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martes 26 de mayo 2026
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OpiniónOrlando Viera-Blanco:

Una vida trepidante: Theodore Roosevelt I, por Orlando Viera Blanco

Antes de Roosevelt, la presidencia estadounidense era relativamente pasiva. Después de Roosevelt, el presidente se convirtió en figura dominante de la  política nacional e internacional _Análisis político
Hoy quiero contarles un viaje fabulado en el que conocí y compartí vida con el Presidente 26 de los EEUU: Theodore Roosevelt. Un hombre, un líder, un estadista maravilloso, cuya debilidad congénita, la falta de aire en sus pulmones y las más dolorosas pérdidas que puede sufrir un ser humano, no le impidieron convertirse en un fajador, un alma errante—apasionada, fascinante e inquebrantable—que refundó los EE.UU de América.
Conocí a Theodore Roosevelt cuando todavía él era un muchacho frágil que parecía condenado a vivir entre almohadas, libros y ataques de asma. Esta es la historia de mis vivencias compartidas en un viaje imaginario al pasado que explica fascinantemente el presente y el futuro.
De como los ejemplos de los hombres irrepetibles, hacen historia, hacen grandeza, hacen patria.
Recuerdo [a Roosevelt] en aquella casa de Manhattan, en la calle 20 Este, donde el aire de Nueva York se mezclaba con el olor a cuero de encuadernaciones antiguas y remedios. Nadie hubiese imaginado que aquel niño de pecho oprimido y ojos encendidos se convertiría algún día en Theodore Roosevelt, el hombre que cambiaría la relación de EEUU con el mundo y que transformaría la presidencia en una institución vigorosa, magnánima, casi imperial.
1865. Muere Lincoln y la luz se va de tu vida…
Lo observé por primera vez una noche de invierno. Tenía apenas unos años y luchaba desesperadamente por respirar mientras su padre, Theodore Roosevelt Sr., lo sostenía en brazos cerca de una ventana abierta. El muchacho jadeaba como si estuviera peleando contra un enemigo invisible. Aquella enfermedad, lejos de derrotarlo, fue la forja de su carácter. Su padre le repetía: “Tienes la mente, pero no el cuerpo; debes construirlo”.
Y Teddy, como lo llamarían después millones de estadounidenses, decidió obedecer. Desde entonces comenzó la batalla más importante de su vida: la guerra contra su propia debilidad.
Vi cómo ’hacia sombras’ en un pequeño gimnasio improvisado de su casa. Como aprendió boxeo para dejar de ser el niño enfermizo que otros muchachos golpeaban. Como transformó la fatiga en combustible, el sufrimiento en disciplina, la disciplina en voluntad, que fue carácter y determinación. Aquella obstinación sería el sello de toda su existencia.
Era un niño extraordinariamente curioso. Mientras otros coleccionaban juguetes, él coleccionaba huesos, insectos y aves disecadas. Fundó junto a sus hermanos el pequeño “Museo Roosevelt de Historia Natural”, donde clasificaba animales con la precisión de un científico y la pasión de un aventurero. Su fascinación por la naturaleza no era una extravagancia infantil. Fue el origen de una visión que más tarde lo llevaría a convertirse en el gran conservacionista de América. Años después, siendo presidente, esa misma pasión salvaría millones de acres de bosques y parques nacionales.
En 1865 presenciamos desde la ventana de su casa—junto a su hermano Elliott—la caravana fúnebre de Abraham Lincoln. Su asesinato estremecía al país. Más de cien mil almas concurrieron a darle el último adiós. Una cifra inmensa para la época. Había muerto en manos del crimen el Presidente 16 de los EEUU. Quién hubiese pensado que desde aquella ventana de una mañana nublada y lúgubre, observaba conmocionado el futuro Presidente 26 de EEUU. Aquella imagen nunca se apartó de su mente.
Entró en Harvard University como un joven brillante, intenso y obsesionado por el conocimiento. Allí devoraba libros con una velocidad asombrosa. Estudiaba historia, biología, filosofía y estrategia naval [una materia que marcó su vida]. Practicaba boxeo hasta sangrar y remaba como si quisiera demostrarle al mundo que ya no era aquel muchacho asmático.
Fue en Harvard donde comenzó a descubrir su destino. No deseaba ser simplemente un académico. Quería participar en la vida pública. Quería influir en el curso de la nación.
La muerte de su padre en 1878 lo destruyó emocionalmente. Nunca lo vi llorar tanto. Decía que había perdido “al mejor hombre” que había conocido. Pero incluso esa tragedia se convirtió en motor. Roosevelt se alimentaba de la adversidad.
En aquellos años escribió su primera gran obra: _The Naval War of 1812_. Era todavía un joven [20] y ya pensaba como estratega. Entendía que las naciones modernas no serían dominadas únicamente por ejércitos terrestres sino por el poder marítimo. Aquella obsesión por la marina de guerra definiría más tarde su  política exterior y explicaría su empeño en construir una flota poderosa para EEUU.
