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domingo 15 de marzo 2026
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Dylan Canache recuerda su detención en El Helicoide: “No solamente te privan de tu libertad, te privan de sentidos”

Dylan Canache lleva tatuada en su memoria la fecha del 13 de enero de 2018. Ese día fue capturado por funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), quienes lo trasladaron a El Helicoide, en Caracas, sede de ese servicio y uno de los centros señalados por organizaciones de derechos humanos por torturas y tratos crueles contra los presos.

Canache formó parte de la denominada “Resistencia”, un grupo de jóvenes manifestantes que permanecían en la primera línea de las protestas antigubernamentales que se llevaron a cabo en 2017, en Venezuela. 

Vestían con chalecos y escudos creados por ellos mismos o donados. Además de cascos, máscaras y guantes que los protegían de impactos de bombas lacrimógenas y perdigones que disparaban los cuerpos de seguridad contra los manifestantes. 

“Nos hacíamos llamar ‘guerras‘ y nos encontrábamos en un lugar determinado de la capital. No fueron simplemente niños con escudos, como lo pintaron durante mucho tiempo. Realmente hubo una fuerza que va más allá. Tratábamos de resistir lo más que se pudiera, íbamos a hacer frente e intentar defender la marcha, realmente no hay algo que te pueda decir (no teníamos) táctica o más allá”, contó Dylan en una entrevista exclusiva para El Diario. 

El joven, quien para el momento de su captura era un adolecente de 16 años de edad, fue acusado por los funcionarios del Sebin de formar parte del grupo liderado por Óscar Pérez, un expolicía del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) que sobrevoló en un helicóptero la ciudad de Caracas en junio de 2017 y atacó con granadas de fragmentación las sedes del Tribunal Supremo de Justicia y del Ministerio del Interior y Justicia.

Dylan Canache recuerda su detención en El Helicoide: “No solamente te privan de tu libertad, te privan de sentidos”
Foto: Captura de video

El exfuncionario fue asesinado el 15 de enero de 2018 durante la denominada “Operación Gedeón”, que también se le conoce como la “Masacre de El Junquito”, etiqueta que le dieron dirigentes de la oposición venezolana y organizaciones de derechos humanos: en el operativo fueron ultimadas otras seis personas del grupo de Pérez, entre ellas una mujer embarazada, así como dos miembros de las fuerzas de seguridad del Estado.

Por este caso, al menos nueve personas (entre militares y civiles) fueron detenidas, y aunque los efectivos le dijeron a Canache que su detención estaba relacionada con este caso, el joven finalmente fue acusado de 12 delitos, entre ellos terrorismo, traición a la patria, organización para delinquir y hostigamiento.

Durante una entrevista para la emisora argentina Radio Mitre, Dylan comentó que la causa de su detención fue porque su grupo estaba planeando una protesta en Bello Monte, por lo que las autoridades del país emitieron una orden de captura en contra de los manifestantes. 

Al día siguiente de ser capturado, Canache fue presentado ante los tribunales. Recuerda que su traslado a la corte se realizó bajo un fuerte contingente de seguridad: “Me llevaron escoltado con dos motos con dos personas cada una, cuatro personas de una Hilux (una patrulla), cada uno me tenía agarrado un brazo, estaba esposado (…) Yo tenía 16 años, medía 1,55 y pesaba 54 kilos”. 

Dylan relató que al inicio del juicio fue sentenciado a seis meses en un retén de menores, una decisión que su abogada cuestionó de inmediato al sostener que el tribunal sabía que él no había cometido ningún delito. Según contó, el juez respondió que, de depender de él, lo dejaría en libertad, pero que no podía arriesgar su puesto. Finalmente la condena fue reducida a dos meses de prisión; sin embargo, recordó que su abogada les advirtió a él y a sus compañeros que, aun con esa decisión, el Sebin probablemente no los liberaría.

Golpes y amenazas: las torturas en El Helicoide

Para lograr su captura, el joven afirma que las autoridades lo hicieron caer en una “trampa” a través de su mejor amiga. En entrevistas anteriores, el joven reveló que el día que fue detenido, los agentes habrían usado las redes sociales de su amiga (haciéndose pasar por ella) para contactarlo; cuando él salió a buscarla, aparecieron los efectivos y lo detuvieron.

“Me amenazaban de muerte, me preguntaban si sabía a dónde iba y yo respondía que obviamente no. Me dijeron que iba para la muerte mientras que el piloto me señalaba con una pistola. Yo no sabía que iba a El Helicoide, pensé que me iban a matar, que me iban a desaparecer, empecé a pedir perdón, a rezar”, recuerda el joven de los momentos posteriores a su detención. 

