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martes 2 de junio 2026
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Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas

“Buenas tardes, bendición, profe”, se escucha una y otra vez al borde de la reja que da acceso al campo de beisbol que pertenece al complejo de Miraflores, en el oeste de Caracas. Allí entrenan durante las tardes los Azulejos de Caracas, una academia de beisbol que tiene como pilar fundamental el respeto y los valores incluso antes que el deporte.

Aunque en Venezuela se acostumbra, principalmente entre las personas católicas, a pedir la bendición a familiares mayores, en la academia lo adoptaron como una señal de respeto y cercanía entre los entrenadores y los jugadores. El diálogo entre ambas partes continúa con la típica respuesta “Dios me lo bendiga”, de parte de Juan Carlos, fundador y gerente deportivo los Azulejos, quien manda a los jugadores a prepararse y dejar sus cosas en el dogout para calentar.

Maiko Ramírez, dueña y fundadora de los Azulejos, recuerda que la academia nació de una decepción previa. Ella y su esposo Juan Carlos trabajaron en otra escuela hace aproximadamente siete años, pero ese proyecto se desmoronó y dejó a la deriva tanto a la pareja como a su pequeño hijo, quien empezaba a practicar el mismo deporte que le apasiona a su padre.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

“Llegué al punto de no creer más en el beisbol menor, pero un día mi esposo y mi hijo tomaron la decisión de comenzar a practicar nuevamente en el patio del edificio y en espacios abiertos que consiguen. De esa iniciativa surgió la idea de tener nuestra propia escuela, nuestra propia organización, mi esposo tenía conexiones con peloteros, conocíamos a otros entrenadores, a chamos que se habían quedado sin escuelas y a sus representantes y así podíamos empezar”, explicó Maiko en entrevista para El Diario.

Maiko recuerda que en esos primeros días no llegaban a más de 10 alumnos, pero ahora manejan una plantilla de aproximadamente 150 jugadores infantiles y juveniles. Allí los reciben desde los 3 años y medio, en lo que se conoce como categoría Compotica y al menos cinco peloteros que han estado su divisa juegan en equipos en Europa.

“Eso es un orgullo para nosotros porque fueron muchachos que formamos, con los que interactuamos, que jugamos, compartimos y el día de hoy son profesionales, a lo mejor no en la Gran Carpa, pero sí están en el beisbol internacional”, explicó Juan Carlos, gerente deportivos de los Azulejos de Caracas, para El Diario.

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Foto: Javier Cedeño Cáceres

El también gerente deportivo de los Azulejos comentó que la exportación de peloteros venezolanos en las Grandes Ligas y su buen desempeño alimentan la ilusión de los niños y familias que sueñan con llegar a esas instancias. Sin embargo, aclaró que quienes llegan allí con un porcentaje muy pequeño de los niños que se forman en toda Venezuela y lidiar con ese tipo de decepciones y con la frustración es algo que en la escuela intentan aprender a manejar.

No se trata de dejar de soñar en grande, sino de estar preparado para las cosas buenas y malas que tiene el camino formativo en el beisbol. Las familias con expectativas altas y poca malicia se exponen a quienes buscan aprovecharse de sus sueños, estafadores, falsos ojeadores y contratos fraudulentos, una situación que puede dejar en la ruina a padres y abuelos que ya invierten mucho tiempo, dinero y energía en esos niños.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

Nunca dejar de intentar

Mildred Machado dedica sus tardes a acompañar a su nieto Ibrahim a las clases de beisbol en los Azulejos desde hace cuatro años.

Para ellos, llegar a los Azulejos fue aprender a volver a confiar. Se inscribieron por recomendación de un ser querido, pero lo hicieron con cautela porque justo antes un supuesto entrenador de beisbol los había estafado al cobrarles 35 dólares por un uniforme que nunca vieron. Luego del pago, el estafador no volvió a hacer contacto.

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Foto: Javier Cedeño Cáceres

Mildred e Ibrahim no quisieron dejar de intentarlo. Ella confesó que este deporte es una pasión que tiene su nieto incluso antes de empezar el preescolar.

“Él desde que tenía como 3 años le empezó a decir a la mamá que quería jugar, ella no le hacía mucho caso. Cuando tenía como 5 o 6 años le dijo: ‘Bueno, mamá ¿tú no me vas a meter en el beisbol?’ Y entonces ella se tuvo que poner a buscar. Después de muchos años terminamos aquí. Ahora el juego principalmente como pitcher que es lo que le gusta”, relató Mildred.

Ibrahim ya tiene 13 años, está en bachillerato y mantenerse con la exigencia de la escuela y la dinámica del beisbolista en formación es un reto para toda la familia. Mildred lo describe como un proceso colaborativo en el que tanto ella como la mamá de Ibrahim se involucran.

