lunes 18 de mayo 2026
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El régimen y su red de mentiras: Así eliminaron la identidad venezolana a Alex Saab tan rápido como se la fabricaron

La Patilla

 

La deportación de Alex Saab a Estados Unidos terminó abriendo una grieta incómoda dentro del aparato chavista. Las declaraciones de Diosdado Cabello intentando desconocer la nacionalidad venezolana del empresario colombiano dejaron en evidencia una cadena de contradicciones oficiales que ahora golpean directamente a instituciones controladas por el propio régimen.

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Durante una rueda de prensa, Cabello aseguró que Saab “no es venezolano” y sostuvo que el empresario utilizó “una cédula falsa” desde 2004. “Siempre presentó una cédula venezolana que no es una cédula legal, que no tiene ningún tipo de sustento en el Saime”, afirmó el dirigente chavista.

El problema para el chavismo comenzó apenas terminó la declaración. Si Saab portaba una identificación “fraudulenta” desde hace más de dos décadas, la pregunta inevitable apunta a cómo logró convertirse en ministro del régimen, participar en negociaciones internacionales en representación del Estado venezolano y hasta votar públicamente en las presidenciales de 2028 sin que ninguna autoridad detectara la supuesta irregularidad.

Además, Saab no solo poseía documentos ordinarios. Durante años utilizó pasaportes venezolanos emitidos oficialmente por el mismo Saime, incluyendo al menos un pasaporte diplomático otorgado bajo el mandato de Nicolás Maduro. La nueva narrativa de Cabello deja bajo sospecha directa a los organismos de identificación controlados históricamente por el chavismo, y más teniendo en cuenta que el Saime depende directamente del Ministerio de Interior, Justicia y Paz que controla el número dos del Psuv desde el 2024.


Tampoco queda claro quién asumirá responsabilidades dentro del aparato estatal. Si Saab operó durante años con documentos presuntamente falsos, el caso comprometería a funcionarios del Saime, Cancillería y organismos de inteligencia que lo protegieron, lo exhibieron como diplomático y hasta impulsaron campañas internacionales exigiendo su liberación cuando fue arrestado en Cabo Verde en 2020.

De hecho, el chavismo pasó años construyendo una narrativa heroica alrededor de Saab. Caracas se llenó de murales, pancartas y propaganda oficial exigiendo “Libertad para Alex Saab”, mientras el régimen lo presentaba como “enviado especial” y víctima de una persecución estadounidense.

Sin embargo, tras la captura de Maduro y el ascenso de Delcy bajo el nuevo esquema de tutelaje político impulsado desde Washington, el empresario colombiano pasó de “diplomático revolucionario” a simple “ciudadano extranjero” deportado por estar incurso en la comisión de diversos delitos que son “públicos, notorios y comunicacional”.

La propia Delcy intentó justificar públicamente la entrega de Saab a Estados Unidos asegurando que se trató de una “medida administrativa” tomada por razones de Estado. “Alex Saab es un ciudadano de origen colombiano, cumplió funciones en Venezuela y son asuntos entre Estados Unidos de Norteamérica y Alex Saab. Y nosotros, bueno, hicimos una medida administrativa de deportación justificada en los intereses nacionales”, declaró.

Además, la sucesora de Maduro insistió en que todas las decisiones tomadas por el régimen desde el 3 de enero responden a “los intereses de Venezuela”. “No pensamos en otra cosa que no sean los intereses, los derechos de Venezuela, proteger a nuestro país”, afirmó Delcy en medio del creciente malestar dentro de sectores chavistas que durante años defendieron a Saab como “diplomático venezolano”.

El viraje fue tan abrupto que sectores del chavismo comenzaron a eliminar antiguas publicaciones donde defendían públicamente a Saab. Varias cuentas oficialistas borraron mensajes, imágenes y campañas relacionadas con el empresario, intentando desmarcarse rápidamente de quien durante años fue presentado como pieza clave del aparato económico del régimen.

Pero antes de que eso ocurriera, el silencio oficial sobre el paradero de Saab era cada vez más extraño. Durante semanas, el chavismo evitó confirmar su detención. Incluso Jorge Rodríguez esquivó preguntas sobre el tema en febrero y evitó aclarar dónde se encontraba realmente el empresario colombiano.

Entretanto, Cabello intentó justificar la deportación alegando que Venezuela “no podía negarse” a entregar a un ciudadano extranjero investigado por la justicia estadounidense. “No es venezolano y no hay ningún documento que respalde que es venezolano”, insistió, pese a las pruebas que evidencian lo contrario.

Así, el número dos del régimen también afirmó que Saab “no se acordaba” de su número de cédula cuando fue interrogado y aseguró que existen investigaciones sobre “fraudes de todo tipo”. Pero el dirigente chavista evitó responder quién permitió durante años que ese supuesto fraude avanzara hasta convertir al empresario en figura central del aparato económico chavista.

La deportación de Saab terminó convirtiéndose así en algo más profundo que un simple procedimiento judicial. El caso dejó al descubierto las contradicciones internas de un régimen que primero construyó un mito político alrededor del empresario y ahora intenta convencer al país de que nunca fue realmente uno de los suyos.

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