
El movimiento estudiantil venezolano regresó a la primera línea para defender la democracia tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores hace poco más de un mes. Esto no significa que los jóvenes universitarios hayan dejado de sentir miedo, pero sí les ha permitido retomar las protestas y alzar la voz para exigir una transición política, aún cuando el país está gobernado por una estructura represiva y totalitaria.
Por elnacional.com
Líderes de la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad de Los Andes destacaron a El Nacional sus reclamos por la liberación de los presos políticos y la reinstitucionalización del país como pasos necesarios para reabrir el camino hacia la democracia. También expresaron su disposición a colaborar con distintos sectores políticos y de la sociedad civil solo si eso contribuye con la reconstrucción de un país arrasado por la revolución bolivariana.
Miguelángel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la UCV y uno de los rostros más visibles en esta nueva etapa, afirmó que los estudiantes no callarán nuevamente por miedo a expresar lo que piensan y aseguró que seguirán luchando por la libertad. Agregó que después del 3 de enero existe una oportunidad para recuperar el espacio público y hacer activismo, poniendo a prueba los límites de la represión.
“Hoy por hoy somos coherentes con nuestro accionar y en representar lo que nos caracteriza, que es la lucha por los valores democráticos, por la libertad, por el debate de las ideas y la pluralidad”, dijo el estudiante de 25 años de edad, quien resaltó que se debe garantizar que la Ley de Amnistía propuesta por la presidenta encargada Delcy Rodríguez se aplique de manera efectiva.
Miedo, represión y muerte
Mario López, presidente de la FCU-ULA, destacó que, en diferentes momentos del país, el movimiento estudiantil ha sido históricamente un referente de lucha, no solo en torno a sus reivindicaciones, sino también por los derechos de los ciudadanos. Luego de mucho tiempo, expresó, han dado pasos para vencer el miedo y elevar su voz por “quienes siguen diferentes por pensar diferente”.
Históricamente, los estudiantes no han tenido un camino fácil. Desde los primeros alzamientos contra las dictaduras y regímenes totalitarios del siglo pasado, han asumido una participación trascendental en la defensa de derechos y libertades, aún cuando eran reprimidos y encarcelados. Desde que el chavismo llegó al poder, comenzó la restricción de los espacios de participación, la reducción de la autonomía de las universidades y la pulverización de las libertades de expresión y protesta.
“Nos habían robado la esperanza”
En los últimos 12 años, el protagonismo de los jóvenes en las protestas contra el régimen chavista fue tan notable como doloroso. En las manifestaciones de 2014 y 2017, millones salieron a las calles para exigir un cambio político en medio de una crisis humanitaria devastadora y se enfrentaron a una represión brutal, por parte de organismos del Estado y colectivos armados del chavismo, que dejó centenares de muertos, así como miles de heridos y presos políticos.
Desde entonces, la rearticulación del movimiento había sido casi imposible.
“No podemos negar que el año pasado teníamos mucha frustración, sensación de que esto no iba a cambiar de alguna manera. Nos habían robado la esperanza. Lo que pasó a partir de enero derrumbó la idea de que el país estaba congelado para siempre y quedó claro que sí pueden pasar cosas en muy poco tiempo”, declaró el presidente de la FCU-ULA.
Enfatizó que los presos políticos se convirtieron en un tema central porque no se puede hablar de reinstitucionalización, democratización o transición si aún hay venezolanos tras las rejas solo por expresar su visión y sus ideas. “Ahí el movimiento estudiantil dio un paso al frente: acompañando vigilias, marchando con los familiares, poniendo rostros donde antes solo había cifras”, señaló.