Al llegar al centro de reclusión, Dylan dijo que fue interrogado por un comisario sobre su supuesta vinculación con Óscar Pérez, lo que él negó. Posteriormente, fue llevado a un baño en donde le comenzaron a hacer preguntas para intentar obtener información de los miembros del grupo de manifestantes al que pertenecía. 

El Helicoide
Foto: El Diario

“Me empiezan a hacer preguntas de quién era mi grupo, qué teníamos planeado, que queríamos desestabilizar la capital, que quién nos pagaba y todas estas preguntas realmente no tenían respuesta, pues nunca fuimos financiados por nadie (…) Me pasaron a una oficina donde me reseñaron y allí un comisario me dijo ‘¿Tú sabes que eres un terrorista? Porque tú llevas una máscara y das miedo, por eso tú eres un terrorista’”, relató, y agregó que tras terminar la reseña policial, las autoridades del centro de reclusión lo trasladaron hasta un lugar dentro del mismo Helicoide que se conoce como C2, que aseguró es un “lugar de torturas”.

En esa zona del recinto, asegura, lo recibió otro comisario, quien le esbozó la oración: “Yo soy el diablo y este es el infierno”. Según lo relatado por Dylan, era una metáfora que no estaba alejada de la realidad que allí vivió. 

“Me llevaron a una pared blanca y me dieron un guión. Me dijeron que lo leyera y cuando lo hago, decía que yo era el líder de una célula terrorista financiada por María Corina Machado. Era un guión extenso en el que se decía que nos pagaban por desestabilizar la capital (Caracas) por fines políticos. Yo me niego y vuelven a decir que diga mi nombre, apodo, número de cédula y lo que decía el guión. Simplemente digo mi nombre, mi número de cédula, mi apodo y me quedo callado. (Allí) empezaron a golpearme”, detalló. 

El joven aseguró que este episodio se repitió cuatro o cinco veces. Sin embargo, nunca llegó a leer el texto que decía el documento, ratifica. 

Dylan fue trasladado hacia la celda preventiva uno de El Helicoide, donde narró que funcionarios pasaban para acosarlo y amenazarlo con que abusarían de él. “Me decían que estaba preso y de ahí no me iba a sacar nadie, que no importa lo que hiciera, no iba a salir de ahí (…) En El Helicoide no solamente te privan de tu libertad, te privan de sentidos”, agregó. 

En la celda donde fue recluido Dylan también estaban otros compañeros de las protestas. El joven enfatizó que él no era el único menor de edad detenido en El Helicoide en ese momento, recordó a sus amigos de nombre Ender y Diego, quienes cumplieron la mayoría de edad dentro de la cárcel. 

Días después de su detención, el joven recuerda que fue sacado de la celda junto a sus compañeros para cortarles el cabello, pero debido a su negativa funcionarios del Sebin lo obligaron a salir de la celda bajo amenaza. “Me dieron golpes en la cabeza, me sentaron y pusieron una tapa de olla en la cabeza y así empezaron a cortarme el cabello con una tijera de cocina. Todos se burlaban, durante la afeitada me dieron varios golpes y me devolvieron a la celda”, relató. 

Las condiciones reclusión en El Helicoide

Canache aseguró que luego que recibió su condena, las autoridades lo trasladaron nuevamente a El Helicoide donde estuvo al menos 12 días en “desaparición forzosa” donde no recibió visita, alimentos, o productos de aseo personal. En ese tiempo, dijo que no bebió agua potable, estuvo en un una zona sin luz, dormía en una colchoneta desgastada, además de ver poco a poco como seguían ingresando a más personas en la misma celda. 

“El día 11 entró otro grupo de personas a la celda. Unas nueve personas más. Llegamos a estar secuestradas 16 personas (en la misma celda). Antes de que ellos llegaran, nosotros teníamos 11 días pidiendo una llamada y (los funcionarios) se reían, siendo menores de edad no nos permitieron llamar a nuestros padres. Cuando llegaron (los nuevos detenidos) recuerdo que dijeron ‘vamos a pedir una llamada’ y en medio de la desesperación me reí, me salió una carcajada porque ya nosotros llevábamos 11 días pidiendo una llamada”, relató. 

El joven recuerda que dentro de la cárcel, tanto él como su compañeros contaban los días en el lugar marcando con una raya en la pared. Para ello, utilizaban el grafito de las lámparas de neón que habían en el lugar. 

Qué se sabe sobre El Helicoide y por qué organismos de DD HH lo señalan como centro de tortura en Venezuela
Foto: EFE/ Miguel Gutiérrez

“Recuerdo que había una cuenta que eran 117 o 120 días y muchas veces bromeamos diciendo, ‘te imaginas que nosotros lleguemos a ese tiempo’. Pero cada día se hacía una raya más, hasta el punto de superar la cuenta que ya había en la pared. En ese punto, pierdes la esperanza, porque ves una cuenta grande a la que tú te estás aproximando”, expresó. 

