jueves 12 de febrero 2026
VenezolanosHoy
Gehard Cartay RamírezOpinión

Gehard Cartay Ramírez: La redemocratización

En medio de este ambiente surrealista que impera en el país luego del tres de enero pasado, no deja de llamar la atención que la redemocratización sea la tercera prioridad después de lo que han llamado “la estabilización política” y “la recuperación económica y financiera”, todo ello de acuerdo con lo anunciado por el gobierno de Estados Unidos y sus nuevos adláteres venezolanos.

Admitamos que hay que tomar medidas para estabilizar la situación política interna, así sea con los mismos factores que la dislocaron y violentaron desde hace más de dos décadas. Admitamos también que la recuperación de la economía venezolana tampoco puede esperar, así sea con la participación -iba a decir “colaboración”, pero no vale este término por su carga positiva- de los mismos factores que la destruyeron en tiempo recientes.

Pero la redemocratización no puede estar en el último lugar de esas tres prioridades anunciadas, entre otras cosas porque las dos primeras sólo podrán concretarse plenamente con la ejecución simultánea de la tercera, que no puede, en modo alguno, ser aplazada o condicionada al cumplimiento de las otras. De ninguna manera. Y porque, aparte de los inversionistas que pueda enviar ahora el gobierno de Trump, la gran mayoría no vendrá si no existen en Venezuela garantías absolutas para su capital y sus empresas, vista la situación que algunos de ellos sufrieron en años anteriores, cuando el “exprópiese” del extinto caudillo militar resumía la política del régimen frente a las inversiones extranjeras y el capital privado.

Además, y esto es lo más importante, los venezolanos aspiran un cambio de verdad y no uno “gatopardiano” -por aquello de que “es necesario que todo cambie para que todo siga igual”. Sería absurdo que las cosas continuaran como están y que los culpables de la ruina del país lo siguieran conduciendo, así sea como un nuevo protectorado yanqui. No se justificaría de ninguna manera, aunque, desde luego, se entiendan las razones trumpistas para que no caigamos en la anarquía y porque, al fin y al cabo, toda posible transición opera entre los que se van y los que vendrán, tal como lo ha demostrado la historia casi siempre.

La gente observa con natural desconfianza la farsa de la amnistía que proponen el régimen y sus aliados “opositores” y teme que continúe la represión policial y judicial. Razones de sobra existen al respecto, de modo que tal vez esta situación no necesita mayores abundamientos. Pero una amnistía de verdad no discrimina ni selecciona y menos califica a quienes va a beneficiar, tal como lo han advertido destacados penalistas, y mucho menos significa un perdón por delitos que no se han cometido, aunque hayan sido “juzgados”. Tampoco puede ignorar la necesidad de indemnizar a las víctimas y castigar a los culpables de crímenes de lesa humanidad.

Creo que hay que entender, en paralelo, que estamos ante un proceso complejo, que tiene sus tiempos y aristas de cuidado. No se está exigiendo que de manera automática se restablezca el estado de Derecho y la redemocratización y reinstitucionalización de Venezuela. No creo que alguien sea tan ingenuo para plantearlo en estos términos. Pero, ciertamente, hay mucho que hacer para que la posible transición no se demore más de lo debido, a los fines -insisto- de que los objetivos de estabilizar la situación política y mejorar el cuadro económico y financiero del país puedan avanzar sin mayores problemas.

Pero nada de esto puede significar que vayamos a una provisionalidad prolongada y bellaca, que nada resolvería y podría agravarlo todo pues enfrentaría a una opinión pública que mayoritariamente la rechaza. Estamos en un punto de inflexión histórico y desconocerlo traería más inconvenientes que soluciones. Y, por cierto, la marcha de ese proceso sólo podemos marcarla los venezolanos, dicho sea esto sin desplantes de ningún tipo. Luego vendría necesariamente la sincera reconciliación y la verdadera unión entre nosotros. No antes.

Y en este aspecto, la soberanía nacional expresada el 28 de julio de 2024 no es un asunto menor, al que algunos quieren descartar y hasta negar. Todo lo contrario: se trata de un hecho trascendental y, por tanto, histórico, que de ninguna manera se puede obviar.

Related posts

Trino Márquez: ¿La primavera venezolana?

Prensa venezolanoshoy

Luis Alberto Perozo Padua: Simón Bolívar en el portal de la Catedral de San Mateo el Apóstol en Washington D. C.

Prensa venezolanoshoy

Venezuela después de Maduro: lecciones de 1958, Noriega e Irak, por Alfonzo Bolívar

Prensa venezolanoshoy