujetos alternos para “beneficiarse” buena, productiva y rápidamente.

De los hechos hasta ahora conocidos -debemos reconocer y saludar el funcionamiento de la justicia inmediata en este caso-, se pueden deducir múltiples e interesantes cuestiones. La primera de ellas: el atraso social con respecto a las libertades sexuales, al respeto de la intimidad de los individuos, al respeto de las inclinaciones o decisiones que sobre el propio cuerpo o la conducta tenga cada quien, como le viene en real gana, sin afectar a los demás -estaban aislados en un centro de baños. No es asunto de los vecinos, para absolutamente nada, si los demás se entregan a placeres distintos a los suyos, aunque algo de sádica envidia hay siempre en la homofobia. Si fueron los policías directos en busca de la manguangua extraordinaria de caerle encima, con el poder de la “ley” en sus excesos, a tranquilos ciudadanos en esparcimiento, bastante peor. La homofobia desatada. Y, luego, algunos titulares de medios ex-presaban que fueron presos por homosexuales. ¿Fue esa la razón? ¡Caramba! ¿A cuántos más tendrían que llevarse luego, luego, a prisión definitiva, si ser marica es un delito -que no lo es, al menos aquí?

Indigna todo esto y alecciona a una sociedad todavía pacata en un contexto latinoamericano, sudamericano -a excepción de la irregular Guyana- y mundial que camina generalmente más libre en otras direcciones, más bien de protección de la libertades sexuales y de los individuos con sexualidades distintas a las tradicionalmente reconocidas. ¿Qué les importa a los demás si quienes van al sauna disfrutan sus cuerpos, o no? También existe el voyerismo. Jajajaja.

Ahora, volviendo a la seriedad, ¿saben estos degenerados policías que posiblemente expusieron al escarnio público la intimidad de esos conciudadanos? ¿No es posible que entre ellos hubiera algunos que solo sacaban provecho del baño sauna sin interés sexual? ¿No quedan expuestos ante la sociedad, su familia, sus compañeros de trabajo, sus vecinos, etc? ¿Delitos como estos se los van a cargar, como deberían, a los agentes excedidos en sus funciones con interés delincuencial?

Todo esto ocurre porque el mensaje que se envía como Estado, desde el poder, es negativo. Se deben procurar de inmediato, como manda la Organización de Naciones Unidas, las leyes que protejan las libertades sexuales. El matrimonio homosexual. Los derechos múltiples de la comunidad LGBTI. Por allí hubo un nuevo asomo, escurridizo, desde la presidencia encargada de la República al Tribunal Supremo de Justicia. Veamos si se concreta en lo inmediato. Pero si no, ya que además esto ocurrió en las vísperas del mes del orgullo, desde las máximas instancias del poder en Venezuela se debe incorporar al país a los avances en la materia que se han logrado en todo en continente. ¡Hasta la aterrorizada Cuba es más libre sexualmente que Venezuela! ¡Increíble! Es la única manera, legalizando, de contener los desmanes de la homofobia, para inducir el respeto definitivo a quien piensa o actúa diferente, a la individualidad, en libertad.

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