
La puerta metálica cedió tras la segunda embestida. Al abrirse, el olor a basura se mezcló con el de la sangre. El cuerpo de una joven yacía boca abajo, con la pierna izquierda casi seccionada a la altura del tobillo, en el suelo de hormigón del cuarto de residuos del edificio Balencea, en la avenida St Kilda Road, Melbourne, Australia. Eran las 19 del 2 de diciembre de 2010.
Por infobae.com
La conserje fue quien encontró el cadáver. El compactador de basura, aún manchado de sangre, había interrumpido su ciclo automático. Los pantalones deportivos de la víctima estaban bajos hasta las rodillas. El pie izquierdo colgaba, unido apenas por tendones. El charco de sangre indicaba que la joven no murió en el acto. Intentó arrastrarse durante varios minutos antes de perder el conocimiento.
La policía identificó a la víctima como Phoebe Handsjuk, de veinticuatro años. Vivía en el piso doce del edificio junto a su pareja, Antony Hampel, un empresario de eventos de cuarenta años. En cuestión de minutos, el hall del Balencea se llenó de uniformados, paramédicos y vecinos curiosos que miraban desde las puertas de sus departamentos de lujo.
El perfil de Phoebe Handsjuk: entre la vitalidad y la fragilidad
Phoebe Handsjuk nació en 1986 en Australia. Su familia la describía como una joven “compasiva, atlética y creativa”, amante de la escalada, el snowboard y la música. Trabajó en bares y galerías de arte. Tenía una habilidad natural para conectar con personas de entornos diversos.
Desde la adolescencia luchaba con episodios de ansiedad y depresión. Recibió tratamiento psicológico y medicación durante años, pero nunca dejó de mantener una vida social activa. En 2009, conoció a Antony Hampel. La relación fue intensa desde el inicio. Familiares y amigos notaron que Phoebe comenzó a aislarse, incrementó su consumo de alcohol y psicofármacos, y experimentó cambios de ánimo abruptos.
En los meses previos a su muerte, Phoebe había abandonado el departamento de Hampel en varias ocasiones, refugiándose en casas de amigos o familiares. Informes de terapeutas y testimonios de allegados documentan episodios de control y abuso verbal por parte de Hampel. La joven oscilaba entre periodos de reconciliación y nuevas fugas.
El 2 de diciembre de 2010 comenzó como un día más en el piso doce. A las 11:44, Phoebe fue captada por el sistema de cámaras de seguridad del edificio saliendo a la calle con el perro, tras la activación de una alarma de incendio. Vestía ropa deportiva. Las cámaras no volvieron a registrar su presencia el resto del día.
Aproximadamente a las 18:05, Antony Hampel regresó al departamento. La puerta estaba cerrada. Al entrar, encontró desorden: dos copas de vino usadas sobre la mesa, fragmentos de vidrio en el suelo, manchas de sangre en el teclado de la computadora. El bolso y las llaves de Phoebe seguían en la encimera de la cocina. El celular de la joven no apareció.
Hampel telefoneó a familiares de Phoebe, afirmando que ella simplemente dormía o había salido a despejarse. Ordenó comida a domicilio para él y el padre de Phoebe, con quien cenarían esa noche. El repartidor fue quien le informó que la policía estaba en el edificio. Minutos después, supo que Phoebe había muerto.
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