En 1880 se casó con Alice Hathaway Lee Roosevelt, una joven elegante y luminosa. Theodore era feliz. Pero el destino le reservaba uno de los golpes más crueles de su vida. El 14/02/1884-el mismo día en que murió su madre-también falleció Alice horas más tarde, dos días después de dar a luz a su hija.
Nunca olvidaré aquella página de su diario marcada con una gran X negra y una frase breve: “_La luz se ha ido de mi vida”_. Roosevelt huyó entonces hacia el oeste americano.
Las Dakotas lo salvaron.
El hombre refinado de Nueva York se transformó en vaquero. Aprendió a montar bajo tormentas de nieve, a perseguir ladrones de caballos y sobrevivir entre rancheros endurecidos por el viento y la soledad. Allí terminó de construir el carácter feroz que más tarde vería el mundo entero.
En el Oeste comprendió que América era algo más que Wall Street y los clubes aristocráticos del Este. Descubrió el espíritu de frontera, la ética del esfuerzo y la rudeza que admiraba en los pioneros. Aquella experiencia moldeó su visión nacionalista y expansionista. Decía que nunca habría llegado a presidente sin Dakota.
Cuando regresó a Nueva York ya no era simplemente un intelectual brillante. Era un hombre endurecido. Entró de lleno en política dentro del Republican Party y rápidamente ganó fama como reformista incorruptible.
En la Asamblea Estatal de Nueva York combatió a empresarios corruptos y a las maquinarias  políticas que controlaban la ciudad. Su energía era volcánica. Parecía incapaz de actuar con moderación.
Lo vi enfrentarse a magnates ferroviarios, denunciar sobornos y desafiar a los caciques republicanos de Albany. Muchos lo consideraban imprudente. Otros lo veían como un idealista peligroso. Pero Theodore entendía algo esencial: la política no podía sobrevivir indefinidamente subordinada a los monopolios.
Esa convicción sería el núcleo moral de su presidencia. Después de algunos años como comisionado de policía de Nueva York— donde patrullaba personalmente las calles durante la madrugada para combatir corrupción y crimen—Roosevelt fue nombrado Subsecretario de Marina bajo la presidencia de William McKinley.
Allí encontró el escenario perfecto para su ambición estratégica.
De NY a Washington, CUBA y Puerto Rico.
Estaba convencido de que EEUU debía convertirse en potencia mundial. Admiraba las ideas del estratega naval Alfred Thayer Mahan, quien sostenía que el dominio de los mares equivalía al dominio global. Theodore compartía plenamente esa visión.
Cuando explotó el acorazado USS Maine en el puerto de La Habana [1898], Roosevelt prácticamente empujó al país hacia la guerra contra España. Mientras muchos en Washington dudaban, él veía una oportunidad histórica: expulsar definitivamente a España del hemisferio y proyectar a EEUU como imperio emergente.
Renunció a su cargo y organizó el legendario regimiento de los _Rough Riders y Buffalo Soldiers_. Jamás olvidaré la escena en Cuba, Roosevelt cabalgando bajo fuego enemigo durante la batalla de San Juan y Kettle Hill, agitando el sombrero y gritando órdenes entre disparos. Aquello fue más que una acción militar; fue la construcción deliberada de un mito político. Y ganó la medalla de honor.
Los periódicos estadounidenses lo convirtieron en héroe nacional. La guerra hispano-estadounidense transformó radicalmente el equilibrio de poder en el Caribe. España perdió sus últimas grandes colonias americanas.
Cuba quedó bajo tutela estadounidense. Puerto Rico pasó a manos de Washington. Y EEUU inició una nueva era como potencia ultramarina.
Roosevelt entendió inmediatamente el significado estratégico de aquellos cambios. Historias que no se repiten sino que se hacen. Para él Puerto Rico era una llave naval del Caribe y un punto fundamental para proteger el futuro Canal de Panamá. Cuba, aunque formalmente independiente, quedaría dentro de la esfera de influencia norteamericana. Theodore concebía el Caribe como un lago estratégico de Estados Unidos.
En 1898 fue elegido gobernador de Nueva York. Desde Albany comenzó a desarrollar las ideas que más tarde definirían su presidencia. Atacó monopolios, reguló empresas ferroviarias, defendió reformas administrativas y promovió políticas progresistas destinadas a limitar los excesos del capitalismo. Era un republicano, sí, pero profundamente distinto de los conservadores tradicionales.
Creía en el poder del Estado para arbitrar entre grandes corporaciones y ciudadanos comunes. No odiaba la riqueza; odiaba los abusos derivados de ella.
En 1900 el establishment republicano quiso apartarlo de Nueva York enviándolo a la vicepresidencia junto a McKinley. Muchos consideraban la vicepresidencia un cementerio político. Theodore aceptó. Recuerdo que me dijo una noche: “Preferiría ser cualquier cosa antes que vicepresidente”. El destino tenía otros planes.
De Presidente encargado a leyenda viva. El “Square Deal”
El 6/09/1901, mientras visitaba la Pan-American Exposition en Buffalo, McKinley fue baleado por el anarquista Leon Czolgosz. Roosevelt se encontraba en las montañas Adirondack cuando recibió la noticia de que el presidente agonizaba. Cabalgó y viajó apresuradamente hacia Buffalo atravesando bosques y estaciones ferroviarias. Cuando llegó, McKinley había muerto.
