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lunes 27 de abril 2026
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De la discrecionalidad a la evidencia: inteligencia artificial y probidad en la gestión financiera del Estado, por Rosana Sosa

En la administración pública, la corrupción rara vez comienza en el momento del pago. Comienza antes: en la decisión.

Se instala cuando no existen referencias objetivas, cuando la información está fragmentada y cuando no es posible contrastar —en tiempo real— si una operación financiera responde a condiciones de mercado o a criterios discrecionales. En ese vacío, la decisión pierde anclaje técnico y se expone al riesgo.

Por ello, centrar el debate exclusivamente en auditorías ex post resulta insuficiente. La corrección posterior no sustituye la validación previa. El desafío contemporáneo es otro: introducir evidencia en el momento exacto en que el Estado decide.

Auditoría concurrente: del control posterior a la validación en tiempo real

Los avances en inteligencia artificial permiten hoy estructurar sistemas de auditoría concurrente, capaces de acompañar cada decisión financiera con análisis automatizados en tiempo real.

No se trata de sustituir al decisor público, sino de transformar su entorno operativo.

Antes de adjudicar un contrato, estructurar una emisión de deuda o autorizar un gasto relevante, el sistema puede comparar precios con referencias de mercado, evaluar condiciones contractuales frente a estándares observables, identificar desviaciones significativas y analizar el perfil de riesgo de proveedores o contrapartes.

La inteligencia artificial no elimina la discrecionalidad.
Pero la encuadra dentro de parámetros verificables y la obliga a justificarse.

El anclaje técnico: estándares que convierten datos en gobernanza

La solidez de este enfoque depende de su base conceptual.

El marco de Estadísticas de Finanzas Públicas (GFSM 2014) del Fondo Monetario Internacional permite estructurar ingresos, gastos, activos, pasivos y financiamiento bajo un lenguaje común y comparable.

El Fiscal Transparency Code establece principios de claridad institucional, acceso a la información y gestión de riesgos fiscales.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha desarrollado lineamientos sobre el uso de inteligencia artificial en contratación pública para mejorar la integridad y reducir riesgos de fraude.

El Banco Mundial, a través de su agenda GovTech, enfatiza la integración de sistemas financieros del Estado y el uso de analítica avanzada como herramientas clave de modernización.

Sin estándares, la tecnología no genera confianza. Sin gobernanza, no genera legitimidad.

Cómo se construye la probidad en tiempo real

Si el cambio conceptual es claro, la pregunta es operativa: ¿cómo se implementa?

La respuesta comienza en un punto fundamental:

no se trata de añadir tecnología, sino de rediseñar el sistema de decisión pública.

De los datos dispersos al sistema integrado

El punto de partida no es la inteligencia artificial. Es el dato.

En la mayoría de las administraciones públicas, la información crítica existe, pero está fragmentada: presupuesto, tesorería, compras públicas, deuda, empresas del Estado y registros mercantiles operan como compartimentos estancos.

Esa fragmentación no es neutra. Es, en sí misma, una vulnerabilidad.

La primera transformación consiste en integrar estos sistemas en un repositorio unificado, donde cada operación pueda leerse en contexto: quién contrata, con quién, bajo qué condiciones, a qué precio y con qué historial.

Solo cuando el dato se integra, la evidencia emerge.

Validación de mercado: el fin del sobreprecio invisible

Uno de los mecanismos más persistentes de distorsión en la gestión pública es el sobreprecio.

No siempre es escandaloso. Pero suele ser sistemático.

Un sistema inteligente permite construir referencias dinámicas a partir de datos históricos, comparables y estándares internacionales. Cada operación deja de evaluarse en abstracto y pasa a medirse frente a un rango.

La desviación deja de ser una percepción. Se convierte en un dato.

Y, lo más relevante, se hace visible antes de que la decisión se materialice.

Relaciones y beneficiario final: hacer visible lo que no se declara

La corrupción rara vez es individual. Es relacional.

Se articula a través de redes que conectan empresas, intermediarios, estructuras societarias y, en muchos casos, vínculos personales o políticos.

La inteligencia artificial permite reconstruir esas redes mediante el cruce de información pública y privada, identificando patrones que de otro modo permanecerían ocultos.

De hecho, entre 2003 y 2015, un estudio realizado por Rosana Sosa y Boris Hackerman evidenció cómo se desviaron aproximadamente 585.000 millones de dólares a través de mecanismos de triangulación cambiaria.

Esta cifra no solo refleja la magnitud del problema, sino la profundidad de las fallas estructurales en los sistemas de control.

