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martes 10 de marzo 2026
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Fredy Rincón NoriegaOpinión

Fredy Rincón Noriega: El 3E y las Fanb

La operación del 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión en la evolución del estamento militar venezolano. Esa madrugada dejó al descubierto limitaciones estructurales de una institución agotada en su misión. La capacidad operativa resultó inferior a la declarada y la vulnerabilidad defensiva se hizo patente.

Al día siguiente retomé un libro leído a comienzos de la década de 1980. Norman Dixon, psicólogo británico y veterano de la Segunda Guerra Mundial, estudió la psicología de la incompetencia militar. En su obra principal examinó un siglo de tropiezos en conflictos diversos y encontró un patrón recurrente. Las instituciones castrenses tienden a seleccionar y promover mandos por obediencia, conformidad jerárquica y lealtad política antes que, por capacidad profesional, lo cual erosiona la eficacia operativa de la corporación.

Esa lógica, por lo general, produce oficiales más atentos a preservar su posición que a enfrentar los retos con rigor. Cuando los procedimientos defectuosos no se corrigen, la eficacia de cualquier fuerza armada termina comprometida. Dixon no busca culpables individuales. Estudia y analiza escenarios bélicos en los cuales participó directamente. A partir de esta reflexión ofrece herramientas para comprender qué puede salir mal y cómo evitarlo. Aprovecho para recomendar su lectura a quienes se interesan en el tema militar.

Los recursos declarados no guardaron relación con los realmente disponibles. Modelos de aeronaves, radares y blindados incluidos en inventarios oficiales mostraron niveles de operatividad reducidos. No es posible, por ahora, determinar si permanecían inactivos por mantenimiento, si habían alcanzado obsolescencia o si estaban definitivamente inservibles. Lo que sí puede afirmarse es la existencia de un déficit significativo en capacidad operativa.

Lo anterior me lleva a destacar otro rasgo estudiado por Dixon. Se trata de la resistencia institucional a recibir información negativa. Es posible que advertencias oportunas sobre baja disponibilidad de aeronaves, fallas en radares y deterioro del entrenamiento jamás llegaran al responsable final de tomar decisiones y subsanar a tiempo los déficits acumulados. Eso incidió sin duda en la evaluación de riesgos. Pero conocida hoy la dimensión y el alcance de la operación «Resolución Absoluta», esas medidas habrían resultado insuficientes. Como lo declaró esa misma noche Donald Trump, ningún país del planeta tenía capacidad para ejecutar con éxito ese operativo. Tampoco para impedirlo. Solo Estados Unidos poseía esa posibilidad.

Conviene volver a los hechos de aquella madrugada y a sus implicaciones estratégicas. André Beaufre, oficial francés y uno de los grandes teóricos del siglo XX, sostiene en su obra más influyente que la disuasión no solo depende del volumen y calidad del armamento. Exige que sea acompañada de tres condiciones simultáneas. Capacidad militar real. Voluntad política demostrada. Mando profesional creíble. Basta con que una de ellas falle para que el arsenal más numeroso y moderno pierda su valor defensivo.

Venezuela invirtió durante años en sistemas de armas avanzados. Defensa antiaérea estratificada. Aviación de combate. Blindados modernos. Sin embargo, esa capacidad promocionada no se tradujo en eficacia real. Los sistemas no respondieron con la coordinación prevista. La sorpresa fue completa. La iniciativa estratégica de los atacantes desbordó el potencial defensivo y anuló cualquier respuesta efectiva.

Como hemos dicho antes, el colapso defensivo se debió al empleo de guerra electrónica avanzada, capaz de cegar radares y bloquear comunicaciones sin disparar un proyectil. El reto planteado entonces es superar estas vulnerabilidades. Se requiere personal altamente calificado en el manejo de equipos y competente para desarrollar software propio. Se debe adoptar una nueva doctrina que priorice la capacidad operativa real y la integración técnica sobre la simple exhibición de fuerza, centrada en la efectividad del combate en lugar de la apariencia disuasoria.

La reacción institucional se limitó a comunicados oficiales y a despliegues defensivos en puntos estratégicos. No aparecieron contramedidas ofensivas ni respuesta simétrica. Las instalaciones críticas quedaron sin protección efectiva. La llamada Milicia Nacional Bolivariana ilustró esa dinámica. Amén de su incompatibilidad con la Constitución, por su carácter partidista y ausencia de formación profesional, ese cuerpo mostró limitaciones para tareas defensivas complejas. Desde la perspectiva de Beaufre, una milicia sin credibilidad profesional carece de valor disuasivo. Desde la óptica de Dixon, su proliferación refleja la sustitución de calidad por cantidad. Ambos autores coinciden en señalar que la ineptitud militar rara vez es accidental. Es consecuencia previsible de decisiones institucionales equivocadas.

Los acontecimientos de enero abrieron un debate político y moral. El oficialismo difundió una narrativa de sacrificio patriótico y exaltó la memoria de los militares caídos durante la extracción de Maduro y su esposa. Presentó el episodio como prueba de resistencia frente a una potencia extranjera. Otros sectores ofrecieron una interpretación distinta. Analistas cercanos a la oposición y a la reserva activa observaron la ausencia de una resistencia sostenida. Algunos interpretaron esa ausencia como forma de lealtad pasiva hacia un cambio político inminente. Bajo esa lectura, la negativa silenciosa de ciertos mandos a ejecutar órdenes habría respondido a un cálculo institucional orientado hacia una transición democrática.

Cualquiera sea la interpretación final, los hechos revelaron una fuerza armada con disonancia entre obediencia política y responsabilidad profesional. El daño no fue solo operacional. También alcanzó el plano moral. El honor militar, entendido como principio de servicio institucional, quedó comprometido.

La reconstrucción de la capacidad disuasiva exige partir de ese diagnóstico. Beaufre señaló el camino. La disuasión se funda en credibilidad verificable. Dixon advirtió sobre el principal obstáculo. La reforma decisiva no es solo tecnológica ni presupuestaria. Es cultural. Implica modificar criterios de selección, ascenso y formación dentro de la institución.

Venezuela posee antecedentes históricos de esa transformación. Entre 1961 y 1998 funcionó una fuerza armada subordinada al poder civil y respetada en el ámbito profesional. Ese precedente demuestra la posibilidad de reconstrucción institucional. La experiencia histórica ofrece lecciones prácticas. Ascensos por mérito. Formación profesional continua. Evaluación objetiva de capacidades. Rendición de cuentas institucional.

La disuasión perdida requiere mando profesional, doctrina actualizada y ascensos basados en mérito. Una fuerza creíble surge cuando sus integrantes respetan su misión y cuando sus adversarios reconocen su capacidad real. Ese objetivo constituye uno de los desafíos centrales del presente venezolano.

En definitiva, la operación del 3 de enero expuso fallas profundas. La respuesta exige reformas estructurales. Selección y promoción por mérito. Modernización doctrinaria. Protección ante amenazas electrónicas. Transparencia en inventarios y disponibilidad. Sin esos cambios, la Fuerza Armada seguirá siendo una institución vulnerable. La reconstrucción es posible. Requiere voluntad política, liderazgo profesional y compromiso con la misión institucional.

DIXON, Norman F. (1977). Sobre la psicología de la incompetencia militar. España Editorial Anagrama, 554p.

BAUFRE, André (1978). Estrategia de la Acción. Buenos Aires. Edit. Pleamar, pp. 166.

——–. (1964) Disuasión y estrategia. Buenos Aires, Edit. Pleamar, 239p.

@ferinconccs

 

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