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sábado 16 de mayo 2026
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“Supéralo, perdónanos y vente”: las interpretaciones de la frase con la que el oficialismo intenta cerrar la herida migratoria

El discurso político del oficialismo en Venezuela ha experimentado un giro con la difusión de la narrativa resumida en la frase “Supéralo, perdónanos y vente”, que dijo el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez; una estrategia que busca promover una especie de reconciliación simbólica con la diáspora y resignificar las causas que impulsaron el éxodo masivo durante la crisis socioeconómica iniciada en 2016.

El aparato de propaganda oficial ha pasado de calificar a quienes emigraron como “traidores” o “vendepatria”, a presentarlos como una pieza necesaria para la recuperación económica, al apelar directamente a los sentimientos de nostalgia y a la resiliencia del venezolano.

El sociólogo Eduardo Quintero explicó, en entrevista para El Diario, que el uso de expresiones emotivas para invitar al retorno no es un fenómeno aislado, sino una técnica de ingeniería social orientada a replantear la memoria colectiva sobre la crisis migratoria.

Resaltó que el discurso oficial intenta sustituir los recuerdos de las filas para comprar alimentos y la falta de medicinas básicas por una visión de renacimiento, como parte de un proceso que requiere que el individuo desestime la gravedad de la crisis estructural para aceptar un nuevo contrato social basado en la afectividad.

“La frase ‘perdona y vente’ es una operación de reencuadre que busca vaciar de contenido político la crisis de 2016. Al pedir perdón de forma genérica, el oficialismo no asume una responsabilidad institucional por la hiperinflación o la escasez, sino que lo convierte en un asunto de índole emocional, casi familiar, donde el Estado se presenta como el padre que admite un error para que el hijo regrese”, explicó Quintero.

Vente Venezuela comenzó un censo en Ecuador para organizar el posible retorno de venezolanos
Foto: EFE/ Paula Bayarte

Este cambio de enfoque ocurre en un contexto donde el Estado intenta proyectar una imagen de normalización institucional tras los años de hiperinflación, escasez generalizada de alimentos y crisis en el sistema de salud.

El lema del perdón para la unidad nacional

Para el sociólogo, al utilizar el perdón como un eje de comunicación, el oficialismo intenta diluir las responsabilidades políticas sobre el colapso de los servicios públicos y la pérdida del poder adquisitivo, al enmarcar las carencias del pasado como un episodio superado que debe quedar en el olvido en favor de la unidad nacional.

“El oficialismo ha captado que la nostalgia es una herramienta de movilización más potente que el miedo. Al decir ‘supéralo’, le están pidiendo al ciudadano que anule su experiencia de trauma vivido durante el desabastecimiento para que se integre a una narrativa de éxito actual que es, en gran medida, cosmética y fragmentada”, indicó el sociólogo.

Quintero señaló que este tipo de discurso puede generar contradicciones emocionales entre los migrantes venezolanos.

“Por un lado, se le invita a volver a una patria que supuestamente se arregló, mientras que por otro, se ignora que las condiciones que motivaron su salida, como la falta de garantías jurídicas y salarios competitivos, persisten en diversas capas de la sociedad venezolana”, agregó el experto.

Venezolanos en Chile
Foto: EFE

El impacto del recuerdo de la escasez y la hiperinflación

La crisis registrada entre 2016 y 2017 se caracterizó por una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) y una inflación que alcanzó niveles de siete dígitos, lo que pulverizó el ahorro de las familias venezolanas.

La narrativa del retorno omite las estadísticas de desnutrición y los reportes de muertes por falta de insumos médicos que marcaron ese periodo.

“El reencuadre actual presenta estos hechos como obstáculos vencidos gracias a la inventiva del gobierno, y no como consecuencias de un modelo económico fallido”, agregó Quintero.

El sentimiento de rechazo hacia la nueva retórica oficial es un factor común entre algunos de los venezolanos que vivieron los años más agudos de la emergencia humanitaria compleja.

Para estos migrantes, el perdón solicitado por el Estado no viene acompañado de una reparación de daños ni de cambios estructurales que garanticen que la crisis no se repetirá.

“Yo me fui de Venezuela en 2017 porque mi hija de 3 años de edad pasó dos días sin comer nada más que yuca. Cuando escucho que ahora dicen que ‘lo superemos’, siento que se burlan de la desesperación que uno sintió frente a un anaquel vacío o buscando un antibiótico por todo el país”, relató Mariana Gutiérrez, venezolana residente en Colombia.

La narrativa oficial vs. la realidad de los venezolanos

El interés del oficialismo en fomentar el retorno tiene múltiples dimensiones. En términos económicos, el regreso de capital humano y divisas es importante para dinamizar el sector comercial.

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Foto: minjusticia_ve

En términos políticos, la imagen de venezolanos volviendo al país sirve como una herramienta de validación internacional, al sugerir que la crisis ha cesado y que las sanciones extranjeras eran el único impedimento para el bienestar total.

“Ellos quieren que olvidemos que nos fuimos con una maleta y el corazón roto porque no había futuro. Decir ‘vente’ es muy fácil cuando no son ellos los que tienen que empezar de cero en otro país porque el tuyo te expulsó por hambre”, afirmó Carlos Mendoza, quien emigró a Chile en 2018.

El análisis sociológico de Quintero indicó que el discurso de la reconciliación es selectivo, ya que mientras se invita al retorno, se mantienen mecanismos de control social y político sobre quienes disienten dentro del territorio.

“La narrativa oficial no busca un perdón genuino que implique justicia, sino una validación de su permanencia en el poder. Si el migrante vuelve bajo estas premisas, está aceptando implícitamente que la culpa de su salida fue un malentendido o una circunstancia externa, y no una política de Estado”, precisó el especialista.

En ese sentido, señaló que el reencuadre de la crisis como un mal recuerdo que debe ser superado se enfrenta con la realidad de millones de venezolanos que aún no logran la reunificación familiar.

“Mientras el salario mínimo no alcance para cubrir la canasta básica y los hospitales sigan sin insumos, la frase ‘supéralo y vente’ será percibida por la diáspora como una operación de marketing y no como una política pública de retorno”, dijo el sociólogo.

Agregó que la efectividad de esta estrategia comunicacional se medirá en la capacidad del Ejecutivo para presentarse como el único camino hacia la estabilidad, a pesar de los antecedentes documentados de la crisis humanitaria.

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