Ese volumen de recursos no se pierde por casualidad.
Se pierde cuando no existen sistemas capaces de detectar, en tiempo real, la inconsistencia entre la decisión, el mercado y los actores involucrados.

Este antecedente refuerza una conclusión ineludible:

la transparencia no puede ser posterior; debe ser simultánea a la decisión.

Anticipar el riesgo: la decisión bajo parámetros

Una vez integrados los datos, el siguiente paso es anticipar.

Cada operación puede evaluarse a través de variables concretas: precio, competencia, condiciones contractuales, historial del proveedor y concentración de adjudicaciones.

Esto permite construir perfiles de riesgo que no bloquean la decisión, pero sí la condicionan.

La discrecionalidad no desaparece.
Pero deja de ser arbitraria.

Trazabilidad: cuando la responsabilidad deja de ser difusa

El elemento más transformador de este modelo es la trazabilidad.

Cada alerta generada debe quedar registrada.
Cada decisión frente a esa alerta debe ser justificada.
Cada excepción debe estar documentada.

Esto introduce un cambio silencioso, pero profundo: la responsabilidad deja de diluirse y pasa a ser verificable.

No a posteriori.
En tiempo real.

Más allá del control: convergencia con compliance y antilavado

Este enfoque no se limita al control del gasto.

Se conecta de forma directa con los sistemas de cumplimiento normativo y prevención del blanqueo de capitales.

La misma lógica permite detectar inconsistencias financieras, identificar estructuras opacas y analizar flujos que no se corresponden con perfiles económicos observables.

Corrupción y lavado dejan de abordarse por separado.
Se entienden como manifestaciones de un mismo sistema de riesgo.

Cómo implementarlo en 12 meses: de la teoría a la ejecución

El desafío ya no es conceptual. Es operativo.

Y, contra lo que suele pensarse, es posible avanzar de forma realista en un horizonte de doce meses si se articula correctamente.

Fase 1 (0–100 días): ordenar y hacer obligatorio

  • Marco legal que establezca la verificación previa como requisito

  • Creación de una unidad central de integridad y analítica

  • Inventario de sistemas existentes

  • Definición de estándares de datos

  • Protocolos de trazabilidad obligatoria

Aquí ocurre el cambio clave: la integridad deja de ser voluntaria.

Fase 2 (3–6 meses): integrar y comenzar a alertar

  • Interconexión de compras, presupuesto y tesorería

  • Repositorio unificado de operaciones

  • Motor básico de validación de precios

  • Alertas tempranas (sobreprecio, proveedor único, concentración)

El sistema empieza a generar evidencia.

Fase 3 (6–12 meses): inteligencia y gestión de riesgo

  • Modelos de detección de anomalías

  • Análisis de redes de relaciones

  • Scoring de riesgo en tiempo real

  • Integración con sistemas de cumplimiento y antilavado

El Estado pasa de reaccionar a anticipar.

Elemento crítico: el expediente digital de decisión

Cada decisión relevante debe generar un expediente digital con:

  • datos de la operación

  • alertas generadas

  • análisis comparativo

  • justificación del decisor

Esto convierte la responsabilidad en un hecho documentado.

Gobernanza: el verdadero punto crítico

La tecnología no sustituye la institucionalidad.

Se requiere:

  • calidad de datos

  • transparencia algorítmica

  • supervisión independiente

  • control humano

La inteligencia artificial no reemplaza la gobernanza.
La hace imprescindible.

Conclusión: la probidad como arquitectura institucional

En última instancia, todas estas herramientas —integración de datos, validación de mercado, análisis de relaciones, modelos predictivos y trazabilidad— no pueden operar de forma aislada.

Es indispensable articularlas dentro de la estructura financiera y administrativa del Estado, integrándolas en un marco normativo riguroso que establezca estándares claros, procedimientos obligatorios y mecanismos efectivos de supervisión.

Este marco debe crear las condiciones para que la verificación previa no sea opcional, sino obligatoria, y para que cada decisión esté acompañada de responsabilidad explícita por parte del funcionario que la adopta.

Solo así, la probidad deja de ser una aspiración ética y se convierte en una condición estructural del sistema.

Porque, en última instancia, la integridad no depende solo de quién decide.

Depende de cómo está diseñado el sistema en el que decide.

Firma

Rosana Sosa es economista con más de 30 años de experiencia en análisis macroeconómico, finanzas públicas y gestión de riesgos. Especializada en gobernanza, modernización institucional y toma de decisiones en entornos complejos.

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