Cuando él sale de clases al mediodía recibe una llamada de su mamá con la que hace contraloría de las tareas y los temas que debe investigar porque, si necesita buscar algo por Internet o imprimirlo, ella puede hacerlo desde su trabajo. Después Ibrahim y su abuela se van para el campo, donde entrenan varias horas y regresan a casa para hacer las tareas entre todos.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

Además de mantener viva esa ilusión de Ibrahim de jugar beisbol profesional, para Mildred la experiencia de ser la abuela de un beisbolista representa mantenerse activa a sus 63 años de edad, hacer amistad con otras familias, cantar y compartir.

Una ilusión que no se va con la distancia

Janetzi Padrino se aparta del resto de los representantes y apoya las manos a las rejas para ver con mayor detalle cuando a su hijo Luis, de 8 años de edad, le toca batear. Aunque ellos solo tienen dos años en la escuela, se volvieron muy unidos a todo el equipo.

“Mi hijo llegó desde cero, no había practicado en semilla ni lo que es compota, solo llegamos cuando nos regresamos a Venezuela”, explicó Janetzi para El Diario.

Su familia regresó hace dos años de Brasil, país al que habían emigrado en busca de mejores oportunidades y en el que, a pesar de la distancia, la ilusión del beisbol se mantenía viva. Cuando Luis cursaba preescolar le insistía a sus padres que buscaran una escuela de beisbol, pero en Brasil solo hallaban academias de fútbol.

Como no encontraban facilidades para practicar el deporte, decidieron hacerlo por su cuenta y el papá de Luis talló en una madera un bate casero.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

“A los dos meses de volver, el niño empezó: ‘Quiero jugar beisbol, quiero jugar beisbol’ y un día llegando a mi casa, bajando por Miraflores, yo le digo a mi esposo: ‘Mira, ahí va una representante de una escuela de béisbol’ y resulta que era Maiko. Ella sí me dijo que fuera al campo para probar, pero no me dijo que era la dueña”, contó.

La sorpresa se la llevó el día que llevó a Luis a su primera clase y entendió que esa representante era la autoridad dentro de los Azulejos. A pesar de su inexperiencia, pasó el mes de prueba sin inconvenientes y se amoldó fácilmente al grupo.

“Desde que está aquí nunca me ha dicho que no quiera jugar, o no quiera ir, no ha tenido problemas con profesores ni nada por el estilo. De verdad, es muy querido. Aquí en el grupo lo conocen como el guajiro, por sus rasgos”, aclaró la representante.

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Foto: Javier Cedeño Cáceres

Representar a Caracas

En 2025, cuando Luis ya había cumplido un año en la escuela, tuvo la oportunidad de ser seleccionado para representar a Caracas en unos juegos nacionales en categorías preinfantiles.

“Fuimos a jugar a Valencia y uno se emociona cuando ve a su hijo jugando en unas nacionales, es una experiencia muy bonita, pero muy fuerte, donde uno tiene que pagar todo y es bastante lo que se gasta”, contó la madre.

A pesar de los costos, la familia continúa alentando a Luis a trabajar duro para volver a participar en este tipo de competencias y conseguir distintas oportunidades en el deportes.

“Es mucho lo que se invierte aquí, yo no siento que sea una pérdida de tiempo ni de dinero, sino una inversión a largo plazo. Más allá del deporte, aquí les enseñan disciplina y responsabilidad desde pequeños y eso es más importante que cualquier otra cosa”, comentó Janetzi.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

La madre cree firmemente que más que una actividad extracurricular, el beisbol es un entorno en el que toda la familia aprende y comparte alrededor de las ilusiones de un hijo.

Esta experiencia es muy bonita. Las veces que tu hijo avanza, tú sientes esa alegría y que de verdad está dando lo mejor de él. Además los juegos son demasiado emocionantes: aquí nosotros hemos llorado, pasamos molestias con los árbitros, pasamos decepciones, pero también reímos, celebramos, cantamos y siempre tratamos de motivar a nuestros niños”

Reglas y límites

Maiko sostiene que para manejar una nómina de aproximadamente 150 niños y adolescentes es necesario poner reglas y límites claros tanto con ellos, como con sus representantes.

“Quizás se puede controlar más fácilmente a un niño con un castigo severo, ponerlo a trotar o sacarlo de la práctica como forma de reprenderlo si está haciendo las cosas mal, pero ¿cómo corriges a un representante? Es bastante complicado, pero doy gracias a Dios de que en la escuela hemos sabido manejar esas situaciones”, explicó Maiko.

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Foto: Javier Cedeño Cáceres

Permitir faltas de respeto hacia los entrenadores o exigencias y presiones desproporcionadas sobre los alumnos crearía un ambiente tóxico para el desarrollo de estos talentos, por lo que tratar de crear una atmósfera sana es su objetivo de todos los días.

