viernes 8 de mayo 2026
VenezolanosHoy
Juan Guerrero:Opinión

La difícil tarea de construir un Estado, por Juan Guerrero

Han pasado cuatro meses desde que Maduro fue ‘extraído’ de su bunker. A la fecha pocas cosas han cambiado, la gran mayoría de las estructuras del fragmentado Estado venezolano aún siguen de pie con sus antiguos jefes y otros sujetos bípedos. Pocos analistas han reflexionado sobre la permanencia de las agencias de inteligencia estadounidenses en suelo venezolano. Nada se sabe de ello. Sin embargo, el poder de la primera potencia militar-industrial del mundo se siente, y cada día la sutileza de esta presencia se cuela en las disputas que algunos ingenuos políticos siguen empecinados en restarle importancia al evento militar del 3 de enero pasado. El ‘cacareo’ ahora es un coro de malcriados y, ‘a la venezolana’: ¡Elecciones, ya!

Lo diremos una vez más: Estados Unidos de Norteamérica está en suelo venezolano por unos cuantos años. Esto es así porque la acción militar fue una decisión de Estado ejecutada desde el Pentágono. Esto quiere decir que, aunque la administración del presidente Trump pase, la presencia de EE. UU. permanecerá. Porque la primera potencia del mundo cuando ha decidido instalarse en territorios fuera de sus fronteras naturales, jamás pregunta ni pide permiso. Primero ejecuta y después participa a sus aliados. Eso ocurrió con Panamá, con Chile, con Granada, con Alemania, con Japón, y ahora con Venezuela. Simplemente ejecutó una acción militar y para ello no preguntó a nadie ni tampoco compartió sus planes futuros.

Ahora que su poder descabezó a la principal figura política y sacudió a todo el estamento militar-policial, político y económico del desolado país, ejecutará su plan a conveniencia y en los tiempos fijados desde el Pentágono. Porque Venezuela ha sido incluida, por lo que se observa, dentro del radar estratégico del Estado norteamericano y no va a ser dejado a la ‘buena de Dios’; ni a los desprestigiados administradores socialistas ni tampoco a los opositores, que no terminan de convencer de su capacidad político-económica a la administración que gobierna en los EE. UU. 

Las elecciones se realizarán solo y únicamente cuando existan garantías reales, válidas y que convengan a los intereses norteamericanos. Es así y no de otra manera. Duele afirmarlo, pero esta es la verdad que surge de la realidad que se está viviendo. La escasa libertad y mínimos cambios que se observan se han logrado solo porque EE. UU. intervino militarmente y se impuso por la fuerza de las armas. La idea, el plan trazado es lograr el mayor beneficio económico con el menor riesgo y costo, tanto de hombres como de recursos. Lo otro es un cacareo de narrativas y especulaciones de agitadores políticos que no terminan de comprender la naturaleza del poder real de una potencia militar tan descomunal. 

Es así y no de otra manera. Por ello, hay que ser realistas y simplemente esperar que los tiempos de las tres fases se cumplan: estabilización, recuperación y transición. Cualquier joven de escuela elemental, al revisar por las redes sociales las declaraciones de los voceros oficiales norteamericanos, entiende que este programa implica ‘tiempo’ contado en años, no semanas ni meses.  

Lo que ocurrió en Venezuela fue el fracaso de un ‘Estado fallido’ destruido en 27 años de saqueo y corrupción y que dejó de funcionar como tal, a partir del 28 de julio de 2024, cuando Maduro se ‘robó’ las elecciones y se declaró, de hecho, dictador. No fue solo un burdo ‘fraude’ como comúnmente la dirigencia política opositora lo denominó. Fue mucho peor: ese día dejaron de existir el Estado y la Nación y se ejecutó la desintegración del estamento institucional de la República. Tristemente ningún político de oposición supo asimilar semejante catástrofe para instruir a la ciudadanía. Y frente a tal grado de destrucción y barbarie, también hay que ser honestos: no todos pagarán por los delitos cometidos y, además, no todo lo robado podrá ser recuperado.

Es posible que en las próximas semanas ocurran eventos de cierta violencia en algunos estados del país, más por desespero y de estrategias de presión para lograr cambios en el maltrecho y diluido poder que todavía se maneja desde Miraflores. Pero el verdadero y real poder está siendo manejado con pinzas desde la embajada norteamericana en Caracas. Y los agentes de inteligencia, ¡dúdenlo! informan de todo lo que ocurre día a día, tanto dentro del oficialismo como de los grupos opositores. Unos y otros son ‘fichas sustituibles’ e ‘intercambiables’ de un complejo tablero que se maneja a control remoto. Porque el poder real no tiene rostro visible y se mueve por motivos económico-financieros. Y solo un poder económico-militar como EE. UU., será capaz de sentar en una misma mesa, de negociación y acuerdos, a figuras tan opuestas, como María Corina Machado, Diosdado Cabello, Magalli Meda, Manuel Rosales, Delcy Rodríguez, Henry Ramos Allup, Enrique Márquez, Jorge Rodríguez y Juan Pablo Guanipa.

Hoy, y por un largo tiempo, el territorio venezolano está siendo administrado por el poderío económico-militar norteamericano. Estas tres fases iniciales marcan un tutelaje que podrá cambiarse a una ocupación solapada donde unas futuras elecciones instalen un gobierno de ‘emergencia nacional’ que dure otros 5 años. Después nos acostumbraremos a la presencia de bases militares en convenio con la nueva administración venezolana. Solo observen el desmantelamiento de las bases en suelo alemán y posiblemente de España e Italia. 

Es cosa de tiempo, corto tiempo para que sean sustituidas las actuales ‘fichas rojas’ y se establezcan las garantías jurídicas que exigen los grandes monopolios financieros internacionales, para que el inmenso ‘chorro’ de capitales comience a fluir. 

Creo que el Estado norteamericano salvó a Venezuela de una inevitable desintegración, como nación y república, que se iba a ejecutar con la repartición de su territorio, entre Rusia, China e Irán. 

 

(*)  camilodeasis@gmail.com  X @camilodeasis  IG @camilodeasis1 

 

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