
El oro, usado en los tiempos precolombinos como un símbolo espiritual, se ha convertido en una forma efectiva para que los narcotraficantes laven dinero, a costa de la deforestación y la contaminación de los ríos y la selva en América Latina.
Por BBC
Por décadas, los criminales han usado distintos esquemas para blanquear sus bienes obtenidos de forma ilegal.
Uno de los más conocidos fue el líder mafioso Al Capone, quien a principios de la década de 1920, durante la prohibición del alcohol en EE.UU., usó lavanderías, entre otros negocios, que servían como fachadas que le ayudaban a blanquear dinero.
Estableció un sistema de tres pasos que más tarde los expertos identificaron como colocación, estratificación e integración.
Estos tres pasos buscan, en su esencia, hacer que el dinero obtenido de forma ilegal no solo ingrese en el sistema financiero, sino que se cree una estructura que evite vincular ese capital con su origen, para finalmente ser invertido en la compra de mercancía, bienes raíces o en la creación de otras empresas.
Ese esquema fue replicado por jefes de bandas criminales alrededor del mundo y, cuando el negocio del tráfico de drogas comenzó su apogeo en la década de 1970, también fue adoptado por distintos capos en América Latina.
Las leyes contra el lavado de activos implementadas en EE.UU. una década más tarde obligaron a los narcos latinoamericanos a buscar nuevos métodos para legalizar el dinero obtenido por el tráfico de drogas.
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