
En un acto cargado de indignación, miembros del Movimiento Estudiantil de la Universidad de Los Andes se concentraron este lunes 18 de mayo frente a la sede del Rectorado de esta casa de estudios en la ciudad de Mérida.
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Allí levantaron su voz de protesta para exigir justicia ante el trágico fallecimiento de la señora Carmen Teresa Navas, madre de Víctor Hugo Quero Navas, así como para reclamar fe de vida y la libertad plena para todos los presos políticos en Venezuela.
Durante la manifestación pacífica , los estudiantes guardaron un minuto de silencio en memoria de la señora Navas, cuya fotografía y dolorosa historia se han convertido en un trágico símbolo de la desaparición forzada de venezolanos que luego aparecen presos o muertos en el país.
Además, los jóvenes se arrodillaron sobre el pavimento y plasmaron en el suelo y en las paredes huellas de manos pintadas de rojo, una cruda analogía de la represión y la tortura por parte del régimen chavista.
A través de pancartas con mensajes lapidarios como “El perdón no se pide con las manos llenas de sangre”, “El pueblo sabe quién nos mata” y “Si tu madre fuese Carmen, ¿qué sentirías? No seas indiferente”, los universitarios denunciaron las precarias condiciones físicas y emocionales que sufren los familiares de los presos políticos.
Milagros Hernández, coordinadora general del movimiento Futuro Académico Universitario (FAU), dijo durante concentración que “esta acción no es solo para exigir justicia por la dolorosa muerte de la señora Carmen y por el respeto a los derechos de su hijo Víctor Hugo, sino también para mantener viva la exigencia por la libertad plena de todos los presos políticos en Venezuela”.
Advirtió que el día de mañana, cuando se conquiste la libertad, la nación no estará completa si faltan ellos y si se olvidan los crímenes cometidos.
Al cierre de la manifestación pacífica, la juventud ulandina selló la protesta con una oración por la libertad del país y bajo la consigna “prohibido olvidar, prohibido dejar de luchar”, exhortó a la sociedad civil merideña a no normalizar el dolor de las familias separadas por motivos políticos, asegurando que las universidades y las calles seguirán siendo espacios de resistencia frente a las injusticias.
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