Los equilibrios de la política internacional, tan dados a las metáforas sobre juegos de estrategia, suelen interpretarse por ejemplo como una partida de billar. Cada movimiento, cada golpe a una bola precipita otra jugada cambiando el orden del resto de bolas sobre el tapete. La lectura del fulgurante anuncio del viaje de Claudia Sheinbaum a España sigue ese patrón. Con el primer golpe sella las paces diplomáticas con España y, de rebote, alinea a México con el eje de países progresistas en el turbulento escenario internacional, mandando a su vez una señal de firmeza a Donald Trump, que atraviesa uno de sus momentos más delicados. Y como jugada defensiva, desactiva la respuesta interna de la oposición, a favor de la paz con España y cada vez más críticos con Trump. Esas son las carambolas de la presidenta de México con su asistencia relámpago a la Cumbre de Defensa de la Democracia de este fin de semana en Barcelona.
