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sábado 14 de marzo 2026
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La Estrategia Trump: Chavismo contra Chavismo, por Miguel Méndez Fabbiani

El chavismo residual, esa reminiscencia distorsionada que aún vaga por el naufragio comunista que intentó destruir nuestro país, no ha logrado aún asimilar el hundimiento definitivo de su buque insignia, ni aceptar la implacable desintegración de su avernal reino del caos.

Y es que, en la severa y brutal intransigencia e incredulidad que les caracteriza, la organización narcotraficante y terrorista que dirige Delcy Rodríguez persiste en la negación obstinada a sucumbir finalmente ante la supremacía estratégica del presidente Donald J. Trump.

Lo que queda del otrora titánico chavismo castrense, esa cúpula de mercenarios inclementes dirigida por el céfiro autoritario conocido como el “Ayatolá” Diosdado Cabello Rondón; es hoy un sector disminuido incapaz de generar el más mínimo vestigio de moralidad entre unas extintas bases populares que desorientadas y fragmentadas, son lejano eco de lo que alguna vez fue una vulgar estafa política, económica y social.

Según los sondeos recientes apenas el cinco por ciento (es mucho) de la población sigue atrapada en las redes de esta estructura débil y agonizante, cuyos últimos vestigios se consumen en la hoguera incandescente de la peor desesperación económica, la derrota militar y la miseria mental.

En este torbellino de desesperanza, las últimas filas de la lealtad chavista se componen de un puñado de almas negras desesperadas, y criminales atrapados entre el hambre feroz, el terror político aplastante y la ausencia absoluta de todo incentivo para seguir defendiendo un sistema que ya se disuelve velozmente como cera al sol ante el colosal poderío militar estadounidense.

El panorama, querido lector es realmente sombrío para los enemigos de nuestra Venezuela.

Dos prestigiosos expertos en psicología de masas, provenientes de una renombrada universidad norteamericana, advierten con un cálculo preciso sobre el fracaso de las iniciativas que algunos de los capos militares chavistas se proponen orquestar.

El infame narco Padrino López o el incondicional mercenario Francisco Ameliach, en su vano intento por movilizar a la abrumada población roja, buscan resucitar una llama de fervor revolucionario entre los mismos que hoy se hallan anonadados por el constante y certero accionar quirúrgico de las fuerzas militares estadounidenses, tal como lo atestigua el impecable ataque del 3 de enero.

No hay duda, el presidente Trump, al igual que un cirujano que disecciona un tumor maligno, ha concebido con frialdad una gradual estrategia quirúrgica para erradicar el cáncer chavista de raíz.

Y entre las maniobras que este plan de pañuelo en la nariz, contempla el retorno de Miguel Rodríguez Torres, el torturador implacable, aquel hombre que lleva en sus entrañas una vendetta personalísima contra su antiguo compañero del Furrial, y que, como si de un ajuste de cuentas personal (ordenó violar a su esposa) se tratara, será convocado desde su exilio en las sombras de la narco-política para tomar el mando del Ministerio del Interior.

En su retorno, este hombre, desbordante de odio, rabia y resentimiento, se erige como la espada roja de Damocles para su viejo enemigo, el “Ayatolá” Cabello, en una danza macabra de poder que se promete sanguinaria, feroz y sin compasión.

Pero el relato no termina allí.

En el laberinto escarlata de intrigas, también aparece la figura mortífera de Remigio Ceballos Ichaso, el arrogante y relegado cuya influencia, en su contacto con las fuerzas especiales navales norteamericanas, podría ser la llave para neutralizar la debilitada autoridad de Vladimir Padrino López, el otrora titán castrista del Ministerio de la Defensa.

En esta pugna de facciones, la consigna parece clara: “Chavista originario mata chavista madurista», una declaración que revela la cruda lucha intra cártel del movimiento chavista, donde los opuestos se devoran brutalmente sin piedad.

Sin embargo, y he aquí la ironía de este proceso doloroso, no nos dejemos engañar por la apariencia de estos recambios de figuras siniestras. Este juego de máscaras y maniobras, tan similar a la puesta en escena de una tragedia griega, no es sino una fase necesaria dentro de un plan general más amplio de obligatoria sustitución de élites.

El objetivo del presidente Trump es claro: erradicar la escueta herencia política de Nicolás Maduro, cuya herencia política negativa se desmorona lentamente, atrapada entre los tentáculos de un régimen militar y represivo que ya no tiene fuerza alguna para sostenerse.

El propósito de este cambio de actores políticos no es otro que diluir el liderazgo de Maduro, para dar paso momentáneamente, a una nueva élite de chavistas anti-maduristas, aquellos que, de alguna manera, se presentan como más manipulables y, por tanto, de mayor utilidad para la última fase del plan estadounidense.

En este escenario de “re-enroques” y traiciones mellizales, se vislumbra la posibilidad real de que el pueblo venezolano, en su afán por recuperar la democracia perdida, salga a las calles a exigir con toda fuerza y convicción, un proceso electoral transparente y justo, en el que el espectro diabólico de la narcotiranía finalmente sea desplazada por el ansiado resplandor áureo de la libertad.

Las urnas, con la vigilancia de un Consejo Nacional Electoral verdaderamente imparcial y con la supervisión de observadores internacionales, muy seguramente se abrirán para que el pueblo venezolano exprese su voluntad sagrada.

De hecho, es muy probable que en un futuro cercano, asistamos a la dimisión forzada de Delcy Rodríguez, quien, atrapada en las redes de sus propias intrigas doblecaristas, se verá obligada a ceder ante las órdenes de Trump y el empuje de un pueblo enardecido harto de la corrupción y la opresión.

En ese instante, el golpe final de su infernal carrera política estará sellado, y ella quedará como un espanto sabanero más en la historia de un maligno conjuro bloqueante que se desangra.

Es probable que la hija del terrorista caído, al verse obligada a abandonar el poder, se enfrente a un destino incierto, un camino que, en última instancia, podría llevarla a un enfrentamiento electoral cara a cara con nuestra líder máxima María Corina Machado, figura providencial irradia la única luz de esperanza en medio de la oscurana.

Y así, entre la incertidumbre de los próximos meses y la desolación de este tiempo convulso, nos queda la firme convicción de que, bajo el liderazgo del presidente Trump, del incansable Marco Rubio y de la indomable María Corina Machado, Venezuela será capaz de recuperar lo que le fue arrebatado: su libertad.

Aplomo, paciencia y firmeza deben ser las virtudes que guíen al pueblo venezolano en este viaje corto hacia la resurrección de la democracia.

El horizonte comienza a despejarse, y la promesa de una Venezuela renacida, próspera y pacificada, se alza como un faro brillante ante la penumbra. La era dorada de nuestra nación esta al alcance de nuestras manos, una época de abundancia financiera, de paz social y de una estabilidad económica que nunca antes habíamos conocido.

Y todo ello será posible gracias a los esfuerzos incansables de aquellos que luchan desde hace casi tres décadas por la justicia, por la libertad, y por el bienestar de las futuras generaciones.

Así, con fe cierta y esperanza segura, aguardamos ese momento de gloria, esa aurora que iluminará de nuevo el destino ineludible de nuestro gran país.

AMÉN!

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