viernes 22 de mayo 2026
VenezolanosHoy
Juan Guerrero:Opinión

Tun tun. ¿Quién es? ¡Gente de paz!, por Juan Guerrero

Venezuela nació como territorio independiente, una vez se sanciona su primera Constitución, el 21 de diciembre de 1811, con el nombre de Confederación Americana de Venezuela. Posteriormente fue anexada a otro Estado: la Gran Colombia, en 1819. Para ese tiempo (de 1819 a 1830) el territorio, político-administrativo, era un Departamento controlado por la Unión Gran Colombiana. 

Antes de su independencia del imperio español Venezuela tuvo otros nombres: Agua Grande, Tierra de Gracia, Tierra Firme, Veneçiuela, Gobernación de Venezuela, Klein Venedig (Pequeña Venecia), Welserland (Tierra de los Welser), Provincia de Venezuela, Capitanía General de Venezuela. Este último nombre como consecuencia de la unión de sus provincias: Trinidad, Margarita, Guayana, Caracas, Cumaná, Coro y Maracaibo. Pudiera considerarse esto como el germen de la unidad del territorio como nación, ocurrido el 8 de septiembre de 1777, por el rey Carlos III. Por lo tanto, es el rey el padre fundador de la unidad territorial, político-administrativo, y de la nacionalidad venezolana como tal. 

Posterior a ello, a partir de 1810 y hasta el 5 de julio de 1811, el territorio venezolano se conoció bajo el nombre de: Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Este organismo colegiado se supedita al Primer Congreso Nacional que otorga al territorio la denominación oficial: Confederación Americana de Venezuela o Provincias Unidas de Venezuela. 

Venezuela nace como estado independiente, una vez separada de la Gran Colombia, el 23 de octubre de 1830, siendo el general José Antonio Páez su primer presidente. 

Además de estos primeros nombres, el territorio también se le ha conocido formalmente, como: Estado de Venezuela, República de Venezuela, Estados Unidos de Venezuela y República Bolivariana de Venezuela. 

Como se puede observar la denominación del territorio venezolano ha sufrido cambios sustanciales en su denominación mientras ha estado administrado, sea por el imperio español, que en poco más de tres siglos consideraban al territorio parte integral de la soberanía cultural hispánica, sea posterior a la independencia, por gobernantes: caudillos, tiranos, dictadores, autócratas y demócratas.

La realidad del siglo XXI encuentra al país y quienes sobrevivimos en su espacio geográfico, transitando sobre el borde de la anarquía y desintegración de su territorio y en la más despiadada miseria. Las estadísticas de las agencias independientes cada año ofrecen sus informes y los índices nutricionales y de inseguridad son escandalosos. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos indica en su índice de bienestar que Venezuela se encuentra entre los últimos países en disfrute de su bienestar integral. Por ejemplo, el estado más pobre de los EE UU., Mississippi, registra un ingreso promedio para sus habitantes de 32.600 dólares anuales, mientras que en Venezuela apenas llega a 4.140 dólares al año. En otros estados, como Nueva York, su población sobrepasa los 123.000 dólares al año, superior incluso, a países como Inglaterra, con 34.375 o Italia, 37.769. 

Para elevar el nivel de bienestar socioeconómico de sus ciudadanos y garantizar la estabilidad y seguridad de su territorio, la llamada Unión Americana, desde su fundación, ha desarrollado una estrategia de estabilidad como estado y nación, soportada en la integración y fortalecimiento territorial, bajo la figura del federalismo y el derecho irrestricto de la propiedad privada de la tierra (suelo y subsuelo) y demás bienes de los ciudadanos. Por ello, después de casi 250 años los Estados Unidos de Norteamérica continúan siendo la primera potencia económica, tecnológica y militar del mundo. 

Que Venezuela se integre a la Unión Americana, sea como territorio tutelado (tal como en la actualidad se evidencia), sea como Protectorado, Territorio ocupado, Territorio Libre Asociado o como estado Federado de la Unión, con plenos derechos; desde donde se le mire resultará una ganancia para la población venezolana. 

