«Donde antes había corrupción, hoy hay honestidad», aseguró risueña la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, en medio del escándalo nacional desatado por los cargos por narcotráfico contra 10 funcionarios realizados por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. Un hecho inédito que ha forzado al gobernador oficialista de Sinaloa, Rubén Rocha (uno de los honestos), a dar un paso al costado mientras la propia Fiscalía mexicana investiga sus relaciones y sus negocios con Los Chapitos, la facción del Cártel de Sinaloa liderada por los hijos del Chapo Guzmán.
