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jueves 23 de abril 2026
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Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia

Una imagen bastó para desatar cientos de comentarios de preocupación e indignación en redes sociales. El Laberinto Cromovegetal, una obra paisajística de Carlos Cruz-Diez que por años fue el corazón de la Universidad Simón Bolívar (USB), ahora era un campo llano, completamente arrasado. Sobre el césped seco, de tonos cafés, aún se veían las huellas de los anillos concéntricos que alguna vez fueron jardines coloridos coronados en una loma por altos cipreses.

De algún modo, aquella estampa tétrica era un reflejo de toda la universidad, alguna vez entre las más reconocidas de Latinoamérica en el campo de la ciencia y la ingeniería. Inaugurado en 1970, el campus ubicado en el valle de Sartenejas, en el municipio Baruta, estado Miranda, se sentía al pasar por su arco blanco como un viaje a otro mundo, con su mezcla de arquitectura moderna y colonial, sus hectáreas de espacios verdes entre las montañas y un ambiente apacible que propiciaba el recogimiento de mentes dedicadas a la investigación exhaustiva.

Aunque esa tranquilidad sigue siendo un rasgo apreciado por sus estudiantes, ahora está muy lejos de aquellos años dorados. En cada rincón se evidencian síntomas de la misma crisis que en la última década han afectado a todas las universidades del país. William Aseume es el secretario de Asuntos Laborales de la Asociación de Profesores de la USB (APUSB), y en entrevista para El Diario, reconoce sentirse sorprendido por el alcance que tuvieron las fotos que compartió en sus redes sociales, pues afirma que se trata de una situación que ya tiene varios años y que su comunidad ha buscado denunciar por todos los canales posibles.

“Es difícil permanecer aquí, se ha hecho inhóspito el espacio de una universidad que era tan bella, tan agradable. Yo hice mi posgrado acá, y era otra la dimensión física que se transforma en una dimensión humana importante. Ahora eso está destruido”, señala.

Patrimonio destruido

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

El equipo de El Diario realizó un recorrido por el campus Sartenejas de la USB y constató el deterioro generalizado de sus instalaciones. A lo largo de la calle interna de la entrada, una decena de trabajadores se esfuerzan por mantener a raya el monte crecido de las más de 20 hectáreas de áreas verdes que rodean sus edificios. Varias farolas rotas o con desperfectos van marcando el camino.

El cambio más visible está en la ausencia del Laberinto Cromovegetal, como un gran vacío frente a la Biblioteca Central. La obra fue inaugurada en 1995 para celebrar el 25° aniversario de la USB, uno de los pocos proyectos de paisajismo hechos por Cruz Diez a semejanza de sus trabajos anteriores en Medellín (Colombia) y Marsella (Francia). Con más de 52 mil plantas rojas, se convirtió en un símbolo equiparable a la torre del reloj de la Universidad Central de Venezuela (UCV) o “La Colmena” de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

Anseume dice que el deterioro de la obra fue paulatino. Ya en 2016 y 2017, estudiantes y egresados organizaron actividades de recuperación con asesoría del propio Cruz-Diez, pero a partir del año 2020 quedó prácticamente abandonada. En 2024, el exrector de la USB Benjamin Scharifker denunció la desaparición del Laberinto Cromovegetal, tragado por la hierba alta. Lejos de hacerse un plan de rehabilitación, las autoridades universitarios optaron por podarlo todo, hasta los cipreses de su centro, por lo que ahora en su lugar hay una llanura desolada.

No es el único símbolo de la USB que ha sido carcomido por el paso de los años. El dirigente gremial advierte que el Espejo Solar, instalación de Alejandro Otero presente en sus jardines desde 1973, actualmente se encuentra en riesgo por el óxido de su estructura metálica, cuyas “Abras” —como las del Abra Solar de Plaza Venezuela— ya no giran al viento. Tampoco tiene ya el cuerpo de agua sobre el que se reflejaba como espejo, pues su fuente desde hace años se encuentra seca.

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

Una situación parecida enfrenta la Fuente Hidrocinética, al lado de la casa del Rectorado, diseñada por Gabriel Martín Landrove e inaugurada en 1991. Si bien su funcionamiento siempre fue intermitente, actualmente está completamente inoperativo. Sobre su estructura cónica, sobre la que una cascada debía alimentar una turbina para generar energía, ahora solo se posan algunos zamuros mientras un grupo de ciclistas da vueltas a su alrededor.

