
Sin luz, sin combustible y en total desamparo institucional. Así sobreviven los productores agropecuarios en el estado Monagas, quienes denunciaron la aguda crisis que atraviesan debido a los apagones imprevistos que queman sus equipos y a una asfixiante escasez de diésel que mantiene paralizada a la maquinaria agrícola.
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El presidente de la Asociación de Productores Integrales de Monagas (Asoprimo), José Antonio Adrián, aseguró que, mientras el gobierno regional los mantiene marginados de los planes de suministro, se ven obligados a recurrir al mercado negro para evitar que la producción de carne y leche se detenga por completo.
Adrián afirmó que mientras en sectores de la ciudad los apagones son de entre cuatro y cinco horas, en el campo la situación es más crítica. Señaló que el suministro eléctrico es interrumpido a cualquier hora del día por seis o siete horas, situación que ocasiona daños en las bombas de agua sumergible, pues además deben lidiar con las bajadas o subidas de tensión eléctrica cuando se restablece el servicio.
“¿A quién se le va a reclamar cuando un equipo se te quema por una subida o bajada de luz? No hay a quién reclamarle. Por lo menos, en la zona de El Respiro (caserío al sur de Maturín), te puedo decir que de los siete días, le preguntas a la gente y te responden qué días sí hubo luz. Es decir, hay veces que pasan de los siete días, dos días con luz y los demás días, una hora, media hora, y así”, relató el representante de Asoprimo.
Cuestionó que no exista información por parte de Corpoelec en cuanto a los bloques horarios en los que van a interrumpir el servicio, lo que dificulta las actividades diarias en una unidad de producción, como la de llenar los tanques de agua.
¿Bachaqueo de diésel?
El productor agropecuario enfatizó que el desabastecimiento de combustible es uno de los problemas más críticos para el sector, señalando la enorme disparidad en el consumo de la maquinaria: un solo tractor puede agotar un tambor de 200 litros de diésel en apenas una jornada de trabajo agrícola.
Ante la falta de respuestas del gobierno regional, que los ha dejado sin suministro oficial durante meses, los ganaderos se ven obligados a recurrir al “bachaqueo” o mercado negro, comprando el combustible a revendedores del transporte público por precios que oscilan entre 0,70 centavos de dólar y un dólar por litro, muy por encima de la tasa subsidiada de 0,16 dólares.
Asimismo, el denunciante lamentó que el sector encargado de producir la comida sea tratado con menos prioridad que el transporte urbano y deba laborar sin descanso los 365 días del año en un entorno de total indefensión.