A los 42 años Theodore Roosevelt juró como presidente de los EEUU. Nunca olvidaré su expresión aquella noche. No parecía un hombre celebrando el poder. Parecía alguien consciente de que acababa de entrar en la historia. Con Roosevelt comenzó verdaderamente el siglo americano.
Su primera presidencia estuvo marcada por una idea central: el fortalecimiento del poder nacional estadounidense tanto dentro como fuera de sus fronteras. En  política interna impulsó el famoso “Square Deal” [Trato Justo, Juego Limpio programa de su Presidencia 1901-1909]; un programa que buscaba equilibrio entre trabajadores, consumidores y grandes empresas.
Utilizó la _Ley Sherman Antitrust_[antimonopolio]. Empresas ferroviarias y la poderosa Standard Oil quedaron bajo presión federal. Por eso fue conocido como el “_trust buster_”, el destructor de monopolios. Lo que realmente me llamó la atención fue la fuerza con la que enfrentó grandes huelgas obreras. Durante la huelga del carbón de 1902 actuó como mediador entre empresarios y trabajadores, algo inédito para un presidente estadounidense. Roosevelt entendía que un Estado moderno debía intervenir para evitar el colapso social.
Otra de sus grandes reformas fue la regulación sanitaria. Tras el escándalo provocado por las denuncias sobre la industria cárnica estadounidense, impulsó leyes de inspección de alimentos y medicamentos que cambiaron para siempre la relación consumidor-productor.
Pero quizá donde más profundamente dejó huella fue en la conservación ambiental. Theodore veía los bosques y parques nacionales casi como catedrales patrióticas. Creó reservas forestales, monumentos nacionales y refugios de vida silvestre. Protegió más de doscientos millones de acres de territorio [unas 80 millones de hectáreas] es decir, unos 800 mil Kilómetros cuadrados, lo que equivale a casi toda Venezuela.
Política exterior: La doctrina del garrote y la mano de seda.
“_Habla suavemente y lleva un gran garrote_”, repetía constantemente. Aquella filosofía del _Big Stick_ convirtió a EEUU en árbitro y policía del hemisferio occidental.
La construcción del Canal de Panamá fue probablemente su obra geopolítica más trascendental. Roosevelt comprendía que unir Atlántico y Pacífico transformaría el comercio y la proyección militar mundial.
La obra más importante de la era moderna, se inicia en 1904 bajo su presidencia [un año después que Panamá logra la independencia de Colombia]. Participan más de 75.000 trabajadores y culmina en 1914, con un costo de 375 millones de dólares de la época [unos 12 mil millones de dólares hoy]. El Canal se convirtió en el eje de dominio y control de EEUU en todo el continente.
En el Caribe también formuló el llamado _Corolario Roosevelt_ a la _Doctrina Monroe_, afirmando que EEUU podía intervenir en países latinoamericanos para prevenir inestabilidad o interferencia europea. Aquello expandió enormemente el alcance del poder estadounidense en América Latina.
En Venezuela intervino diplomáticamente durante el bloqueo naval europeo de 1902. Al inicio toleró la presencia de Alemanes, británicos e Italianos en las costas Venezolanas. Después movilizó fuerzas navales, y promovió el arbitraje, acciones que recuerdo fueron conocidas como el corolario Roosevelt de la Doctrina Monroe. En Cuba mantuvo ocupación e influencia estratégica. En Puerto Rico consolidó la presencia política y militar estadounidense. Theodore concebía el Caribe como el cinturón defensivo de la nación. Bueno acotar que tales incidentes inspiraron la _doctrina Drago_ del Canciller Argentino Luis María Drago, según la cual las naciones no deberían ser obligadas a pagar sus deudas a través del uso de la fuerza militar.
Al mismo tiempo Roosevelt proyectó el poder estadounidense hacia Asia y el Pacífico. Fortaleció la marina, impulsó la presencia estadounidense en Filipinas y negoció el fin de la guerra ruso-japonesa, mediación que más tarde le otorgaría el Premio Nobel de la Paz [primera norteamericano y personalidad no europea en ganarlo]. Puso el dinero [del premio] en un fondo fiduciario y su familia [al morir Roosevelt] lo dedicó a obras de beneficencia.
_Antes de Roosevelt, la presidencia estadounidense era relativamente pasiva. Después de Roosevelt, el presidente se convirtió en figura dominante de la política nacional e internacional._
En nuestra próxima entrega nuestras vivencias con Theodore en la Casa Blanca; por cierto, sede administrativa de gobierno que Roosevelt no concebía. Historia viva de EE.UU hoy que, sin duda, marca su relación con el resto del mundo.
_Un salto al futuro que quizás sea la diferencia por la superviviencia del toda la humanidad. Continuará…_
Abogado. Ex Embajador de Venezuela en Canadá @ovierablanco vierablanco@gmail.com
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