
La Tierra recibe constantemente material procedente del espacio. Cada día llegan a la atmósfera toneladas de polvo cósmico y pequeñas partículas, y cada cierto tiempo fragmentos algo mayores alcanzan el planeta. En la mayoría de los casos se desintegran sin consecuencias, pero la historia geológica demuestra que impactos más grandes han ocurrido y pueden volver a ocurrir. Por eso, desde hace décadas, científicos y agencias espaciales trabajan en una pregunta clave: qué hacer si algún día se detecta un asteroide con riesgo real de colisión.
Por: Muy interesante
Responder a esa pregunta implica tres retos distintos: detectar los objetos cercanos a la Tierra, calcular con precisión su trayectoria y, en caso necesario, encontrar una forma de modificarla. En los últimos años, la misión DART de la NASA se diseñó precisamente para poner a prueba una de esas estrategias. El nuevo estudio publicado en Science Advancesanaliza con gran detalle las consecuencias del impacto de esa nave contra un pequeño asteroide y utiliza años de observaciones para reconstruir lo que ocurrió después en el sistema formado por Didymos y su luna Dimorphos.
Un experimento pensado para una amenaza que aún no existe
El sistema de asteroides Didymos se convirtió en un laboratorio natural para ensayar técnicas de defensa planetaria. Está formado por un asteroide principal y un pequeño satélite, Dimorphos, que orbita a su alrededor. En septiembre de 2022 la nave DART se lanzó deliberadamente contra ese pequeño cuerpo para comprobar si un impacto cinético podía modificar su movimiento.
El objetivo principal de la misión era cambiar la órbita de Dimorphos alrededor de Didymos. Ese cambio se produjo: tras el choque, el pequeño asteroide pasó a completar su órbita más rápido que antes. El impacto levantó además una nube de material expulsado desde la superficie. Parte de esos fragmentos escapó al espacio, algo importante porque el material eyectado puede amplificar el efecto del impacto.
Puedes leer la nota completa en Muy interesante