Anseume también denuncia que varias de las instalaciones deportivas de la USB se encuentran en un abandono total. Si bien algunos campos como los de beisbol y softbsol son mantenidos por los propios equipos que practican allí, existen otros que están completamente cubiertos por la hierba. “Había unas canchas de tenis que busqué y no las encontré porque el monte me llegaba más arriba de la cintura”, observa.

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Foto: Jordan Flores

El problema mayor está en la piscina olímpica. En redes sociales se viralizó la imagen del complejo con aguas estancadas, completamente verdes, y rodeadas por vegetación. Sin embargo, lo que más resonó fue la noticia de que hay dos babas (caimanes de anteojos) viviendo en las piscinas y sus alrededores. Aunque El Diario no pudo constatar esta información, varios trabajadores y estudiantes aseguraron que sí están allí y solicitaron a las autoridades ambientales y de protección animal intervenir para reubicarlos.

“Comparar lo que era el Cromovegetal y verlo destruido como está, ver que no hay nada allí, ver que la obra de Alejandro Otero se está oxidando, o ver del estado de las canchas o el pabellón de biología, causando seguramente problemas en la salud de quienes todavía ven clase allí es asombroso, porque demuestra la situación de la universidad venezolana en general,que está destruida, evidentemente, pero en imágenes creo que ha sido un efecto importante para la población en general”, lamenta Anseume.

Riesgo para la salud

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Jordan Flores

Más allá del deterioro patrimonial y de las áreas verdes, lo que más preocupa a la comunidad universitaria es el estado de los espacios para impartir clases, lo que afecta notablemente su trabajo académico. Por ejemplo, los edificios de aulas muestran problemas de humedad en sus paredes, y también se pudo constatar la inoperatividad de muchos de los baños. Uno de ellos, aunque tenía agua, tenía una gran inundación y varios mosquitos en los cubículos de los inodoros.

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

Uno de los edificios mejor conservados del campus es la oficina del Rectorado, una casa colonial, remanente de la antigua Hacienda Sartenejas, que siempre está rodeada de trabajadores haciendo mantenimiento. “Cada vez que venía el ministro de Educación Universitaria se tomaba la foto frente a la estatua de Simón Bolívar, pero nunca pasaba de allí”, comenta Wilmary Venal, presidenta de la Federación de Centros de Estudiantes (FCE) de la USB.

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Foto: Mauricio Villarreal

Subiendo por un camino al lado del Rectorado se encuentran los pabellones de la Escuela de Biología. Muchos de sus galpones parecen abandonados, algunos asomando oficinas que aún conservan decoraciones navideñas, mientras los letreros de sus caminerías apenas son legibles por estar cubiertos de musgo y líquenes. También se pueden ver dos cafeterías cerradas desde hace varios años y las ruinas del pabellón 3, desmantelado por problemas estructurales, y ahora convertido en una suerte de vivero sobre el que cuelgan láminas de zinc de lo que alguna vez fue su techo.

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Foto: Jordan Flores

Al final, en el pabellón 4, se alza el edificio de Biología Celular, construido a principios de los años 2000, y en donde funcionan los laboratorios docentes y de investigación. No obstante, la imagen de aquella estructura, en su mayoría de metal, parece sacada de una postal de Chernóbil: vigas cubiertas de musgo y maleza, barandales oxidados y paredes con la pintura resquebrajada por la humedad. Cada paso por las losas de concreto del suelo se siente endeble.

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Foto: Mauricio Villarreal

Aunque no hay radiación como en la ciudad abandonada de Ucrania, el pabellón 4 igual supone un alto riesgo para la salud de los profesores y estudiantes que hacen vida allí. Anseume asegura que el revestimiento del techo contiene asbesto, un material bastante cancerígeno. Desde 2020, el techo voladizo comenzó a colapsar, por lo que los trabajadores debieron tumbarlo. Esto dejó los pasillos externos expuestos a la lluvia, que sumado a una irregularidad en el terreno hace que el agua corra directo hacia los laboratorios.

