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sábado 9 de mayo 2026
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El Dilema del Kilovatio: ¿Por qué más petróleo significa menos luz en Venezuela?Opiniónpor David Morán Bohórquez

El Dilema del Kilovatio: ¿Por qué más petróleo significa menos luz en Venezuela?, por David Morán Bohórquez

 

Venezuela enfrenta una paradoja energética que ya no puede ocultarse detrás de narrativas optimistas: la recuperación de la producción petrolera está acelerando el colapso operativo del Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Entre enero y marzo de 2026, según datos OPEP fuentes secundarios, la producción promedio de crudo aumentó de 823 kBD a 988 kBD (+165 kBD). En paralelo, la demanda máxima en la Región Occidente —epicentro de la actividad petrolera— pasó de 2.308 MW a 2.504 MW (+196 MW).

Este incremento no fue absorbido por nueva capacidad de generación. Fue desplazado directamente del consumo residencial y comercial, en un contexto donde el racionamiento nacional ya supera los 1.586 MW (mayo 2026), según la tabla de datos y gráfico elaborados por el energista Nelson Hernández

 

La física del conflicto: un sistema en vasos comunicantes

La narrativa oficial omite deliberadamente la relación termodinámica y electromecánica entre yacimiento y red eléctrica.

El sistema de producción de PDVSA (no solo el yacimiento) experimenta una declinación anual del orden del 15-20%. Esta caída acelerada se explica por la madurez de los yacimientos, pero sobre todo por el grave deterioro de la infraestructura superficial: fallas en pozos, líneas de flujo, estaciones de flujo, compresores y sistemas de levantamiento artificial.

Para contrarrestar esta declinación sistémica, la industria depende masivamente de bombas electro sumergibles (ESP) y otros sistemas de levantamiento artificial eléctrico en miles de pozos.

Con apenas tres taladros activos a nivel nacional, la estrategia actual se reduce casi exclusivamente a la reactivación de pozos existentes, muchos de ellos con alta viscosidad y bajo factor de recuperación.

El resultado es que cada barril adicional producido hoy requiere una intensidad energética significativamente mayor que hace una década.

El cuello de botella estructural

Como evidencia veamos el balance eléctrico de mayo 2026:

 

El SEN depende de una importación estructural de 8.576 MW desde el Complejo Hidroeléctrico de Guayana (principalmente Guri).

  • La Región Occidente, con 2.322 MW de demanda máxima, carece de un parque térmico mínimamente operativo que respalde su crecimiento.

  • El Centro-Occidente y Oriente también muestran déficits críticos.

En la práctica, el operador del SEN (CORPOELEC) se ve obligado a aplicar un despacho por prioridad económica: asigna la energía disponible a los activos que generan divisas (petróleo) y sacrifica sistemáticamente las cargas residenciales y comerciales. Esto no es gestión de crisis. Es canibalismo energético institucionalizado.Fallos de planificación graves

  1. Ausencia de autogeneración petrolera: A diferencia de Colombia, Brasil o incluso México, Venezuela no ha implementado a escala esquemas de cogeneración (gas asociado ? electricidad) en los campos. El gas que se quema o reinyecta podría estar generando cientos de MW en sitio.

  2. Colapso del parque térmico regional: Las plantas de occidente operan con disponibilidad crítica por falta de mantenimiento mayor, repuestos y combustible confiable. La gigantesca planta termoeléctrica Planta Centro en el estado Carabobo (2.600 MW instalados) está técnicamente inservible.

  3. Red de transmisión obsoleta: La dependencia casi absoluta de las líneas de 765 kV y 400 kV desde Guayana genera pérdidas técnicas elevadas y vulnerabilidad ante cualquier contingencia.

  4. Demanda reprimida artificial: El racionamiento distorsiona las mediciones reales de demanda. La cifra oficial de “demanda máxima” es ficticia; refleja solo lo que el sistema colapsado puede entregar.

Conclusión técnica y crítica

La meta del millón (y pico) de barriles diarios es económicamente necesaria, pero físicamente insostenible bajo la arquitectura actual del SEN. Cada incremento de producción petrolera marginal está produciendo un decremento equivalente (o mayor) en la confiabilidad eléctrica del país.

Esto no es un problema de “mala suerte” ni de sanciones externas. Es el resultado predecible de décadas de desinversión crónica, corrupción, priorización cortoplacista y ausencia total de planificación integrada entre PDVSA y el sector eléctrico.

Sin una intervención estructural urgente —autogeneración a gran escala en los campos, rehabilitación profunda del parque térmico, modernización de subestaciones y una verdadera gobernanza técnica del SEN— seguiremos profundizando esta regresión: más barriles, menos kilovatios, peor calidad de vida.

Venezuela no tiene por qué elegir entre petróleo y electricidad.

Lo que falta es la voluntad técnica y política de dejar de gestionar el colapso y empezar a construir capacidad real.

David Morán Bohórquez es ingeniero industrial. Miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad. En X @morandavid

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