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Lo que pasó con Víctor Quero y su madre, Carmen Navas, es el retrato del régimen que hoy se trata de teñir vulgarmente de azul pidiendo sin vergüenza, con desparpajo y con un cinismo de dimensiones dantescas olvidar y perdonar.
Víctor Quero, desaparecido tras 16 largos meses de agonía para su señora madre, una mujer de 82 años que lo buscó con desesperación desde enero de 2025, murió en custodia del Gobierno venezolano luego de ser detenido por encapuchados de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) y acusado por los cargos de terrorismo, financiamiento al terrorismo, asociación para delinquir, traición a la patria y conspiración, vinculándolo supuestamente con la CIA, el Centro Nacional de Inteligencia de España e Iván Simonovis.
Luego de tantas presiones, de meses de búsqueda infructuosa, los verdugos decidieron hacer pública, como si nada, su muerte. Según el Ministerio para los Servicios Penitenciarios, el deceso ocurrió el 24 de julio del mismo año de su secuestro, sin embargo, por 16 meses le mintieron a la señora Teresa Navas a quién, como decimos coloquialmente, la pelotearon en distintos centros penitenciarios del país negando que Quero se encontrara recluido en sus instalaciones. Fueron meses de tortura psicológica para la madre del preso político, conociendo la verdad, meses de sadismo, de burla revolucionaria sabiéndose dueños de una justicia que ellos mismos dictaban a su conveniencia y que si no fuera por el 03 de enero, seguiría tal cual.
El régimen no demostró su cara criminal, esa ya la había mostrado por 27 años, ratificó que el desprecio por la vida de los venezolanos es total, que la maldad corre por sus venas, no importa cuán azul quieran teñir la oscuridad de sus actos y de sus almas.
No hay perdón de Dios para lo que hicieron.
Atentamente;
FERNANDO PINILLA
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