
Rory Branker, editor y periodista de La Patilla, permanece detenido arbitrariamente desde que funcionarios del Estado venezolano lo detuvieron el pasado 20 de febrero de 2025 mientras transitaba en Caracas.
Hoy, 20 de enero de 2026, se cumplen 11 meses desde aquel momento, y mientras muchos de sus colegas han sido excarcelados y corren de regreso a casa con sus familiares y amigos, él continúa tras las rejas.
¿Por qué él sigue preso? ¿Por qué no liberan a Rory?
Durante meses no hubo información oficial sobre su paradero ni sobre las condiciones en las que se encontraba; familiares y amigos le buscaron desesperadamente por los distintos centros de detención, mientras el Colegio Nacional de Periodistas, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, organizaciones de derechos humanos (como JEP, CLIPPVE, Un Mundo Sin Mordaza entre otras) y activistas de DDHH denunciaron firmemente y sin descanso su desaparición forzada.
En agosto de 2025, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dictó medidas cautelares a su favor al advertir un riesgo grave y urgente para su vida e integridad, y pidió al Estado venezolano precisar si estaba bajo custodia, informar dónde se encontraba y permitir el contacto con su familia y sus abogados. La ONU y Amnistía Internacional también alzaron la voz con fuerza por su caso.
Más de medio año después de su detención, sus familiares informaron, a través de un comunicado, que Rory había sido ubicado en los calabozos de la Policía Nacional Bolivariana, en la llamada “Zona 7” en Caracas, confirmando que todo ese tiempo estuvo bajo control estatal pese al hermetismo.
Posteriormente, y tras fuertes dificultades familiares y una terrible opacidad legal, Rory fue sometido a dos traslados arbitrarios sin notificación. Finalmente, fue llevado al Centro Penitenciario de Aragua (Tocorón), donde se encuentra actualmente.
Enero 2026: Comienzo de las liberaciones
Mientras tanto, enero de 2026 marcó un giro para otros comunicadores: al menos entre 19 periodistas y trabajadores de la prensa fueron liberados de distintos centros de reclusión, entre ellos Roland Carreño, Carlos Marcanos, Carlos Julio Rojas y otros reporteros y camarógrafos detenidos en el contexto de la criminalización del trabajo informativo.
Las imágenes de los reencuentros y las primeras declaraciones de los excarcelados recorrieron redacciones y redes, pero también dejaron un vacío evidente: el nombre de Rory Branker no apareció en ninguna de las listas de liberados.
Hasta ahora no existe una explicación pública de por qué su caso quedó fuera de estas excarcelaciones ni un argumento jurídico transparente que justifique que él siga tras las rejas mientras otros colegas recuperan la libertad.
¡Liberen a Rory, es inocente!
Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, la Federación Internacional de Periodistas, la ONU, la CIDH, la RE CIDH, Amnistía Internacional y diversas ONG venezolanas coinciden en que la detención de Rory, su desaparición inicial y su permanencia en prisión constituyen una violación grave de derechos humanos y un mensaje de intimidación dirigido a todo el periodismo en Venezuela.
Por eso, mientras se celebra que varios comunicadores hayan salido de la cárcel, crece al mismo tiempo la exigencia de respuestas:
¿Por qué no liberan a Rory? ¿Por qué permanece detenido? ¿Quién está impidiendo que regrese a casa? ¿Por qué el poder parece decidido a mantenerlo tras las rejas?
No descansaremos hasta que Rory recupere su libertad. Su caso seguirá siendo una herida abierta y la prueba más incómoda de que la ofensiva contra la prensa en Venezuela no ha terminado.