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Foto: Jordan Flores

Esta situación ha provocado a largo plazo que todo el edificio presenta fuertes problemas de filtraciones y hongos. En uno de los laboratorios del tercer piso, las manchas de humedad abarcan toda la pared, mientras un líquido marrón escurre entre las grietas, justo detrás de un estante de frascos de vidrio. El aire es pesado de respirar y el óxido empieza a corroer los mesones de trabajo, las puertas de los estantes y máquinas como centrífugas o incubadoras, varias de ellas obsoletas y fuera de servicio.

Laboratorios cerrados

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

Otro laboratorio docente, en la planta baja, debió ser clausurado por una fuga de gas. En esa misma sala, la campana de extracción de gases también falló por el desgaste de sus tuberías, en sus mesas se ve cómo los ácidos y reactivos químicos comenzaron a cristalizarse fuera de sus frascos. Ninguno de los lavaojos y duchas de emergencia fuera de los laboratorios tiene agua.

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

Una profesora que pidió permanecer anónima por razones de seguridad comentó que la situación ha afectado gravemente la calidad de las clases en la Escuela de Biología, que actualmente cuenta con poco menos de 15 estudiantes. Señala que las filtraciones han dejado inutilizables varios laboratorios, y la contaminación de las muestras biológicas con las que trabajan es tan habitual que estropea muchas de las prácticas. A esto se suma la antigüedad de los equipos con los que trabajan y la falta de reactivos e insumos, que muchas veces son donados por empresas privadas y egresados.

Una USB desolada y en deterioro exige elecciones para frenar su decadencia
Foto: Mauricio Villarreal

Cuenta que en septiembre de 2025 una comisión del Ministerio de Educación Universitaria inspeccionó las instalaciones y aprobó un proyecto de recuperación a cargo de la corporación Juntos Todo Es Posible. Afirma que incluso supieron que se había aprobado un presupuesto para ejecutar los trabajos de recuperación, pero luego todo quedó en el papel. Los obreros jamás llegaron y temen que el proyecto haya quedado suspendido.

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Foto: Jordan Flores

La docente destaca que las autoridades del Ministerio están plenamente conscientes de la situación de los laboratorios, y considera que son muchas las obras pendientes por hacer, a su juicio la prioridad en el pabellón 4 está en reconstruir el techo, incluyendo su volado, así como reparar todas las filtraciones de las paredes y la fuga de gas. Estudiantes consultados agregan reponer la iluminación, pues el edificio queda completamente a oscuras en la noche y solo pueden ver clases hasta las 2:00 pm. Tal es la situación, que el centro de estudiantes debió costear por su cuenta los bombillos para los pocos baños funcionales.

Campus vacío

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Foto: Mauricio Villarreal

Los espacios abiertos de la USB contrastan con la ausencia de gente, lo que contribuye al ambiente de desolación que pesa al andar por el campus. Venal, quien es estudiante de Contaduría, afirma que de los casi 20 mil estudiantes que llegó a tener la universidad en el pasado, actualmente quedan alrededor de 2.300, la mayoría cursando todavía el ciclo básico. Relata que cada año es normal ver cómo ingresan nuevas cohortes que, en cuestión de meses, se reducen hasta ver carreras que raramente superan los 10 estudiantes.

Atribuye muchas variables a este éxodo estudiantil, como el bajo nivel educativo con el que los jóvenes egresan del bachillerato, estrellándose con una barrera en sus primeros semestres. Venal asevera que son tantos los estudiantes estancados en las materias del ciclo básico, que las autoridades académicas comenzaron deliberadamente a bajar el grado de exigencia en clases para reducir el número de reprobados.

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Foto: Mauricio Villarreal

“No los preparan para lo que es realmente la universidad y ni mucho menos la Universidad Simón Bolívar, que es catalogada como la universidad de la excelencia. De hecho, aquí hay un régimen de permanencia y lo quitaron. El régimen de las N, que significaba que no podías cursar tu quinto trimestre viendo materias del primero, pues eso lo eliminaron”, dice.

No obstante, también reconoce que hay otras razones por las que los jóvenes se decepcionan de los estudios, vinculadas a la propia situación del país. Dice que es normal ver estudiantes que acaban retirándose o solo marcan asistencia en clase y se van, pues necesitan trabajar para mantener sus hogares, y el tiempo que demanda la carrera no les permite tener un empleo y estudiar a la vez.

