
Las evidencias de que los compuestos alucinógenos parecen «resetear» mentes castigadas por la depresión o la adicción son cada vez más sólidas. Sin embargo, el mecanismo exacto que provoca esa mejoría sigue siendo objeto de debate entre psiquiatras y neurólogos. Una nueva investigación, publicada esta semana en la revista ‘Nature Communications’, ha logrado aportar una evidencia sin precedentes: una única dosis de psilocibina —el principio activo de los hongos alucinógenos— provoca cambios anatómicos en el cerebro humano que persisten hasta un mes después de la experiencia.
Por ABC
El hallazgo, realizado por científicos de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) y el Imperial College de Londres, sugiere que el «viaje» psicodélico no es un mero efecto secundario, sino el motor del cambio terapéutico. Los investigadores han logrado trazar una línea directa entre el aumento de la diversidad de la actividad neuronal durante la toma y la capacidad del paciente para ganar perspectiva sobre su propia vida semanas después.
El rastro del viaje psicodélico
Para desentrañar este proceso, el equipo trabajó con 28 voluntarios sanos que nunca habían consumido psicodélicos. En una primera fase, los participantes recibieron una dosis ínfima de un miligramo, utilizada como placebo, mientras eran monitorizados con electroencefalogramas (EEG). Semanas después, se enfrentaron a la dosis terapéutica de 25 miligramos, suficiente para desencadenar una experiencia más profunda. El contraste en las imágenes cerebrales fue revelador.
Apenas una hora después de la ingesta, el cerebro de los voluntarios mostró un aumento significativo de lo que los científicos denominan «entropía», un estado donde la actividad neuronal se vuelve más rica, diversa y menos predecible. Robin Carhart-Harris, catedrático de Neurología en la UCSF y autor principal del estudio, explica que la palabra psicodélico significa literalmente «revelador de la psique». Según el investigador, los datos demuestran que esas experiencias de introspección están relacionadas con una calidad entrópica de la actividad cerebral, y que ambos factores son fundamentales para provocar mejoras posteriores en la salud mental.
Una arquitectura neuronal más densa
Lo que más ha sorprendido a la comunidad científica no es solo lo que ocurre durante el pico de la sustancia, sino lo que queda cuando el efecto desaparece. Un mes después de la sesión, los investigadores utilizaron imágenes de tensor de difusión o DTI (una técnica avanzada de resonancia magnética) para analizar la integridad de los tractos neuronales, las autopistas de comunicación del cerebro. Los resultados mostraron que estas conexiones se habían vuelto más densas y robustas, un fenómeno que es exactamente el opuesto a lo que ocurre con el envejecimiento, donde estas vías tienden a volverse más difusas.
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