
Iniciemos hoy haciendo un repaso en los límites que existen en regenerar la credibilidad estratégica de EE.UU.:
1) Todos los que me leen desde hace años saben bien que la credibilidad estratégica de EE.UU. ha venido en caída libre desde hace ya mucho (vean todo lo que sobre ese proceso he publicado) y tocó fondo (último subsuelo) con el tristemente recordado “estadista” Biden y su desastroza administración.
2) En la vorágine que tomó la administración Trump desde hace un año, se ha hecho un esfuerzo enorme, y en ciertos aspectos exitoso, por revertir esa tendencia, siendo a mi juicio los principales estos: Salirse de la trampa cobeligerante en la guerra europea y operar como un mediador; apoyar decisivamente a Israel en la destrucción de la capacidad nuclear de Irán; comenzar a construir una cadena de suministros segura para afrontar los desafíos de la Guerra Fría 2.0; hacer sentir con claridad a Europa que no son prioridad estratégica hoy; concentrar el esfuerzo en las Américas; avanzar en el establecimiento de un modus vivendi con Rusia y China que aleje toda perspectiva de escalada a la guerra con ellos; generar una asociación de países que evidencien que la ONU está muerta.
3) En el marco de regenerar la credibilidad estratégica hay limitaciones prácticas que el propio Trump ha dejado entrever al traer el recuerdo del desastre de la invasión a Irak: EE.UU. no puede ingresar a guerras que no tienen un final posible favorable, esto último era parte de la “doctrina” de Colin Powell antes de ser Secretario de Estado de Bush hijo y tirar a la basura sus más que sabios consejos.
4) Lo que hemos descrito nos lleva irremediablemente a lo que EE.UU. hizo en Yemen en 2025 y lo esperable en Irán: En Yemen la administración Trump desató una paliza que el “estadista” Biden nunca llevó adelante, pero a continuación de la misma llegó a un acuerdo con los Houties y se desentendió del asunto. Entendía claramente que “solucionar” Yemen implica una larga guerra con tropas en el terreno y un final “feliz” incierto o imposible. En Irán sucede algo similar a Yemen pero con un potencial mucho mayor para el desastre; claramente poner tropas terrestres allí es una quimera, pero además en Irán no hay indicios de una escisión de la guardia revolucionaria (las SS del régimen de los criminales ayatolas) ni de las FF.AA. (una suerte de Cenicienta totalmente destruidas desde 1979). A esto sumarle que no aparece con claridad algo en condiciones de hacerse del poder con la caída del régimen y que evite tanto una guerra civil (como en Irak) o un proceso centrífugo de disgregación del país (de esto he venido advirtiendo de la zona del Baluchistán, frontera con Pakistán). Esto hace que las opciones en Irán se limiten a lo “posible” mientras se trabaja por otras vías en lo “deseable”. Lo posible es obligar por la fuerza de las armas a los ayatolas a terminar su desarrollo nuclear a futuro. Lo deseable pasa por acciones especiales de inteligencia (algo que horroriza a tantos ignorantes opinadores) que sigan debilitando al régimen, elimine ciertos personajes y abra el camino a otros que se hagan del poder a largo plazo.
5) Contrariamente a lo que la ignara izquierda y el siempre estúpido progresismo hispanoamericano creen, Trump no busca la guerra. Usa el instrumento militar para obtener situaciones políticas que permitan mejorar su credibilidad estratégica pero sin que ello jamás lo arrastre a nuevos Afganistán o Irak y mucho menos a una escalada hacia una Tercera Guerra Mundial. Veremos si esto sale bien. Espero que sí, porque si EE.UU. no recupera credibilidad estratégica, Occidente estará irreversiblemente perdido, algo esto último que es el sueño de la nefasta izquierda woke occidental y sus hermanastros bobos del nacionalismo latinoamericano.
En otro orden de ideas, el pasado domingo 8 de febrero se celebraron elecciones en Japón, en las cuales el Partido Liberal Democrático de la Primer Ministro Sanae Takaichi obtuvo una contundente victoria que le otorga 316 de los 465 escaños del Parlamento nippon, una abrumadora mayoría que legitima el giro hacia una derecha conservadora que ha dado el Japón y las políticas que la Primer Ministro ha venido adelantando desde la asunción al cargo en octubre del pasado 2025. Entre estas políticas se incluye la reafirmación y aceleración del rearme militar adelantado por Tokio desde hace ya unos cuatro lustros para hacer frente a las crecientes amenazas militares en la cuenca del Pacífico, y que tienen como punto máximo la puesta en servicio antes de 2030 de dos poderosos portaaviones de la Clase Izumo (algo inédito desde el fin de la Segunda Guerra Mundial) que operarán flotas de cazas stealth F-35B norteamericanos.
Ahora bien, mayor legitimidad al rearme japonés puede implicar dos cosas: La primera es un aceleramiento en el proceso de polarización del Indo Pacífico, donde TODOS (menos Corea del Norte) ven a China como la amenaza principal. La segunda, concatenada a la primera, es que a China se le achica la ventana de ir a por Taiwán. Mientras más pase el tiempo, más costo tendrá para ellos meterse en un conflicto bélico abierto contra la constelación de aliados estadounidenses en el Pacífico. Mientras eso no cambie, China también sabe que no puede proyectar poder más allá de la denominada “primer cadena de islas” (Corea del Sur, Japón, Taiwán, Filipinas). También por ello creo que Taiwán, con el pasar de los años (muchos), pasará a ser más un escenario de guerra comercial/bloqueo naval/ciber que uno de enfrentamiento militar convencional. Tema para desarrollar en extenso otro día.
@J__Benavides
