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La situación en torno al estrecho de Ormuz evidencia las carencias de la UE en la región

El ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, en Bruselas para asistir a la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, el pasado lunes. Los ministros de la UE debaten el impacto de la escalada del conflicto en Oriente Medio y las posibles medidas para salvaguardar la libertad de navegación a través del estrecho de Ormuz, de vital importancia estratégica, incluyendo posibles contribuciones a la misión de seguridad marítima Aspides de la UE y sanciones adicionales contra Irán | EFE/ Olivier Hoslet

 

La situación en torno al Estrecho de Ormuz ha entrado en una fase de “máxima peligrosidad”, en la que Irán busca presionar y resistir sin exponerse directamente, lo que “no exime” a la Unión Europea (UE) de buscar una presencia diplomática y militar “creíble y unificada” en la región para defender sus intereses, insisten los expertos.

Buques comerciales de distintas banderas, gestionados por empresas europeas, enfrentan misiles, drones y posibles minas, con cientos de tripulantes en riesgo en el Estrecho de Ormuz, vía clave entre el Golfo Pérsico y el mar Arábigo.

La Guardia Revolucionaria iraní considera legítimo atacar cualquier barco vinculado a EEUU, Israel o sus aliados.

Mientras, el presidente estadounidense, Donald Trump, plantea una coalición que incluya países de la Otan para garantizar la seguridad en el estrecho, una idea rechazada por los europeos.

El vicealmirante Ben Bekkering, exnúmero dos de la Marina Real de Países Bajos y exrepresentante militar ante la Otan, subraya que la dependencia de Europa de un uso seguro de las rutas comerciales marítimas “exige una presencia, no solo en el Estrecho, sino también en la región en general”.

“Europa no tiene una presencia creíble y eso se nota inmediatamente, porque no tiene asiento en la mesa”, afirma en declaraciones a EFE.

A su juicio, la UE lleva años sin articular una estrategia “coherente e integral” en una región que considera de “enorme relevancia estratégica”, con misiones fragmentadas, pocos medios y coordinación escasa.

Estas misiones incluyen Atalanta, centrada en la lucha contra la piratería frente a la costa de Somalia y la protección de buques en el océano Índico occidental, y Aspides, enfocada en la seguridad marítima en el Mar Rojo y áreas adyacentes, en respuesta a ataques hutíes.

Además, Francia lidera una tercera misión, Emasoh, que no obtuvo el apoyo unánime de la UE.

Aunque buscan garantizar la seguridad de las rutas comerciales, funcionan de manera separada, con recursos limitados y mandos distintos, lo que, dice, limita su eficacia y evidencia la falta de una estrategia unificada de la UE en la región.

“Lo que falta es un nivel operativo que conecte la estrategia política con lo que ocurre en la región”, señala, insistiendo en la necesidad de una acción diplomática y militar más unificada.

Esta carencia europea contrasta con la evolución del conflicto, donde Irán ha adoptado una estrategia indirecta.

“Saben que no pueden luchar contra Estados Unidos e Israel en sus términos, así que lo hacen en los suyos”, explica, lo que implica, dice, represión interna y presión regional y en Ormuz, sin llegar necesariamente a cerrarlo por completo, ya que también necesita mantener sus propias exportaciones hacia países como China o India.

Por ese paso circula alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, y cualquier interrupción tendría impacto sobre la economía internacional.

La ofensiva estadounidense ha logrado, según el vicealmirante, avances significativos en lo militar, degradando la defensa aérea iraní y parte de su capacidad de misiles.

Sin embargo, eso no elimina todas las amenazas, insiste, porque “Irán sigue teniendo capacidad para influir y amenazar”, puesto que mantiene recursos relevantes a través de la Guardia Revolucionaria, que conserva capacidades navales, drones y misiles antibuque.

El resultado es un entorno operativo extremadamente complejo: un paso marítimo estrecho, con amenazas simultáneas por aire, superficie y subsuelo.

En ese panorama, la idea de desplegar escoltas navales para proteger buques comerciales -una opción debatida por países del G7- “sería una misión de alto riesgo”, advierte Bekkering.

Requeriría convoyes organizados, escoltas prácticamente individuales y una cobertura aérea constante capaz de reaccionar en tiempo real, aunque persistiría el riesgo de ataques masivos con drones.

Además, alerta de una posible lógica estratégica por parte de Teherán: “El objetivo de Irán podría ser atraer a potencias occidentales a escoltar buques, y esas escoltas serían inmediatamente objetivos”.

Pese a la gravedad de la situación, Bekkering descarta un papel para la Otan en este conflicto: la Alianza, centrada en la amenaza rusa, carece de consenso para intervenir fuera de su área, y no existe un escenario de defensa colectiva que lo justifique.

Eso deja la responsabilidad de proteger los intereses europeos en manos de la UE, según el experto. Su diagnóstico es claro: si bien el Estrecho de Ormuz ya no es seguro para navegar, la UE tiene intereses económicos y de seguridad que requieren una presencia naval más coherente y creíble en la región del Océano Índico occidental, para disuadir, defender y forjar alianzas.

EFE

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