
Juan Pablo Guanipa fue liberado el 8 de febrero a las 9 de la mañana. A las 11:45 de la noche del mismo día, fue detenido nuevamente por aproximadamente diez agentes sin identificación visible. Su hijo, Ramón, lo presenció todo. Pero la historia no termina en una celda. Hoy, Guanipa se encuentra en arresto domiciliario en Maracaibo. Su hijo publicó en X: «Confirmo que mi papá, Juan Pablo Guanipa, está en mi casa en Maracaibo. Estamos aliviados de saber que mi familia estará junta pronto». Luego añadió algo crucial: «Mi papá sigue injustamente preso, porque casa por cárcel sigue siendo prisión y exigimos su libertad plena y la de todos los presos políticos».
Por Jorge Benezra / abc.es
Esa frase resume todo lo que está sucediendo en Venezuela. No es liberación. Es una redefinición de la represión. De la celda al grillete. De la prisión al arresto domiciliario.
El caso de Guanipa no es aislado. Perkins Rocha, asesor legal de la Plataforma Unitaria Democrática, fue «liberado» bajo el mismo esquema. Está bajo vigilancia policial constante dentro y fuera de su vivienda familiar, con un grillete en su pie. Freddy Superlano comparte la misma situación: confinado a su hogar bajo monitoreo permanente. Para estos hombres, la amnistía no significa libertad. Significa una prisión sin muros.
Hace apenas una semana, el hemiciclo de la Asamblea Nacional votó de manera unánime la primera discusión de la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática. Doscientos setenta y siete votos a favor. Ninguno en contra. Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento, prometió que la segunda discusión ocurriría «entre martes y viernes» de esta semana, con la liberación de todos los presos políticos antes del fin de semana.
Pero el martes llegó sin sesión. La Secretaría de la Asamblea Nacional anunció la suspensión sin explicación. El jueves está confirmado, dijeron, «sin adelantar la agenda».
Lucha de poder
Lo que sucedió en esos días fue un colapso silencioso del consenso oficial. Diosdado Cabello, quien controla la seguridad del país, se presentó ante una rueda de prensa del Partido Socialista Unido de Venezuela y contradijo directamente a Rodríguez: la amnistía «tendrá límites, alcances, consideraciones, restricciones y sus condiciones». No es una amnistía, entonces. Es una amnistía condicionada.
Una fuente del Parlamento, que prefiere no ser identificada para evitar represalias, reveló la verdadera dinámica: «Existe una lucha de poder y cada uno de los grupos está buscando sus beneficios. Los Rodríguez dicen algo y ayer Cabello en la rueda de prensa los contradijo. Al igual que las declaraciones del fiscal. Esta ley no debería ser llamada amnistía sino ‘sálvense quien pueda’».
Tarek William Saab, el fiscal general, añadió otra capa de confusión. «La medida debe abarcar tanto a opositores como a chavistas», dijo. ¿Chavistas? ¿Quiénes son los chavistas presos políticos?
Jorge Arreaza, presidente de la Comisión Especial para el Proyecto de Ley de Amnistía, intentó una defensa de todo este proceso.
En una consulta en el estado Zulia, habló de «entresanarnos», de sanar las heridas del país. «La grandeza moral está allí en el perdón; quien no sabe perdonar no está en armonía con la madre tierra», afirmó. Luego, dirigiéndose a los jueces de paz, los llamó «una especie de fábrica de perdón».
Las palabras suenan hermosas, poéticas, morales. Pero mientras Arreaza hablaba de sanación en Zulia, Guanipa estaba siendo trasladado a arresto domiciliario en Maracaibo, y Rocha seguía bajo vigilancia constante con un grillete en el pie. Superlano, en su hogar, permanecía bajo el mismo esquema represivo.
Alfredo Romero, director de Foro Penal, fue directo al ser consultado sobre el tema. «Hemos recibido el proceso de amnistía con optimismo y de manera constructiva, esperando que incorpore los planteamientos de la sociedad civil», señaló. Pero luego, refiriéndose a la nueva detención de Guanipa, dijo que esta «ensombrece este proceso de supuesta reconciliación». Y fue más allá: «No puede haber amnistía mientras el sistema represivo siga activo. Sería solo retórica».