Maiko explicó cuando empezó este proyecto lo hizo con poca fe, con miedo de volver a tener una decepción en el deporte menor y que recuperar esa confianza requirió años, disciplina y organización, por lo que no puede permitirse que un representante o una familia que no comparta sus mismos valores dañe lo que han conseguido.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

Uno de los valores que intenta inculcar la directiva es la puntualidad, la norma es llegar 12 minutos antes del entrenamiento para que les de tiempo de cambiarse, ponerse los tacos y dejar sus cosas en el dogout. Aunque usualmente a uno o dos el tiempo le juzga en contra y llega justo o algunos minutos tarde, aún así lo primero que hacen al tocar el campo es pedir la bendición y luego disculparse por la demora.

“Después de que ellos llegan los profesores los juntan en un círculo estrecho en el campo para el calentamiento, después los dividen por grupos”, describió Maiko, mientras mostraba que su equipo ya había puesto a un grupo a correr, a oro a batear y a otro a lanzar y atrapar. “Cada profesor trata de cambiar la dinámica a diario para que los estudiantes no se aburran”.

Aludir el aburrimiento es un reto mayor con los que están en la categoría de compotica, pero verlos enamorarse del deporte, equivocarse y luego emocionarse por haber hecho algo bien se convierte en la mayor recompensa de los profesores.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

“Es bastante divertido ver a un niño de 3 años dentro de un terreno, con capacidades, con virtudes, es una sensación muy bella”.

La supervivencia del talento

El talento beisbolistico en Venezuela enfrenta retos como las dificultades económicas de las familias, las expectativas poco realistas de los padres y personas que intentan aprovecharse de esos factores. Maiko coincide con su esposo en que se debe tener mucha cautela frente a promesas que suenan demasiado buenas para ser ciertas.

“A veces los padres vienen y nos dicen ‘Mira, lo invitaron para acá y para allá’ y uno debe respetar eso, uno lo puede aconsejar y decirles que estén mosca con lo que les pidan”, aclaró Maiko, quien insistió en que si llegasen a profesionalizar alguno de estos talentos que hoy se forman con ellos, tratarán de hacerlo a través de personas de su entera confianza.

Pero moldear a un profesional o a un grandeliga no es el norte de los Azulejos, sino crear lo que ellos describen como “hombres de bien”.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

“Pienso que hay mucho grandeliga en el mundo que realmente no juega en la gran carpa, sino que es un grandeliga porque es un buen hombre, un buen hijo o un buen papá. De eso se trata nuestro trabajo, día a día enseñar a los adolescentes a convivir en un mundo y un país más sano”, explicó Juan Carlos.

El gerente deportivo comentó que en algunos momentos deben asumir un rol paternal frente a los alumnos y aconsejarlos sobre aquello que puede marcar la diferencia en su futuro. Juan Carlos asegura que en ninguna circunstancia alienta a dejar los estudios por el deporte, incluso si los representantes o los alumnos piensan que es el próximo paso para ser profesional.

Añadió que le preocupa aún más cuando hay presión sobre los más pequeños para que destaquen o jueguen por encima de sus capacidades. Juan Carlos reiteró que en esta etapa la idea es enamorarlos del deporte, porque muchos de los niños tienen miedo a ese entorno, lloran y quieren salir del campo hacia los brazos de sus padres.

“Ahí es cuando uno tiene que mantenerlos alegres, interactuar con ellos, a veces hasta engañarlos y decirles que si hacen el ejercicio o atajan con el guante les vas a comprar un helado. Hay que saber enamorarlos del juego porque nosotros entrenamos cuatro días a la semana por dos horas cada día y hay que saber lidiar con el carácter de cada uno de esos niños”.

Disciplina al bate: así forman los Azulejos a los jóvenes peloteros del oeste de Caracas
Foto: Javier Cedeño Cáceres

Más allá de los entrenamientos, Juan Carlos explica que los ambientes tóxicos pueden estar en las competencias o torneos. El mensaje que ellos le dan a sus representantes es ignorar los insultos y provocaciones de otras barras o escuelas.

“Yo soy una persona un poco odiada y un poco querida, los equipos que me odian me gritan e insultan en el campo. Yo tengo una gorra en mi camioneta que tiene escrito ‘la tuya’, me la mandé a hacer porque yo no puedo voltearme a pelear ni decirle nada a nadie y es una forma de evitar esa confrontación”, explicó.

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Foto: Javier Cedeño Cáceres

Juan Carlos ve como una responsabilidad hacer que la escuela de beisbol sea ese espacio seguro para los niños y adolescentes, donde puedan cuidar su salud mental y desarrollarse como humanos completos.

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