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viernes 13 de marzo 2026
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VIDEO: El inesperado encuentro entre Los Mesoneros y Paul McCartney en Abbey Road

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Abbey Road es uno de los estudios de grabación más importantes y reconocibles en la historia del rock contemporáneo. Por sus cabinas, además de los Beatles, también han pasado grandes nombres como Pink Floyd, Oasis, Radiohead o Amy Winehouse, consolidándose como uno de los templos sonoros más influyentes de la música popular. Con el paso de los años, artistas de distintas partes del mundo —incluyendo figuras latinas como Andrés Cepeda, Gustavo Cerati o Ricardo Montaner— también han dejado huella en sus emblemáticas salas. A esa lista se suman ahora Los Mesoneros, que eligieron el mítico complejo londinense para hacer uno de sus álbumes más importantes hasta la fecha: ESO que nos trajo a Abbey Road.

Por: Rolling Stone

Desde su aparición en la escena caraqueña a finales de los años 2000, la banda, integrada hoy por Luis Jiménez como vocalista, Juan Sucre en la guitarra y Carlos Sardi en el teclado, ha construido un sonido propio dentro del rock latinoamericano que se caracteriza por saber combinar la crudeza y fuerza del género con momentos más melódicos e íntimos, convirtiéndose así en una de las propuestas más interesantes y consistentes de su generación.

Todo ese recorrido, marcado por múltiples nominaciones al Latin Grammy, giras internacionales y presentaciones en festivales como Lollapalooza Chile o Pal Norte, desembocó casi sin querer en la realización de un disco completo en Abbey Road.

“Todo comenzó hace cerca de dos años como un sueño, como todo”, recuerda Luis. “Fuimos a la despedida de soltero de Calin (Carlos Sardi). Estabamos en Manchester para ver el derbi City-United porque él es muy fanático, y luego nos fuimos a Londres”. Para los músicos, una parada obvia era el lugar donde los Beatles grabaron ese clásico proyecto que tiene por título el nombre del sitio. “Lo vimos desde afuera y dijimos ‘qué loco, ¿te imaginas? Capaz algún día lo hacemos’”, recuerda.

Con el paso de los meses, mientras el grupo pensaba en llevar a cabo un nuevo álbum en vivo —una tradición que ya habían explorado para conmemorar los diez años de su debut, Indeleble, y el primer aniversario de Pangea— aquella idea comenzó a tomar forma. “Queríamos hacer otro LP y ahí surgió la pregunta: ‘bueno, ¿por qué no lo hacemos en una ubicación distinta?’. Al principio pensábamos en una zona con paisaje, con una vista, algo más inspirado en Pink Floyd. Pero después fue como: ‘¿y si lo hacemos en Abbey Road?’. Al comienzo sonaba como ir a la luna, pero al final construimos el cohete y lo hicimos”, cuenta el vocalista.

Sin embargo, la elección del estudio no era el único elemento especial del trabajo. Más que grabar material de forma tradicional, el conjunto quería aprovechar el espacio para capturar algo que, según ellos, siempre ha sido una de las características más reconocibles de su propuesta: la potencia de su sonido en vivo. “Los Mesoneros siempre hemos sido muy de directo”, explica Jiménez. “Mucha gente nos dice que en concierto sonamos incluso más poderosos que en los discos, y queríamos capturar esa energía, esa crudeza, pero también ese poder”.

La idea entonces era clara: revisitar algunos de los temas más representativos de su carrera y registrarlos nuevamente, pero sin perder el espíritu de sesión que ha marcado buena parte de su trayectoria. Para Luis, la producción terminó funcionando como una especie de síntesis del camino recorrido por el grupo hasta ahora.

Bajo esa mirada, uno de los componentes más importantes fue el tracklist, pensado no solo como una recopilación de canciones, sino como una experiencia que reflejara la esencia del trío en directo. “Teníamos dos criterios: si lo veíamos como un setlist de uno de nuestros conciertos o si queríamos verlo como un álbum como tal”, explica Juan Sucre. “Al final buscamos un híbrido entre las dos cosas y encontramos un sweet spot donde se sintiera esa vibra de show, pero que al mismo tiempo fuera un disco que te atrapara rápido. Tampoco fue difícil escoger los temas porque, en realidad, son de los mejores que tenemos. Sabemos que funcionan”.

En esa misma línea, Jiménez explica que la selección partió en gran medida de la experiencia acumulada por la banda sobre el escenario. Con los años, los distintos repertorios de sus presentaciones les han permitido identificar cuáles son las canciones que generan mayor conexión con el público y cómo construir la emoción que buscan transmitir.

