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martes 17 de marzo 2026
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José Luis FaríasOpinión

La ausencia absoluta tiene fecha: la calle la ejecuta o la complicidad la entierra, por José Luis Farías

En esto de la vida pública venezolana hemos dicho hasta el cansancio, como quien siembra una verdad en tierra seca, que no habrá sosiego para el hambre ni remedio para el llanto mientras no se destrabe el nudo político que nos asfixia: si solución política no hay solución social. No falta, claro está, el terciario de oficio que nos salga al paso con el sonsonete de siempre: que la afirmación es muy general, que carece de piso, que habría que aterrizarla con nombres y apellidos. Pues bien, aterricémosla, y con la Constitución en la mano, que es el único machete que nos queda para abrirnos paso en este berenjenal.

La cosa es tan sencilla como clara: la Asamblea Nacional tiene el deber inexcusable de aplicar el derecho y declarar lo que es evidente: la AUSENCIA ABSOLUTA. El dos de abril se cumplen los primeros noventa días de falta absoluta que señala el artículo 234. Y si la misma Asamblea, en uso de sus facultades, otorgara una prórroga, el dos de julio se cumplirían esos nuevos noventa días. A partir de allí, corren los treinta días perentorios que manda el artículo 233 para convocar a elecciones. Así de simple, así de escrito, así de escupido en la cara del que quiera hacerse el loco.

Pero no seamos ingenuos, que la ingenuidad en este país cuesta más cara que la traición. Los hermanos Rodríguez no están moviendo sus piezas en el tablero para devolvernos la democracia, sino para comprar tiempo, con los dedos bien cruzados y la mirada puesta en noviembre, a ver si el viento del norte se lleva en los cachos a mister Trump durante las elecciones de medio término en los Estados Unidos. Ahí los tiene usted, braceando desesperados en el chapoteadero, nadando contra la corriente para llegar a la orilla del mes once con el salvavidas que les lanza la falsa oposición, esos perros de presa que hoy ladran que no hay falta absoluta mientras les soba el lomo la mano que les da de comer. Y no faltan los moderados de pega, esos bien peinados y mejor pagados, que repiten como loritos que no habrá elecciones en el corto plazo. Ni tampoco los que se frotan las manos afirmando que no hay nada tan bueno como el pragmatismo de los Rodríguez y que cualquier otro camino es el abismo. Todo para arrimarle la brasa a su sardina y mantener el chicharrón caliente.

El riesgo de dejar pasar la oportunidad que se nos abrió al clarear el 3 de enero es mayúsculo. La calle no puede dormirse, no puede contentarse con el mero grito. La presión social tiene que seguir, tiene que crecer, tiene que trepar por las paredes del palacio hasta convertirse en presión política. Porque si no, mis amigos, si no escalamos de lo social a lo político, si no le metemos el hombro a la solución que manda la Constitución , nos quedaremos eternamente en el mero lamento, y el cambio verdadero, ese que trae el progreso y el bienestar, ese que huele a libertad y sabe a democracia, se nos va a ir de las manos como el agua entre los dedos. Exijamos a la AN la declaratoria de ausencia absoluta.

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