![]()
El Canal de Panamá no funciona con tecnología que desafíe la gravedad, sino con la fuerza de la misma, el control del tiempo y el flujo preciso del agua: un sistema que eleva la nave esclusa por esclusa hasta el océano. Lo que María Corina Machado hizo en Panamá no fue solo política, fue un ejercicio de ingeniería estratégica: se posicionó en el centro del continente para accionar las compuertas de un mecanismo diseñado para llevar a Venezuela, de forma irreversible, hacia la transición.
Quienes juzgan la escena desde la pureza moral, escandalizándose al verla junto a políticos de dudosa reputación o historial de traiciones, olvidan cómo funciona un canal. Las esclusas no se construyen con agua destilada; se construyen con el cauce real del río, incluyendo el lodo y las corrientes del terreno. Al integrar a estos actores, Machado no solo evita el desbordamiento destructivo que históricamente hundió a la oposición, sino que permite que el lodo se asiente mediante la presión del mismo sistema. Al amarrarlos al mecanismo, reduce la tentación de la traición y neutraliza el sabotaje desde adentro, estableciendo un duopolio estratégico donde todos deben coordinarse bajo su liderazgo para cruzar el istmo.
Este mecanismo está sincronizado con la hoja de ruta geopolítica —Estabilización, Recuperación y Transición— y las presiones domésticas. Es un mensaje claro: la corriente cambió y el nivel del agua sube. Además, su gestión de los tiempos es brillante: los 7 a 9 meses planteados no son azar, sino el llenado gradual de las cámaras. Si se hace con prisa, la turbulencia hunde la embarcación; esta pausa permite que disminuya el miedo, se desmantele el aparato represivo y la diáspora se organice. Es la paciencia del ingeniero que evita que los fusibles se quemen antes de la meta.
Aun así, la estrategia contempla la imprevisibilidad. Ante un eventual “cisne negro” o vacío de poder, el equipo está listo para operar las esclusas a máxima velocidad, con la capacidad técnica de tomar el control del timón en una ventana de 24 a 48 horas.
Lo que presenciamos en Panamá no fue el fin del viaje, sino la prueba de que hoy existe un diseño de alta ingeniería. El barco ya entró al canal, las esclusas se abren y el nivel del agua no dejará de subir. La jornada reveló la brillantez estratégica de Machado y su equipo: no operan con la improvisación del político común, sino con el rigor de quienes calibran cada engranaje. Mantienen las manos firmes en los controles, asegurando que la maquinaria de la libertad sea una obra hidráulica perfecta, indetenible y calculada al milímetro que ya está elevando al país hacia su destino final.
Vamos por más…
@jgerbasi
La noticia no descansa y nosotros tampoco
