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Los silbidos retumbaron en el Bernabéu pese a victoria del Real Madrid ante Deportivo Alavés

El delantero francés del Real Madrid Kylian Mbappé (d) celebra tras anotar el primer gol del equipo durante el partido de la jornada 33 de LaLiga que Real Madrid y Deportivo Alavés disputan este martes en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid. EFE/Juanjo Martín

 

Vinícius y Mbappé lideraron frente al Alavés (2-1) una redención sin brillo en el inicio de la travesía por el desierto del Real Madrid, sin títulos por los que pelear salvó hecatombe del Barcelona en la Liga y necesitado del perdón de una afición que se marchó aún dubitativa y silbando a su equipo por el buen final del equipo de Quique Sánchez Flores.

El Real Madrid compareció ante su gente con la sensación de esperar un plebiscito. El Santiago Bernabéu, que otras veces ha sido tribunal severo, esta vez pareció más bien un jurado cansado. El conjunto blanco venía de su mes más desconcertante: tres derrotas y un empate que le dejaron fuera de la Liga de Campeones y de la Liga que solo puede salvar un milagro. La última caída, la del Allianz Arena ante el Bayern de Múnich, al menos tuvo el consuelo del orgullo. Y eso, en el Bernabéu, cuenta.

Hubo silbidos, sí, pero de esos que suenan más a rutina que a rebelión. Alcanzaron a los jugadores cuando saltaron al terreno de juego y a Vinícius cuando su nombre salió por megafonía y en sus primeros contactos con la pelota. Poco más. También a Camavinga, cuando apareció en el último tramo. El estadio, acostumbrado a la gloria, parecía haber firmado una tregua con la decepción. Una resignación extraña para un curso que amenaza con terminar en blanco.

Arbeloa movió piezas con gesto serio: entraron Carreras, Tchouaméni y Huijsen; salieron Mendy, Brahim y Rüdiger, que acabaría entrando tras el susto de Militão. Un calambre, un mal recuerdo de lesiones recientes y el cambio al filo del descanso. Luego se supo que no fue nada. A veces el miedo juega más que la lesión.

El Alavés, con el descenso al acecho, hizo lo que tocaba: orden, repliegue y paciencia. Quique lo había dejado dicho antes del inicio: «Tenemos que intentar que continúe el caos si es que existe desde el principio». Pero no hubo tal caos. Hubo más bien una calma espesa, de partido que no arranca, en la que el Madrid se movió sin chispa, como si aún llevara el peso de sus últimos tropiezos.

Media hora duró ese letargo. Hasta que apareció Mbappé. No fue un gol de catálogo, sino de billar torcido. Jonny Otto actuó de pared involuntaria dos veces: primero en la jugada con Güler, después en el disparo del francés desde fuera del área. La pelota, caprichosa, tocó de nuevo en él, desvió su rumbo y dejó vendido a Sivera. Gol y poco más.

Mbappé lo celebró con una sonrisa cómplice, consciente de que su vigesimocuarto tanto en Liga llegó con guiño de la fortuna. Pero al Real Madrid le sirvió. Se liberó. Durante un cuarto de hora pareció otro: más suelto, más reconocible. El propio Mbappé probó de nuevo a Sivera, Vinícius se encontró con el portero en una ocasión franca, el francés insistió con un disparo desviado y Militão, antes de retirarse, estrelló un balón en el larguero.

Y, sin embargo, fiel a su reciente costumbre, el Madrid no se fue al descanso sin un sobresalto. Toni Martínez encontró el palo ante Lunin en la última acción antes del intermedio. Un aviso que dejó el partido en ese punto ambiguo: medio resuelto, medio en el aire.

Vinícius fue quien bajó el telón de cualquier duda. Transformó los silbidos tibios en aplausos con un gol de los suyos, de esos que no admiten réplica: disparo lejano, seco, ajustado, y 2-0. Y, además, pidió perdón. Ahí se acabó la historia. El Alavés no estaba para aventuras y el Real Madrid tampoco para seguir jugando con fuego.

Con el partido ya encarrilado, Arbeloa agitó el banquillo. Aparecieron Camavinga, Mastantuono, Brahim y Carvajal. Media hora que sirvió para dos cosas: intentar recomponer la figura de Camavinga, señalado en las últimas fechas, y darle vuelo a Carvajal, necesitado de minutos de calidad para sostener su candidatura a la renovación y asomarse al próximo Mundial.

El resto fue un epílogo con un último sobresalto. Antes, Mbappé probó a Sivera y Brahim acarició el 3-0, pero un defensa sacó la pelota bajo los palos. Poco más. El Real Madrid administró la ventaja con oficio y cuando parecía que iba a arrancar un perdón discreto del Bernabéu, consiguió los silbidos de sus aficionados con el gol de Toni Martínez en el minuto 94 que siguió a un cabezazo al palo de Parada.

El Alavés murió en la orilla y se quedó a expensas de lo que haga el Elche ante el Atlético de Madrid: si gana, terminará la jornada en puestos de descenso. Fue, al fin y al cabo, quien pagó la factura de la crisis blanca, que buscó un perdón que logró a medias. Se fue del campo como empezó: con tímidos silbidos.

— Ficha técnica:

2.- Real Madrid: Lunin; Alexander-Arnold (Carvajal, min. 63), Militao (Rüdiger, min. 45+2), Huijsen, Carreras; Valverde, Tchouaméni (Camavinga, min. 63), Güler (Mastantuono, min. 57), Bellingham (Brahim, min. 57); Vinícius y Mbappé.

1.- Alavés: Sivera; Ángel, Jonny Otto, Tenaglia, Parada, Yusi (Calebe, min. 66); Antonio Blanco, Guridi (Aleñá, min. 58), Denis Suárez (Ibáñez, min. 58); Toni Martínez y Lucas Boyé (Diabaté, min. 66).

Goles: 1-0, min. 30: Mbappé; 2-0, min. 50: Vinícius; 2-1, min. 94: Toni Martínez.

Árbitro: Juan Martínez Munuera (Comité Valenciano). Mostró cartulina amarilla a Tchouaméni (min. 35) por parte del Real Madrid y a Ángel (min. 90) por parte del Alavés.

Incidencias: partido correspondiente a la trigésimo tercera jornada de LaLiga EA Sports disputada en el estadio Santiago Bernabéu ante 61.468 espectadores.

EFE

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