
El canciller del chavismo, Yván Gil, corrió este jueves 22 de enero a reunirse con el embajador de Vladimir Putin en Caracas, Sergey Mélik-Bagdasárov, para buscar un poco de oxígeno diplomático y agradecer el «pataleo» de Moscú tras la extracción de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses.
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A través de su cuenta en Telegram, el funcionario de la cúpula roja intentó vender el encuentro como una discusión sobre la «alianza de solidaridad» entre ambas naciones. En representación del tambaleante «gobierno bolivariano», Gil expresó su gratitud por lo que calificó como una defensa rusa de los principios de la ONU, aferrándose al viejo discurso de la «no injerencia» para condenar las acciones que sacaron a Maduro del poder.
Gil no perdió la oportunidad para victimizarse y manifestó su reconocimiento al rechazo del Kremlin ante lo que el régimen insiste en llamar el «secuestro» de Nicolás y su esposa Cilia Flores. Según la narrativa oficialista, la captura del líder chavista fue un acto ilegítimo, ignorando las acusaciones internacionales que pesaban sobre él.
En medio de la incertidumbre política, el vocero diplomático reafirmó la supuesta «sólida alianza estratégica» con Rusia. Gil aseguró que la cooperación se mantendrá en lo político y económico bajo el marco de la Comisión Intergubernamental de Alto Nivel (CIAN), dejando claro que la amistad con Putin es una de las pocas cartas que le quedan al chavismo en el tablero internacional mientras la «presidenta encargada» intenta mantener el control.
