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El reciente cónclave en Panamá de la oposición venezolana, con la presencia de María Corina Machado, los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) y otras agrupaciones, constituyó un notable éxito de la alternativa democrática.
Las organizaciones y dirigentes venezolanos debían demostrar cohesión y protagonismo frente al país, en medio de una coyuntura en la cual pareciera que la única voz en el escenario es la del gobierno de Donald Trump. Esa era una reunión que hacía falta para evidenciar que quienes han sido perseguidos, encarcelados, inhabilitados y desterrados por defender la democracia y la libertad en todos los campos, están decididos a contribuir con sus proyectos e iniciativas en la recuperación del sistema de libertades.
El fin del esquema represivo más agresivo comenzó con la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. De la trascendencia de ese acto no existe ninguna duda. Sin embargo, para el futuro de la nación conviene que el ritmo de los cambios no quede supeditado solo a lo que decidan las autoridades norteamericanas y estén dispuestos a acatar los hermanos Rodríguez y sus adláteres. Quienes han combatido el régimen autoritario durante décadas, también se han ganado el derecho a ser protagonistas en el proceso de cambio.
En sintonía con esa visión, en el encuentro de Panamá los participantes acordaron definir una ruta común para la transición democrática. El primer paso se dirige a promover las condiciones que permitan convocar elecciones nacionales libres, trasparentes y bajo la supervisión internacional, en el menor lapso posible. Para alcanzar ese objetivo, resulta fundamental cambiar los integrantes del CNE y actualizar el Registro Electoral Permanente, con la finalidad de que los millones de venezolanos que fueron expulsados al exterior, tengan la posibilidad de votar en esos próximos comicios.
Venezuela, en el tránsito hacia la normalización, necesita contar con un gobierno legítimo cuanto antes. La recuperación económica sostenida e integral exige un sistema legal que respete los derechos de propiedad y ofrezca plenas garantías a los inversionistas nacionales y foráneos. Quienes destruyeron la industria petrolera y arruinaron las empresas estatizadas, violando los derechos de los legítimos propietarios, no se encuentran en capacidad de brindar esas seguridades.
Justicia para evitar la impunidad y transición institucional fueron algunos de los otros temas tratados. Pronto sabremos cuáles fueron las conclusiones a las cuales se arribó.
En Panamá se reafirmó el liderazgo de María Corina Machado. De allí salió como la candidata unitaria para las venideras elecciones presidenciales, sin descartarse que puedan surgir otros nombres. Los asistentes reconocieron lo que señalan las encuestas sin vacilaciones: María Corina encarna la posibilidad de cambio por encima -de lejos- de los demás dirigentes, y de todos los partidos y agrupaciones opositoras. El reconocimiento del liderazgo nacional no se asienta en las estructuras partidistas, sino en figuras individuales. Esta es otra verdad que muestran los sondeos de opinión. Aceptar esta realidad constituye un signo de madurez
Destaco la relevancia del encuentro entre dirigentes que tenían bastante tiempo que no intercambiaban personalmente ideas y procesaban sus diferencias frente al presente y el futuro de Venezuela. La experiencia indica que cuando la oposición logra limar asperezas y diseñar planes para encarar fusionado al régimen, se anota victorias contundentes. Las primarias de octubre de 2023 -antesala del categórico triunfo del 28-J- representan un claro antecedente.
El encuentro unitario en Panamá se da en un momento en el cual en la nave roja está produciéndose un motín por las sucesivas traiciones a lo que el oficialismo llama el ‘legado de Chávez’, continuado de modo disparatado por Nicolás Maduro. La presencia de tropas norteamericanas del Comando Sur, los odiados marines, en territorio nacional, con el fin de realizar un ‘simulacro de evacuación’ del personal de la Embajada norteamericana en Caracas, ha exacerbado las fisuras en ese bloque.
El contraste entre la cohesión que está mostrando la oposición democrática y la pugnacidad existente dentro del oficialismo, hay que subrayarlo. Generalmente, lo que ha sucedido es lo contrario. El oficialismo había logrado mantenerse compactado, a pesar de las diversas tendencias y rivalidades existentes en su interior. Ahora el cuadro ha cambiado.
Del éxito y trascendencia de la reunión de Panamá tomó debida nota el régimen. Inmediatamente se alborotaron sus mecanismos de defensa y ataque. Las redes oficialistas se dedicaron a desprestigiar a los participantes. En esa campaña actuaron como aliados -probablemente sin proponérselo- algunos opositores que acusan de ‘corruptos’ a varios de los asistentes. Esos Savonarolas de la política, en nombre de una moral que no resiste la menor confrontación, se han dedicado a descalificar el cónclave y a María Corina, por haberse reunido con tales ‘joyitas’.
Por fortuna, sus voces han quedado opacadas por el resonante triunfo de la Cumbre de Panamá.
@trinomarquezc
