sábado 18 de abril 2026
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OpiniónPor Rosana SosaVenezuela: estabilización no es reconstrucción

Venezuela: estabilización no es reconstrucción, por Rosana Sosa

Venezuela ha comenzado a moverse.

No con el estruendo de una transformación estructural, sino con la discreta respiración de un sistema que, tras años de colapso, ensaya una forma precaria de estabilidad. Los precios ya no se desbordan como antes. El tipo de cambio parece contenerse. Algunas actividades económicas muestran signos de reanimación.

Y, sin embargo, conviene decirlo con claridad:
esto no es una reconstrucción. Es apenas una pausa en la caída.

La estabilización —en cualquier economía— es un fenómeno técnico.
La reconstrucción, en cambio, es un acto político, institucional y moral.

Confundir ambos procesos no es solo un error analítico.
Es un riesgo estratégico.

La ilusión de la normalidad

Toda economía que logra contener su inflación genera, inevitablemente, una narrativa de alivio. Es comprensible. Después de años de distorsiones extremas, cualquier atisbo de orden se percibe como progreso.

Pero la estabilidad de corto plazo puede ser engañosa cuando no está sostenida por fundamentos sólidos.

Hoy, Venezuela exhibe algunos signos de estabilización apoyados en factores frágiles:

Una dolarización de facto no institucionalizada

Una contracción sostenida del gasto público

Un entorno de liquidez restringida

Y, más recientemente, expectativas vinculadas a la reapertura del sector energético

Nada de esto constituye, por sí mismo, un proceso de reconstrucción.

Porque la reconstrucción exige algo más profundo:
confianza.

Y la confianza no se decreta.
Se construye.

El núcleo del problema: instituciones

Durante años, el análisis económico sobre Venezuela se ha concentrado en variables: inflación, reservas, producción petrolera, tipo de cambio.

Pero el verdadero deterioro no ha sido solo macroeconómico.
Ha sido institucional.

Sin reglas claras, sin seguridad jurídica, sin independencia operativa de las instituciones, cualquier estabilidad es transitoria.

Una economía puede funcionar un tiempo sin crédito.
Puede sobrevivir con baja inversión.
Incluso puede adaptarse a esquemas informales.

Pero no puede reconstruirse sin instituciones.

La inversión —la verdadera, la sostenida— no responde a oportunidades coyunturales.
Responde a certezas.

Energía: oportunidad sin arquitectura

El eventual reingreso de Venezuela al circuito energético global abre una ventana de oportunidad. El mundo necesita energía. Venezuela la tiene.

Pero entre tener recursos y convertirlos en desarrollo hay una distancia que no se mide en barriles, sino en gobernanza.

Sin un marco institucional claro:

la inversión será oportunista, no estructural

los flujos serán volátiles

y los beneficios, concentrados y efímeros

El riesgo no es que Venezuela no crezca.
El riesgo es que crezca mal.

Reconstrucción: lo que realmente implica

Reconstruir una economía no es reactivar el consumo.
No es estabilizar el tipo de cambio.
No es atraer inversiones aisladas.

Reconstruir implica:

Restablecer la credibilidad institucional

Diseñar reglas estables y previsibles

Reconfigurar el rol del Estado

Fortalecer la gobernanza corporativa

Y reconstruir la relación entre poder económico y marco legal

Es, en esencia, reconstruir el contrato económico de un país.

El rol del sector privado y la gobernanza

En contextos de transición, el sector privado adquiere una responsabilidad que trasciende lo empresarial.

No se trata solo de invertir.
Se trata de cómo se invierte.

Los consejos de administración deberán asumir un rol estratégico en:

gestión de riesgos país

estándares de gobernanza

transparencia

y visión de largo plazo

Porque en economías frágiles, la calidad de las decisiones empresariales puede acelerar —o comprometer— el proceso de reconstrucción.

Una advertencia necesaria

La historia económica está llena de episodios donde la estabilización fue confundida con éxito.

Y casi siempre, esa confusión tuvo un costo.

Venezuela no necesita celebrar prematuramente una estabilidad incipiente.
Necesita comprender su fragilidad.

Porque lo verdaderamente difícil no es salir del colapso.
Es no volver a caer.

Mirar más allá del corto plazo

Hoy, más que optimismo, se requiere lucidez.

La estabilización puede ser el inicio de algo.
Pero solo será el inicio correcto si se reconoce que aún no es el final.

Venezuela tiene una oportunidad.
Pero las oportunidades no se materializan por inercia.

Se construyen.
Se diseñan.
Se sostienen.

Y, sobre todo, se gobiernan.

Rosana Sosa
Economista

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