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Wilmary Venal, presidenta de la Federación de Centros de Estudiantes de la USB. Foto: Mauricio Villarreal

“No es una mentira que la universidad tiene un nivel de exigencia bastante grande y tienes que estudiar o solo trabajar. La beca estudiantil es casi mísera, son 5 dólares mensuales a tasa BCV, y además está centralizada por el Sistema Patria, no van directamente a tu cuenta bancaria”, asevera.

Finalmente, uno de los principales retos para los estudiantes está en la ubicación de la universidad, en las afueras de la ciudad. Señala que se necesitan al menos dos autobuses para llegar, y que muchos conductores ya no aceptan pasaje estudiantil, por lo que el gasto en transporte se vuelve insostenible. Sobre el servicio de transporte, solo están operativas tres unidades, que operan de forma intermitente por falta de gasoil. Su único alivio es una ruta de Metrobús recientemente habilitada desde Coche, y que pasa cada hora por el campus.

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Foto: Mauricio Villarreal

Todo esto hace que la propia vida universitaria fuera de clases haya mermado. La dirigente estudiantil explica que, salvo aquellos que están en equipos deportivos, la mayoría de los jóvenes prefiere irse apenas terminan las clases, precisamente para evitar perder el transporte o para llegar temprano a sus trabajos. “Tenemos muchos cafetines cerrados, que también es algo que nos afecta, porque si no tenemos comedor ni cafetines y estamos muy alejados para comprar comida, entonces eso hace que los estudiantes se vayan al mediodía”, aporta.

Crisis institucional

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Foto: Mauricio Villarreal

Tras la muerte del rector Enrique Planchart, quien había ocupado el cargo desde 2009, la USB entró en una crisis institucional por la imposición de autoridades subordinadas al gobierno. El 16 de septiembre de 2021, el Consejo Nacional de Universidades (CNU) designó a Jorge Stephany como rector, así como a José Hernández como vicerrector administrativo y Víctor Teotiste como vicerrector académico.

El nombramiento tuvo el voto salvado de las principales universidades del país y de la propia delegación de la USB, por lo que en su momento se consideró como una “intervención” del gobierno. Esto hizo que desde el principio surgiera una relación tensa entre la comunidad usebista y sus autoridades, que en teoría eran interinas, pero que ya tienen cinco años controlando la casa de estudios.

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William Anseume. Foto: Mauricio Villarreal

“Hay una especie de odio que está producido desde esa autoridad con la comunidad universitaria y esta universidad necesita elecciones. Estamos clamando todos los sectores de esta universidad por elecciones universitarias para poder salir de este desastre que significa tener estas autoridades impuestas”, opina Anseume.

El docente no duda en responsabilizar a la gestión de Stephany por el estado actual de la USB. A pesar de que muchos de los problemas de la universidad ya estaban presentes antes debido a la “asfixia presupuestaria” denunciada por Planchart, y que llevó a reducir sus operaciones, Anseume dice que la situación se agravó en los últimos años por la falta de voluntad de las autoridades, a pesar de tener vínculos directos con el gobierno.

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Foto: Mauricio Villarreal

“Yo creo que la orientación política y la incompetencia son las que han afectado toda esta situación, porque no puede ser que cosas que se pueden resolver con una llamada, con una gestión leve, no se solucionen. Que dejen de funcionar los autobuses por una semana porque no consiguen gasoil me parece una cosa increíble en una universidad que está tomada prácticamente por el gobierno, ¿qué les cuesta levantar el teléfono y pedir gasoil, que se lo regalarían de inmediato? Ni siquiera tienen que gastar del presupuesto universitario”, reclama.

Docentes perseguidos

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Foto: Mauricio Villarreal

Al igual que la deserción estudiantil, el éxodo de profesores también desangra la academia. El presidente de la APUSB, Omar Pérez Avendaño, explicó en entrevista para El Diario que un profesor titular, el más alto del escalafón salarial, actualmente cobra menos de 4 dólares mensuales de sueldo. Esto ha hecho que la plantilla docente haya caído en los últimos años de 3.000 profesores a casi 600.

