martes 12 de mayo 2026
VenezolanosHoy
CulturaMetapoesíapoemapoesiareflexiones

La metapoesía

Pero pensar tiene otro sitio. Yo quiero el ímpetu del curso de la tinta en páginas de insomnio y de temblor. O dar los buenos días convencido de que estaremos orgullosos de tanta incertidumbre. O mirar, a lo largo de las horas, avenidas de cines y semáforos, y van flotando palabras sobre el éter, palabras al rebufo de la luna del que vive lunático de sí, siempre en fuga como la luz y el mar, la sangre, los atletas del maratón de la avenida de dar las buenas noches. Qué importa en qué ciudad un cielo roba el sueño en alto a la promesa de soplar pestañas en los dedos. Difícil equilibrio entre sentir y decir, ser y aspirar a la existencia. De todas formas, nos visita la lluvia de barro y nos manchamos un poco más la vida con la caída leve de no saber que sí sabemos quiénes somos.

Como quien echa una matrícula para la universidad, y aprende a poner la lavadora, y se gradúa al cabo de dos o tres eclipses, y luego imparte clases de lo que tanto le costaba sacar a flote. Libertad de la trama de una biografía parecida a jugar a truco o trato. Para nutrir el tiempo de posibles vigilias, la doble cerradura del destino cuando distingues entre el hecho de estar o de no estar detrás de los pupitres y el silencio: no esperes casi nada, el despacho estará hecho un desastre. Ni siquiera quedan discípulos ni fe. No hemos leído con suficiente cariño los consejos del experto en la materia. Pero pongo en las palabras el empeño de las ramas de árboles que fijan en la sombra el clima necesario del descanso. Pongo en las palabras la música de fondo que ambienta los cubatas con hielo en esos bailes para el escote sutil de los vestidos. Propongo en las palabras un hilo de saliva que conecta el espíritu de pechos diferentes. Palabras que, como el arte o la revolución, forman un todo de la nada y viceversa.

Pensar tiene otro sitio en orden de tratado. El poema es un límite de la intuición. Sabemos que algo acontece sin necesidad de una presencia exacta de persona. Los determinantes posesivos nos reprochan, nos anclan, a veces intimidan. No hay que someter el cuerpo grávido a la duda de la justeza de una ley que explica por qué hay atracción en las miradas y la voz. Mejor dejar el signo a su corriente, al trazo de unas letras que generan un nombre y existe también muy lejos de las páginas. En los oídos, por ejemplo. Si las pronuncias, verás que algo adentro nace y es como una grúa que cambia el sol de panorama según cómo sonrías en la foto. O dar los buenos días en la avenida del atasco donde la moto va filtrándose igual que la gota de agua que, incesante, percute en la pared hasta formar una mancha que son décadas de impulso a corazón y lágrimas secretas.

¿Detrás de una pared, hay más pared?, ¿hay planes de futuro similares o solo este vacío en lenta sucesión hacia un presente incierto? Muy lejos de las páginas, bajo ropa quizá, las palabras se vuelven caricia, vello de punta, escalofrío dulce por hacer del idioma siempre un renacimiento del asombro. O dar las buenas noches. Con palabras para decir que sí o que no mientras se gastan margaritas. Y en la avenida colocan jardines para los nuevos excedentes del destino. El ramo de flores que lanza la novia de espaldas. La florecilla boba que el niño lleva a casa desde el cole. La fúnebre corona perfumada de vida en plenitud. Y palabras que, al cabo de dos o tres eclipses, significan hoy lo que mañana niegan.  

La entrada La metapoesía se publicó primero en El Diario Venezuela – elDiario.com.

Related posts

Murió el actor estadounidense Chuck Norris

Prensa venezolanoshoy

¿Qué hacer en Caracas durante las dos primeras semanas de mayo?

La historia del violonchelista venezolano Gregorio Nieto y su grabación maratónica con la London Symphony Orchestra

Prensa venezolanoshoy