Sumado a la falta de agua potable, de luz y el hacinamiento, Canache contó que para hacer las necesidades fisiológicas debían usar las mismas bandejas en las que les daban la comida, porque no podía utilizar los baños. 

“Hacíamos nuestras necesidades ahí, envolvíamos en una bolsa y determinado día de la semana cuando ellos nos lo permitía la sacamos y un compañero se llevaba la basura. Él aprovechaba porque esa era su única manera de salir de la celda”, prosiguió. 

Canache aseguró que no fue sino hasta 15 días después de su detención en El Helicoide cuando las autoridades permitieron el ingreso de agua potable. Durante ese tiempo, los detenidos se hidrataban con botellas de dos litros que encontraban en la celda y que llenaban cuando el agua llegaba a las tuberías. El líquido, recordó, salía de color amarillo, pero aun así era lo único que tenían para beber.

También denunció que muchas de las cosas que le enviaban sus familiares, los efectivos se las quedaban o las entregaban incompletas. 

“Si mi madre me enviaba un paquete de galletas, me llegaban dos galletas, una o nada. Durante las requisas ellos aprovechaban y nos quitaban nuestros productos de higiene, nuestras cartas nos las leían en voz alta, nos sacaban de la celda en medio de la requisa y nos paraban de mano, mientras nos golpeaban. En las cartas, si ellos leían una sola palabra fuera de lugar, nos suspendían para poder comunicarnos con nuestras familias a través de las cartas por tiempo indefinido (…) en varias ocasiones llegaban borrachos a maldecirnos y nos apuntaban con el arma de fuego”, dijo. 

Su excarcelación y el temor a regresar a la cárcel

Dylan estuvo en El Helicoide hasta el 16 de mayo de 2018. En ese momento fue trasladado a la cárcel de menores conocida como Cochecito, ubicada en la parroquia Coche de Caracas, desde donde fue excarcelado el  1° de junio de ese mismo año.

“A mi me excarcelaron desde Cochecito porque estas personas (autoridades) negaban que en El Helicoide habían menores de edad. Para ellos cubrir su mentira me excarcelaron desde un centro de reclusión de menores”, dijo. 

El joven salió de la cárcel con restricciones como no ofrecer declaraciones a la prensa e incluso, aseguró haber sido vigilado por las autoridades por al menos un año: “Recuerdo en el que fuera de mi casa se paraba un taxi todos los días y recuerdo un momento que vi a los Sebines orinando afuera del taxi”.

Dylan Canache recuerda su detención en El Helicoide: “No solamente te privan de tu libertad, te privan de sentidos”
Foto: Captura de video

Luego de que salió de prisión se enteró que mientras estuvo recluido ocurrió un episodio entre los funcionarios del Sebin y su padre, quien saltó los controles de seguridad de El Helicoide para intentar verlo, pero fue retenido y golpeado por los agentes. 

“Un inspector lo capturó, lo metió a una furgoneta y lo golpeó. A mi madre tampoco la dejaban verme. Yo no tenía derecho a la visita, a la comunicación. Aparte de la deshumanización de la tortura no tuve ningún derecho”, insistió.

Tras su proceso de excarcelación, Dylan aseveró que le costó asimilar que ya no estaba preso, incluso al dormir tenía pesadillas de que estaba nuevamente detenido. 

“Desde el primer momento que yo entré a El Helicoide se sobrepasaron los límites. No puedo decir un episodio concreto, yo sabía que era algo terrible y aún yo teniendo esa expectativa de horror, desde el principio lo superó. Estar en El Helicoide es como estar muerto en vida”, expresó. 

El joven continuó participando activamente en las manifestaciones contra el gobierno tras salir de la cárcel, sin embargo, era cuestionado por varios allegados que, aseguró, le preguntaban: “¿Qué prefieres tú, volver a El Helicoide o que te maten?”.

“Yo respondía claramente, ‘que me maten’. Yo no quería, ni quiero volver a El Helicoide”, recalcó el joven. 

Actualmente, Dylan vive actualmente en España con su madre, desde donde continúa alzando su voz para seguir denunciando las torturas de las que fue víctima cuando estuvo recluido en El Helicoide, una cárcel que desde marzo de 2026 atraviesa por un proceso de clausura para convertirse en un “centro social, deportivos, cultural y comercial” para las funcionarios y comunidades aledañas, pero que no borra la realidad que, durante años, ex presos políticos han visibilizado. 

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