“La mayoría de los profesores que estamos aquí es por amor, porque fuimos muchos años educadores, fuimos muchos años investigadores científicos. Y ya hoy en día uno dice, bueno, para dónde agarro, si mi misión en la vida ha sido educar, formar, o sea, mis estudiantes están regados por todo el mundo”, comenta.

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Omar Pérez Avendaño, presidente de la APUSB. Foto: Mauricio Villarreal

Menciona que muchos investigadores decidieron irse del país, pero se mantienen dando clases en la USB de forma remota por compromiso con la academia. Desde la pandemia de covid-19, la mayoría de los docentes optó por mantener la modalidad de clases en línea precisamente para evitar los gastos de tener que viajar diariamente a Sartenejas. “Si un profesor titular te es recompensado con $4 al mes, ¿cómo va a tener para pagar gasolina? ¿Cómo tienen los alumnos para venir para acá, si no tienen un sistema de transporte?”, cuestiona.

Sin embargo, Pérez Avendaño alerta que las autoridades interinas de la universidad recientemente comenzaron a forzar a los docentes a las clases presenciales, abriendo expedientes administrativos y despidiendo a aquellos que se niegan o están fuera del país. Una medida que considera absurda, considerando que materias tan básicas como matemáticas justamente no tienen profesores.

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Foto: Mauricio Villarreal

La persecución contra los profesores no se ha limitado a esto. El dirigente gremial señala que las autoridades han presionado a varios trabajadores críticos de su gestión para que renuncien, e incluso se le ha prohibido la entrada al campus a representantes sindicales. “Muy pocos profesores vendrían aquí a hablar por el temor que tienen, que es el típico temor que infundió este régimen a través del tiempo, impidiendo a la gente salir a protestar”, compara.

De hecho, El Diario conoció una denuncia de un estudiante amenazado por la esposa de una de las autoridades interinas por mostrar a la prensa el deterioro del campus. “Me dijo que leyera la Ley contra el Odio para que no siguiera queriendo manchar la imagen de la universidad”, aseguró.

Elecciones ya

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Foto: Mauricio Villarreal

“Yo soy un investigador científico y recuerdo que cuando estaba en el Decanato de Investigaciones analizando los trabajos de los profesores para ver a quiénes se les daba recursos, uno veía que la producción científica era bárbara, con artículos científicos publicados en revistas de circulación mundial. Hoy en día no es así. Mi laboratorio, que en un momento dado fue de alto nivel en Suramérica, con los años prácticamente desapareció”, lamenta Pérez Avendaño, quien ha dado clases por 32 años y es experto en geociencias.

Tanto en la APUSB como en la FCE coinciden en la urgencia de convocar elecciones para renovar sus autoridades universitarias. Desde 2009, una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) mantiene suspendidas las elecciones internas en todas las casas de estudio del país. Esto hizo que la gestión de Planchart durara 12 años, aunque recientemente la UCV pudo superar este congelamiento al elegir a Víctor Rago como rector.

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Foto: Mauricio Villarreal

Pérez Avendaño precisa que desde hace tres años tiene una demanda abierta en el TSJ para realizar elecciones internas, pero hasta el momento ni siquiera ha sido notificada formalmente al rectorado, en lo que señala como una orden política.

El 13 de abril, representantes de la comunidad usebista se presentaron en la sede del Ministerio de Educación Universitaria para entregar un documento. Allí solicitaron a la nueva ministra, Ana María Sanjuán, una visita al campus para constatar su deterioro, además de reiterar su exigencia de elecciones. Aunque dejaron el documento en recepción, no fueron atendidos por la ministra. En el llamado a paro de 24 horas convocado el 22 de abril en varias universidades, la USB se hizo presente, además con una protesta de sus trabajadores en el campus.

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Foto: Mauricio Villarreal

Justamente durante el paro, la FCE anunció que fue convocada a una reunión con la ministra Sanjuán para el 23 de abril, luego de varias semanas de insistencia. Anseume lo calificó como un logro, pues era algo que no habían conseguido con ministros anteriores. Su intención es seguir presionando, pues para ellos, su alma máter es un hogar que se niegan a entregar al abandono, por lo que esperan pronto volver a verla recuperar su brillo y ser de nuevo “la Universidad de la Excelencia”.

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