
Rogelio ha vivido en Estados Unidos casi la mitad de sus 39 años, pero la vida que él y su familia han construido juntos estuvo en peligro de ser detenida el verano pasado como parte de la ofensiva migratoria del presidente Donald Trump.
Por Ana Claudia Chacin | El Nuevo Herald
El inmigrante guatemalteco está casado con una ciudadana estadounidense y tiene dos hijos y tres hijastros: cuatro niñas y un niño, de entre 5 y 18 años, todos nacidos en Estados Unidos.
Desde que fue detenido en La Belle, una pequeña ciudad rural a 30 millas al este de Fort Myers, Florida, Rogelio —quien pidió ser identificado por su nombre de pila debido a la delicadeza de su proceso migratorio— había estado intentando obtener estatus legal en el país bajo una ley que otorga a las personas una vía a la ciudadanía si llevan al menos 10 años en el país y cumplen ciertas condiciones.
Rogelio pasó más de seis meses en el Centro de Transición de Broward, en Pompano Beach, luchando contra los intentos del gobierno de expulsarlo del país, tras ser detenido por la policía local en La Belle por los tintes en las ventanas de su camioneta.
Pero la historia de Rogelio, a diferencia de tantos otros ejemplos recientes, tiene un final feliz.
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