
Cuando el 27 de febrero pasado Susan Wilkerson volvió de hacer los recados, no encontró a su marido, el ingeniero astronáutico y general retirado del ejército William McCasland, en su casa de Albuquerque (Nuevo México). Sí estaban sus gafas de ver y su teléfono. Faltaban su cartera, el revólver del .38 y las botas de monte. Han pasado 58 días, y sigue sin haber rastro de él.
Por El País
La ingeniera aeroespacial Mónica Jacinto Reza, directora de Materiales del Laboratorio de Propulsión a Reacción de la NASA, salió de excursión el 22 de junio de 2025 por un bosque cercano a Los Ángeles. El amigo con el que caminaba aquella mañana tomó unos 100 metros de ventaja. Cuando se giró para comprobar que no la había perdido, ella le saludó sonriente. Al volver la vista atrás de nuevo, se había esfumado. El amigo llamó inmediatamente a la policía, que aún la busca.
McCasland y Reza son dos de entre la decena de científicos (una docena, según quién los cuente) relacionados con el Gobierno y el ejército estadounidenses o consagrados a tareas de investigación sensibles para la seguridad nacional que han desaparecido o muerto en los últimos cuatro años en el país.
Hace meses que la suma de esos sucesos y las posibles conexiones entre ellos enciende la imaginación de los rincones de internet más proclives a las teorías de la conspiración. Esta semana, el asunto entró en una nueva fase con la apertura de sendas investigaciones del FBI y del Congreso para esclarecer si esos incidentes están relacionados. Solo era cuestión de tiempo, después de que el 16 de abril un reportero de Fox News preguntara a Donald Trump en la Casa Blanca sobre esos “10 científicos desaparecidos con acceso a información clasificada, material nuclear y tecnología aeroespacial”. “Bueno, espero que sea algo aleatorio, pero lo sabremos en la próxima semana y media”, respondió el presidente de Estados Unidos.
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