24.6 C
Miami
martes 19 de mayo 2026
VenezolanosHoy
Gerardo LucasOpinión

Gerardo Lucas: Concenso o discenso

The London Concensus o el Consenso de Londres, publicado en el 2025, reúne las opiniones críticas de renombrados economistas sobre lo que se llamó el Consenso de Washington (1990), en este último, se promovían las virtudes de la receta liberal (supremacía de los mercados, libertad de comercio, gobiernos pequeños, libertad de fijación de tasas de interés…) y gozó de mucha aceptación, fue implementado por el Fondo Monetario Internacional con una entrega evangélica, actitud doctrinaria y una urgencia imperativa del shock, sobre los pobres países que cayeron en sus manos tristemente, Venezuela fue uno de ellos.

Treinta y cinco años después, un nuevo grupo de eminencias en economía reflexionan sobre las debilidades del Consenso de Washington, que la práctica ha hecho evidente, para recomendar una visión más moderada y con un componente social, no solo economicista, en la forma de abordar crisis recurrentes de las economías del tercer mundo. Revisamos lo que argumentan algunos de ellos.

Dani Rodrik (economista turco de Harvard) considera que el meollo del problema es que el crecimiento moderno, además de crear ganadores, deja atrás a amplias capas sociales de la población por lo cual justifica, al contrario del modelo liberal, el uso de la política industrial y el apoyo del estado a esos grupos desfavorecidos por la desigualdad de factores productivos.

Philippe Aghion (economista francés) centra su atención en cómo crecer incorporando tecnología, sin romper la cohesión social. Y propone una política industrial moderna (anatema para el liberalismo), políticas antimonopolio y la inversión pública en innovación verde y digital.

Ricardo Hausmann (venezolano de Harvard) critica la idea de que el crecimiento es automático si se ponen las condiciones básicas de institucionalidad y legalidad.

Helene Rey (francesa en el London School of Economics) cuestionó un principio clásico de la economía internacional: que los países pueden tener autonomía monetaria si dejan flotar su tipo de cambio y, por ende, propone una mayor regulación financiera.

Christopher Pisarides (chipriota, Premio Nobel de Economía 2010) se preocupa por la precarización laboral frente a la automatización y propone aplicar políticas activas de empleo, porque el mercado laboral no se ajusta automáticamente.

Oriana Bandiera (italiana del London Scholl of Economics) pone énfasis en que el crecimiento sin inclusión femenina desperdicia productividad.

Nicholas Barr (británico del London Scholl of Economics) es una de las referencias más importantes en estudio moderno del “welfare state” europeo.

Lant Pritchcett (norteamericano, Banco Mundial, Harvard y London School) considera que el aumento de la escolaridad no coincide con el aumento del aprendizaje real, defiende una economía del desarrollo, centrada en las capacidades institucionales y la libertad de movimiento laboral como motores de prosperidad.  

Tim Beslay (británico London School) enfatiza que sin instituciones fuertes y gobernanza fracasan las políticas económicas. 

Como podemos observar los economistas que participan en el llamado Consenso de Londres, no son los economistas de las instituciones de posición liberal (escuela de Austria o Chicago) que participaron en el Consenso de Washington, sino del London Scholl of Economics y Harvard, que los actuales economistas, pertenecientes al liberalismo duro denominarían, despectivamente, como socialistas.

Sería interesante saber si estos profesionales de la escuela de Chicago o de Austria han cambiado su opinión después de las experiencias vividas durante estos 35 años.

Los de la Escuela de Chicago en la actualidad aceptan: fallas de mercado más frecuentes, problemas de información, concentración monopólica, desigualdad persistente, riesgos financieros sistémicos. incluso: cierta política industrial, regulación financiera, política antitrust más fuerte. Entre estos se encuentran Richard Thaler (Premio Nobel de Economía, 2017), Raghuran Raham (exjefe de economistas del FMI) y Luigi Zingales.

La escuela Austriaca experimentó menos cambios. Algunos austríacos modernos aceptan análisis institucionales más sofisticados, incorporan teoría de información, estudian innovación y emprendimiento. Pero los principios básicos, siguen casi intactos. Entre ellos destacan Israel Zisner (británico) y Jesús Huerta De Soto (español).

En conclusión, aquí no hay ningún conceso. Así como no hubo Consenso en Washington – sino una visión parcial y doctrinaria liberal – ni lo hay con el Consenso de Londres – lo que tenemos es una visión fundamentalmente inclinada al intervencionismo. Cada bando esta atrincherado. 

En fin, que ante tanta evidencia concreta que nos ha dado la economía no hay forma de que se llegue a un consenso: “cada tendero alaba su queso”.

 

Gerardo Lucas. Https.//gerardolucas.wordpress.com

 

La noticia no descansa y nosotros tampoco

¡Únete a nuestro Centro Informativo en WhatsApp!

Related posts

Pedro Carmona Estanga: China y ascenso en el poderío mundial

Luis Manuel Aguana: Ruta Constituyente, sindéresis y seriedad

Prensa venezolanoshoy

La ausencia de Maduro es absoluta, por Edward Rodríguez

Prensa venezolanoshoy