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domingo 15 de marzo 2026
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Julio César Arreaza B: Revelaciones militares para la historia

Muchos hemos tenido la fortuna de conocer la historia de los 40 años, etapa de oro de la democracia, directamente de labios de sus protagonistas y constructores, y al final, por nuestra propia experiencia durante el ejercicio de delicadas responsabilidades públicas.

No soy, para nada, especialista en el tema militar, pero es imposible no tener opinión al respecto, luego de las interacciones con militares y conocimiento del alto Estado a lo largo de mis 8 años de trabajo en el Palacio de Miraflores.

Con respecto a las intentonas del 4F y 27N, desde el primer momento tuve clara mi posición, en cuanto al severo castigo que debían de recibir los sedicentes por su delincuencial conducta, al haber atentado contra la democracia, su propio juramento y la Constitución.

Rechacé desde el primer momento esas actuaciones ominosas y primitivas y, por tanto, que había que acelerar los juicios, respetando el debido proceso, y sentenciar rápido un delito claramente tipificado. De esa forma, se le enviaba a la oficialidad leal y cumplidora de sus deberes institucionales un mensaje claro: el castigo oportuno a los militares traidores.

Acompañado de la consecuente inhabilitación a cargos públicos, para castigar tal conducta y evitar que fuera emulada.

El resto de la historia es conocida: se fue tolerante y se terminó exaltando la criminal conducta al haberse sobreseído a los cabecillas del crimen contra la patria, sobreseer es borrar todo. Rómulo Betancourt, el mejor político y estadista del siglo XX, jamás hubiera procedido de esa manera. Supo manejar con tacto y maestría el tema militar.

Ha sido borrado de la historia que las Fuerzas Armadas derrotaron en los campos de batalla a las fuerzas cubanas y a la guerrilla internada en las montañas. Eso no se enseñó en los colegios. Al contrario, se endiosó a los grandes traidores, tolerados por una élite genuflexa, crematística e irresponsable. Y así silenciaron la historia. Lo que hicieron fue borrar el triunfo de los militares institucionales de aquella época de los sesenta.

He topado con un testimonio, para mì inédito, de Martín Lon Blanco, general de aviación retirado- piloto de caza F16 y Mirage-, que aporta al tema que estamos considerando. El oficial de la aviación, siendo teniente coronel, tuvo un papel preponderante en el sometimiento de los felones del golpe fallido del 27N.

Aquí viene un dato histórico inédito para mí, que nos remonta al tiempo en que el Dr. Rafael Caldera ganó las elecciones en 1993. Al comienzo de su segunda gestión presidencial se dirigió a la Base Libertador y reunió a todos los oficiales. Y, por supuesto, todos los golpistas estaban presos en la cárcel. El teniente coronel Martín Lon Blanco era entonces comandante de un escuadrón. Relata que Caldera anuncia en la reunión que procedería a dar la libertad y el sobreseimiento a todos los presos, y que cualquiera de los oficiales asistentes que no estuviera de acuerdo que se fuera de baja.

Los militares golpistas iban a resultar premiados y los amenazados fueron quienes rescataron el hilo constitucional. Esto último significó darle 6 años al sistema político, en un conteo de protección.

Sostiene Lon Blanco que los militares jóvenes, en su mayoría, no querían ni pensaban en dar golpes de Estado. Ellos habían sido vacunados contra tal despropósito, los que entraron a la academia o la escuela de aviación soñaban con ser militares o, en su caso, para volar aviones de combate.

El asunto político no les interesaba y, mucho menos, como se dijo, dar golpes de Estado. Esa actitud les parecía propia de países africanos y de mentalidades políticas inferiores.

¡Libertad plena para los presos políticos!

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