Más allá de la elección, Jiménez explica que, además de reinterpretar sus grandes éxitos, “sentíamos que si íbamos a un lugar tan legendario, un templo de la música, teníamos que llevar algo único y nuevo de nosotros, y también algo que representara de dónde venimos”.

Esas novedades no se hacen esperar, y el álbum le da la bienvenida a los oyentes con ‘Memoria Muscular’, un tema inédito que, según los integrantes, encapsula la nostalgia y la evolución sonora de la agrupación. Sucre explica que la intención de colocarla como primera canción fue dar ese golpe sobre la mesa y dejar en claro que este no es un simple trabajo recopilatorio, sino un proyecto que también mira hacia adelante. En ese sentido, el tema funciona como una especie de puerta de entrada al universo del disco: un punto de partida que conecta la historia de la agrupación con lo que aún está por venir.

El recorrido también deja espacio para volver a esos clásicos modernos, especiales tanto para Los Mesoneros como para su público. Así aparece ‘Te Lo Advertí’, uno de sus temas más emblemáticos, que para esta nueva grabación cuenta con la participación de Morat. Juan señala que la decisión de incluir a la banda colombiana responde tanto al peso que la canción ha tenido dentro del trío como a la afinidad natural entre ambas propuestas, que han marcado buena parte del pop rock en español en los últimos años. En ese sentido, la colaboración no busca reinventar, sino ofrecer una nueva lectura dentro de la narrativa del álbum.

Pero sin duda, el momento más significativo llega con ‘Tonada de Luna Llena’, el clásico del maestro venezolano Simón Díaz, que aquí aparece revisitado por el grupo. Jiménez comenta que, una vez confirmado el proyecto en Abbey Road, para ellos era casi obligatorio llevar algo que conectara con sus raíces. Escogerla surgió de manera natural: además de ser una de las composiciones más emblemáticas del folclore venezolano, suponía el desafío de trasladarla a su universo sonoro. El vocalista explica que el resultado fue una mezcla entre el carácter tradicional de la tonada y un enfoque más cercano a su estética rockera, una combinación que termina sintiéndose plenamente propia.

No era una tarea sencilla: la obra ha sido interpretada por numerosos artistas a lo largo de los años, lo que elevaba aún más la expectativa alrededor de esta nueva lectura. Aun así, el resultado terminó convenciendo al grupo, que encontró en la canción un equilibrio entre el respeto por el original y su propio lenguaje.

A pesar de la magnitud del trabajo, el proceso no estuvo exento de dificultades. Luis reconoce que llevar el disco hasta el estudio implicó sortear numerosos obstáculos logísticos y financieros. “Retos, infinitos. Todos los retos posibles que te puedas imaginar”, comenta el vocalista. “Desde la disponibilidad y el presupuesto —porque lo logramos hacer por casi una quinta parte de lo que pudo haber costado— hasta coordinar las agendas de Morat y del propio Abbey Road. Además, allí tienes que pasar por un comité; no es un lugar abierto para cualquiera, hay gente que tiene que aprobar el proyecto”.

A pesar de los percances, el grupo recuerda un momento clave durante uno de los días de grabación, uno de esos episodios que parecen sacados de una película y que terminó confirmándoles que iban por el camino correcto. Mientras se preparaban para registrar una de las primeras tomas, decidieron dejar la puerta del estudio abierta mientras ensayaban. “Estábamos practicando y, al fondo del pasillo, había un señor apoyado contra la pared escuchándonos”, recuerda. “De repente nos dimos cuenta de quién era: Paul McCartney”.

“Al principio pensábamos que era un espejismo o un doppelganger de él” recuerda Luis entre risas. La escena, que de por sí ya era extremadamente increíble, pronto se volvió todavía más surrealista. “Estaba ahí, headbanging con la música, y de repente empezó a caminar hacia nosotros y terminó metiéndose en la sesión porque estaba disfrutando lo que escuchaba”.

McCartney incluso se quedó conversando con ellos sobre la historia del estudio —especialmente del famoso Studio 2— y les comentó que llevaba tiempo sin ver bandas de rock allí, y que ver al grupo venezolano trabajando lo hacía muy feliz. Para Los Mesoneros, aquel encuentro terminó siendo una especie de señal. “Fue como una bendición”, afirma Jiménez. “Después de todos los obstáculos, sentir que todo esto valía la pena. Es como si hubiéramos ido a la capilla y se nos apareciera Dios para decirnos: ‘sigan así’”.

Puedes leer la nota completa en Rolling Stone

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