viernes 15 de mayo 2026
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Julio Castellanos: ¿Es posible luchar contra la pobreza desde el municipio?

Muchos funcionarios públicos, analistas y no pocos opinadores, han difundido la desesperanzadora idea sobre la cual una auténtica política pública destinada a resolver la pobreza solo puede ser ejecutada desde el gobierno nacional. Basan esa aseveración en programas como la repartición de bonos a través del sistema patria o la atribución ejecutiva de fijar el salario mínimo. Está es una perspectiva muy limitada porque supone que la pobreza es un fenómeno exclusivamente determinado por los ingresos devengados por las personas. 

El fenómeno de la pobreza puede ser adecuada y técnicamente abordado comprendiendo que existe la llamada pobreza multidimensional, es decir, que una persona es pobre no solo por recibir un bajo salario, también lo es por no contar con la posibilidad de acceder al agua potable o por no tener un servicio de aseo urbano confiable, accesible y ecológicamente responsable. Aunque dos personas vivan en la misma zona y tengan el mismo sueldo, si una de las dos no tiene agua, es fácil distinguir quién está empobrecido entre ambos.

Aquí es donde debemos hablar del municipio, ¿Qué indica la Ley Orgánica del Poder Público Municipal? En el artículo 56, relativo a cuáles son las competencias municipales, se puede leer en su literal “F” que este nivel del poder público le competen “Los servicios de agua potable, electricidad y gas doméstico; de alumbrado público, alcantarillado, canalización y disposición de aguas servidas; de mataderos, cementerios, servicios funerarios, de abastecimiento y mercados”. Si esto es así, ¿Por qué en la práctica es tan diferente? En parte, por el centralismo exacerbado que ha preferido que una oficina en Caracas decida lo que le conviene o no a Tocuyito, por mencionar nuestro terruño, y, por otro lado, por no ya rodilla en tierra sino tuétano enterrado de muchos funcionarios municipales que no exigen los recursos y competencias que le son propios por vagancia, desinterés, negligencia o todas juntas. 

Si nuestros alcaldes recuperan sus funciones, atribuciones y recursos podrían desempeñar un rol protagónico para combatir la pobreza multidimensional. Por ejemplo, si Tocuyito logra proveer agua a ese 70% de su comunidades que actualmente no la poseen y, además, lograr que su servicio de recolección de desechos funcione lo suficientemente bien como para que no se acumule la basura en las zonas próximas a las viviendas, áreas verdes o cursos de agua. Los beneficios de tales medidas contribuirían a sacar de la pobreza multidimensional a cientos de familias. 

Hoy en día, como lo expone la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2025), 55% de los hogares venezolanos son pobres y, además, también somos absolutamente desiguales, dado que el 20% de la población se apropia del 50% de los ingresos nacionales. El municipio debe tener un papel de primer orden para resolver la pobreza, medir resultados e impacto. Nada de ser mirones de palos ¡Basta de verse el ombligo!

 

Julio Castellanos / jcclozada@gmail.com / @rockypolitica

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