
A fines de febrero de 2017, una familia que vivía en un barrio tranquilo de Erie, en Illinois, descubrió algo que cambió sus vidas para siempre: la Policía ingresó por la fuerza a la casa en busca de Chad Schipper, principal sospechoso por la desaparición de Larry y Connie Van Osten, una pareja de jubilados a quienes se les había perdido el rastro luego de cobrar una gran suma de dinero.
Por: TN
Hasta ese momento, Schipper era visto como un hombre común, de 40 años, que trabajaba como asesor financiero y llevaba una vida acomodada junto a su esposa Donielle Showvay, y sus seis hijos. La historia de la pareja había comenzado décadas atrás, en un contexto que parecía reforzar la imagen de estabilidad: se conocieron a fines de los años 90 en una reunión religiosa en una iglesia.
Ese entorno, en el que aprendían sobre religión y los vínculos con la comunidad, fue el punto de partida de una relación que avanzó rápidamente hacia el compromiso mutuo.
Quienes lo conocían describían a Schipper como alguien inteligente, carismático y atento. Showvay, por su parte, apostó por la relación incluso cuando aparecieron los primeros conflictos. Poco tiempo después de casarse, él le confesó una infidelidad. Aún así, ella decidió seguir adelante y reconstruir el vínculo.
La llegada de su primer hijo reforzó esa decisión y, con el paso de los años, la familia creció hasta tener seis chicos. La imagen hacia afuera era la de un matrimonio consolidado y feliz. Sin embargo, todo cambió cuando los Schipper comenzaron a tener dificultades económicas.
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