
Esta semana visité a algunos amigos y dirigentes del sector La Pocaterra, en Tocuyito, para conocer sus principales problemas y necesidades. Lo primero que me encuentro son sus calles, con más huecos que asfalto, avergonzando a sus vecinos y comerciantes. En las calles 1, 2, 3, 4, 5 y 6, en las cuales funciona un importante número de empresas, los vehículos deben reducir su velocidad para evitar daños en el tren delantero producto de ese paisaje lunar que se puede percibir ante tantos huecos y desidia gubernamental acumulada.
Los vecinos me revelan que también está fallando la iluminación pública, hay puntos en los que las calles se vuelven una auténtica boca del lobo, lo cual inhibe a las personas para salir de sus casas en ciertas horas. Tanto el deterioro de la vialidad como las deficiencias del alumbrado público afectan la normal circulación de personas, de vehículos y del transporte público. El incentivo de una ciudad hostil es a permanecer en casa, un incentivo interseccional claramente porque quienes se ven mayormente constreñidos en su derecho a la ciudad son los niños, niñas y adolescentes, las mujeres, los adultos mayores o las personas con alguna discapacidad.
Entre los Objetivos del Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas se encuentra la meta 11.2 que obliga a los gobiernos a “proporcionar acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles para todos y mejorar la seguridad vial, en particular mediante la ampliación del transporte público, prestando especial atención a las necesidades de las personas en situación de vulnerabilidad, las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas de edad”. ¿Qué tan cerca o lejos estamos de cumplir esa meta? Mi respuesta es clara, al menos en lo que respecta a La Pocaterra, estamos a años luz.
Es necesario que las autoridades competentes respondan a las necesidades de la población y, además, adecuar la ciudad a los nuevos estándares urbanísticos. Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a la ciudad y los gobernantes a nivel nacional, regional y local deben estar al tanto de lo que implican esas obligaciones. Sabemos que para la actual administración municipal eso es “mucho camisón pa’ Petra” pero el mañana debe darnos esperanza. Un próximo cambio político debe permitirnos diseñar Tocuyito para que, además de darle el adecuado mantenimiento al equipamiento urbano, también gestionemos con criterios actuales y modernos porque debemos empezar por hablar de ciudades inclusivas, con enfoque de género, con electromovilidad, pensadas para la calidad de vida y ecológicamente sostenibles. No es un sueño, es lo que merece Tocuyito.
Julio Castellanos / jcclozada@gmail.com / @rockypolitica