Pero son los administradores del Estado venezolano (los políticos) quienes están negados a permitir la prosperidad de los ciudadanos porque perderían sus prebendas tradicionales y el control sobre la población y la administración de los recursos naturales y bienes públicos.

Son ellos los primeros en negarse bajo las falsas banderas del nacionalismo y la soberanía. Resulta, sin embargo, que con estas banderas no se hace mercado ni se obtienen medicinas, ni tampoco se encuentra agua potable ni electricidad ni sueldos dignos. Perderían también los grupos mafiosos: desde aquellos denominados como de ‘cuello blanco’ o ‘enchufados’, hasta las organizaciones delictivas que por años han crecido al amparo del Estado benefactor. Perderían los industriales, empresarios y latifundistas con mentalidad de pulperos y la economía buhoneril, verdadera ‘economía salvaje’. Y también perderían los vagos y flojos, apegados como sanguijuelas a los mendrugos del Estado, para mantenerlos eternamente pobres. 

¿Pérdida de soberanía? En un mundo interdependiente desde hace varias décadas todos los países, en menor o mayor grado, han visto derrumbarse sus fronteras industriales, agrícolas y de cadenas de suministros, por la interdependencia de materias primas y nuevas tecnologías.

Los sondeos realizados por las redes sociales, entre periodistas, grupos de opinión y demás usuarios, aunque en su mayoría de manera empírica, indican que la población venezolana, en más de un 85%, está a favor de integrarse a la Unión Americana, sea como territorio bajo tutela, como Protectorado, como Estado Libre Asociado o como Estado Pleno. Creo que ello es debido a la urgencia, la desesperación generalizada de la población, que vive y sufre la diaria y dantesca realidad en un territorio sin estado de derecho, sin garantías en su seguridad personal y sin capacidad económica para sobrevivir. En resumen: el ciudadano venezolano se ha dado cuenta, que ni los gobernantes ni los políticos (de una y otra tendencia), han sido capaces de solucionar, en los últimos 27 años, sus básicas necesidades ni garantizarle un futuro estable. 

Estamos en una encrucijada muy parecida a la vivida por la población tejana hacia finales de 1845, cuando, una vez separado el territorio de México, el nuevo país entró en una aguda crisis institucional y de inseguridad que les llevó a integrarse a la Unión Americana. Luego de poco más de siglo y medio, Texas es hoy una de las diez economías más importantes del mundo y el segundo pilar económico de los EE UU., después de California. 

La intervención norteamericana, con su ejército en acción, ha sido hasta ahora la única, real y verdadera decisión acertada que logró resultados concretos: arresto de delincuentes, liberación de presos políticos, suspensión de restricciones financieras, acuerdos petroleros, conexión aérea directa desde y hacia Venezuela con EE UU., y otros destinos. Este tema, por sus implicaciones y consecuencias, tanto individuales como colectivas, debe reflexionarse sin emocionalismos ni fanatismos. 

Sí, el nombre del territorio podrá cambiar, también algunas leyes y procedimientos administrativos en la conducción del gobierno; perderíamos el voto en la ONU y otro en la OEA. Sin embargo, la bandera, el escudo, el himno y las costumbres, tradiciones, valores y principios, junto con el idioma seguirán el natural camino llamándonos eternamente, ¡Venezolanos!

 

(*)  camilodeasis@gmail.com   X @camilodeasis   IG @camilodeasis1

 

La noticia no descansa y nosotros tampoco

¡Únete a nuestro Centro Informativo en WhatsApp!

Related posts

La Contraloría de Carabobo: El eco de una escuela que marcó nuestras vidas, por Iván López Caudeiron 

Prensa venezolanoshoy

Jonathan Benavides: ¿Qué ocurre en Oriente Medio y Ucrania?, un breve repaso desde “De la Guerra” de Karl von Clausewitz

Prensa venezolanoshoy

Luis Barragán: De la diáspora reflexiva

Prensa venezolanoshoy