
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eligió a Tulsi Gabbard como su máxima responsable de inteligencia gracias a su ideología no intervencionista y de “Estados Unidos Primero” (“America First”), que la alejó del Partido Demócrata y la llevó a las filas del movimiento MAGA.
Por CNN
Pero como directora nacional de Inteligencia de Trump, las tendencias aislacionistas de Gabbard la enfrentaron rápidamente a las acciones militares del presidente en Irán y Venezuela. Meses antes de anunciar su renuncia el viernes, citando el diagnóstico de un tipo raro de cáncer de huesos de su marido, Gabbard ya había sido marginada de algunas de las decisiones de política exterior más importantes de la administración durante el segundo mandato de Trump.
Cuando el equipo de seguridad nacional de Trump se reunió en Mar-a-Lago el día de Año Nuevo para seguir el desarrollo de la operación estadounidense en Venezuela, Gabbard se encontraba a miles de kilómetros de distancia publicando fotos en redes sociales desde una playa de su estado natal, Hawai.
Antes de la decisión de Trump de atacar las instalaciones nucleares de Irán el verano pasado, Gabbard publicó un video en el que advertía que el mundo estaba “más cerca que nunca del abismo de la aniquilación nuclear”, lo que enfureció a Trump y a la Casa Blanca y la dejó al margen.
Y en febrero, cuando Trump lanzó ataques conjuntos contra Irán junto con Israel, Gabbard se encontraba en Washington con el vicepresidente de EE.UU., J. D. Vance, y otros miembros del gabinete. Trump se encontraba en Mar-a-Lago con altos cargos de seguridad nacional, entre ellos el director de la CIA, John Ratcliffe, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine.
Antes de los ataques, Trump y Gabbard mantuvieron una conversación sobre su posible acción militar en Irán, y él le preguntó si eran ciertos los rumores de que ella renunciaría por ello —si se marcharía si él decidía seguir adelante—, según contó a CNN una fuente familiarizada con el asunto. Ella respondió que los rumores no eran ciertos y que no dimitiría si él emprendía una acción militar, según la fuente.
Aunque Gabbard quedó al margen en lo que respecta a las deliberaciones internacionales, compartía las sospechas de Trump sobre el llamado “Estado profundo”. Erradicar a quienes se percibían como contrarios a los intereses de Trump en la comunidad de inteligencia se convirtió en uno de los principales objetivos de su mandato como directora nacional de Inteligencia.
“Es tierra quemada para cualquiera que se haya enfrentado a Trump”, declaró a CNN una fuente familiarizada con el asunto.
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