
¡Eres arrechito, carajito!
Esta historia es verídica, la puedes investigar y confirmar, parecerá un relato cimarrón de la novela regionalista de Gallegos, pero no lo es. Inicio: yo acababa de comprar un terreno en las costas de Todasana y mientras exploraba sus empinadas laderas se me acercó un viejo, me amenazó y gritó que me saliera de ahí, que esa era su propiedad. Me negué a salir y le respondí que según los documentos que me fueron entregados estaba caminando en mi pertenencia, que no me iría.
Me sacó una pistola y me advirtió que si no me iba de su propiedad dispararía. Le dije que apuntara bien, porque si fallaba yo lo iba a liquidar, pero con mis manos.
“Eres arrechito, carajito –me dijo socarronamente– “¿cómo te llamas?” “Gustavo Tovar Arroyo –contesté– ¿y usted?”
Luis Correa, el guerrillero
Le pareció curioso que un “burguesito” como yo aceptase el reto que me impuso. Desde ese día nos hicimos amigos. Luis había sido guerrillero y me contó que fue uno de los que atacó el Tren del Encanto. De hecho, me confió que Petkoff no había tenido nada que ver en ese atentado terrorista y que por no haber delatado a sus amigos lo habían encarcelado. También me contó de las fugas carcelarias y de la planificación y ejecución por parte de un enigmático personaje llamado “Simón el Árabe” (Fadi Kuri). Fue la primera vez que escuché ese nombre extraído del misterio y la clandestinidad.
Según Correa, el Árabe había sido una suerte de mentor intelectual y operativo de la guerrilla socialista. “Los árabes llegaron en los 60 a Venezuela para facilitar el tránsito al socialismo”, me dijo.
¿Los árabes? ¿Qué árabes? Me contó también de Carlos Zaidán, es decir Zaidán el Aissami, padre de Tareck. Prepárate.
Hugo Chávez, el Nasser venezolano
Antes de referirme a Carlos el Aissami, me referiré al movimiento socialista árabe que lo trajo a Venezuela: el Panarabismo. Fundado por un teniente coronel que se dio a conocer por un golpe de Estado (también fracasó), que era carismático antimperialista, “revolucionario” y militar, que ascendió al poder por elección popular y una vez en él persiguió, torturó y asesinó a opositores, que convirtió al petróleo en arma geopolítica, que admiró a Castro, que promovió el socialismo –árabe– internacional, y que con sus delirios de grandeza arruinó a su Egipto natal, llamado Abdel Nasser: gen original del chavismo.
La semejanza con Chávez no es anecdótica: es escalofriante. Podríamos decir que la revolución chavista fue la adaptación del modelo socialista que Nasser impuso en el Medio Oriente.
Venezuela era un lugar estratégico para atacar a los Estados Unidos y así fue visto, antes que por Irán, por el socialismo árabe de Nasser.
La semilla árabe
Las revoluciones no caen del cielo. Se siembran. Y antes de Chávez, antes incluso del chavismo, hubo árabes que llegaron a Venezuela con una misión precisa. Y aquí viene una revelación mayor derivada del investigador norteamericano Joseph Humire: el origen del socialismo chavista no es cubano, es árabe y fue “sembrado” por Carlos el Aissami, padre de Tareck, que no vino como un migrante cualquiera en los años 60, sino como portador de una encomienda política e histórica: establecer en Venezuela la corriente doctrinaria del panarabismo socialsita del Partido Baaz.
Cuba trajo guerrilla a Venezuela; el baazismo más paciente y letal, trajo insurgencia gradual; no postuló desgastar al Estado desde la montaña, lo hizo desde la entraña militar.
Carlos Zaidán participó en el golpe de Estado del 4 de febrero junto a su discípulo Chávez, él fue parte del ala socialista civil.
El Chacal y Chávez, animales de la galaxia socialista
¿Te has por qué el terrorista más célebre del mundo antes de Bin Laden era el venezolano Carlos el Chacal (Ilich Ramírez)? Pues ya lo sabes, el panarabismo de Nasser y el baazismo vislumbraron en Venezuela un santuario estratégico, no una víctima de su veneno sino su incubadora, para atacar a Occidente y a los EE.UU. y enviaron a sus emisarios, El Aissami y Simón “el árabe” para ejecutarlo. Hugo Chávez y Carlos “el Chacal” son los actores más aterradores de ese libreto antimperialista, antisemita, socialista, corrupto y pro-árabe.
La izquierda venezolana de los 60 imitó a Fidel y fracasó, fue encarcelada por hacerlo. Simón el Árabe los liberó y adoctrinó: “no ataquen a los militares, infíltrenlos”. Y lo hicieron.
Hugo Chávez llegó a decir: “Soy naserista desde niño, soy soldado de Nasser”. Él fue el elegido, su animal de la galaxia socialista.
Socialismo del siglo XXI: el eco socialista árabe
Para Chávez no fue difícil aliarse con el tiránico régimen iraní, le era entrañable. No fue un hecho accidental ni exótico, fue una afinidad ideológica largamente cultivada, fue parte de una diseñada incubación transnacional. Chávez era otro actor del medio oriente, el principal en el mundo Occidental. De ahí su genealogía del terror, de ahí su admiración por Nasser o Arafat, su cercanía a Gaddafi, Hussein, Ahmadinejad, su devoción por Khamenei y su “hermandad” con Bashar al-Assad. Chávez no sólo inventó el odio antiamericano en Venezuela, lo legitimó, expandió y convirtió en política de Estado.
Venezuela, con Chávez y Maduro, con el chavismo en general se convirtió en santuario y arma del socialismo árabe y base de operaciones del terrorismo internacional y de los Ayatolas iraníes.
Ya conoces la prehistoria del terror del socialismo del siglo XXI y vínculo fácil con Irán. Tenían un fin común: la ruina de EE.UU.
Chávez no inventó su “revolución”, la heredó del desierto…
(Continará…)
Gustavo Tovar-Arroyo @tovarr
