
La Policía española liberó a ocho mujeres obligadas a ejercer la prostitución, incluso con menores de edad, en un chalet en Madrid alquilado por un matrimonio, que ha ingresado en prisión y que llevaba explotando sexualmente a ciudadanas latinas en esta vivienda desde hace once años.
Junto a la pareja en prisión fueron arrestadas otras cuatro mujeres, en una operación que se puso en marcha gracias a la denuncia de dos víctimas de esa red de trata, informó este miércoles la Policía.
Las mujeres explotadas, unas 15, vivían hacinadas en el sótano del chalet, situado en una zona residencial del noreste de Madrid, alejado del resto de viviendas, y eran explotadas las 24 horas.
6.000 euros de ganancias en una sola mañana
Calculan que los beneficios de esta trama rondaban los dos millones de euros al año, unos 6.000 euros en un mañana. De hecho, en cuatro días, los agentes que vigilaban la vivienda llegaron a contabilizar más de 600 movimientos, en los que detectaron la presencia de menores, confirmada además por el testimonio de las mujeres.
Los inspectores encargados del caso relataron que la estructura de la organización de trata seguía el patrón habitual en este tipo de entramados, que captan a mujeres vulnerables en sus países de origen y que llegan a España con una deuda contraída ya por el pago del billete y alojamiento.
Una deuda que aumenta si incumplen las condiciones de un supuesto contrato de exclusividad que les obligan a firmar sin saber siquiera su contenido. Además, se enfrentaban a multas por negarse a prostituirse con menores o por sentarse sin ropa interior en los sofás.
Las pesquisas policiales permitieron averiguar que los principales responsables de la organización utilizaban una página web en la que, además de publicar fotos de las mujeres y los servicios sexuales que las obligaban a ofrecer, facilitaban un contacto para concertar entrevistas personales.
Habitualmente, en los contratos eran incluidas cláusulas de cesión de imágenes, así como de exclusividad para el ejercicio de la prostitución en la vivienda designada por la organización.
Los miembros de la organización utilizaban un timbre que hacía los efectos de alarma para indicar a las mujeres que debían abandonar todo lo que estuvieran haciendo -incluso comer- y presentarse ante los clientes, y no podían negarse a ninguna práctica sexual.
EFE
