En las últimas semanas, uno de los mayores temas de conversación en redes sociales ha sido el cambio drástico que el gobierno encargado de Delcy Rodríguez ha tenido en su imagen desde que ascendió al poder hace cuatro meses. Mientras los rostros de Nicolás Maduro y Cilia Flores se diluyen en el discurso oficial, Rodríguez apuesta por consolidar su control sobre las instituciones.
Algunos cambios han sido evidentes, como el reemplazo de aquellos funcionarios que operaban para la antigua pareja presidencial por figuras en apariencia tecnócratas, e incluso plurales, pero que no dejan de responder directamente a la presidenta encargada; otros han sido más estéticos, con propaganda centrada en exaltar a la nueva líder, aun a costa de prescindir de varios de los símbolos y conceptos que durante décadas representaron al proyecto de revolución socialista y bolivariana iniciado por Hugo Chávez, y continuado por Maduro.
“Ella intenta parecer neutral, menos radical, más tecnócrata e independiente, y al final no termina hablándole a nadie, aunque intenta enviar distintos mensajes. Por un lado desconfía el chavismo en la propia base por ese desmarcamiento tan fuerte de los principios de la revolución; y por otro lado, intenta convencer a una comunidad internacional y a unos inversores sobre ciertas posibilidades de estabilidad económica en Venezuela”, indicó en entrevista para El Diario la consultora en comunicación política Vanessa Sánchez.
Dejar el legado atrás

No es la primera vez que el chavismo busca pasar página para emprender un nuevo capítulo en su historia. Ocurrió en 2013, cuando se pensó que ese movimiento político, caracterizado por su fuerte culto a la personalidad, acabaría con la muerte de Hugo Chávez. No obstante, ese mismo fanatismo se explotó en campaña al instar a sus seguidores a creer en la continuidad del proyecto bajo su sucesor, con el eslogan “Chávez te lo juro, mi voto es para Maduro”.
Con el paso de los años, Maduro dejó de depender del recuerdo de Chávez para sostener su gobierno y pudo mover a las bases oficialistas alrededor de su propia imagen. Ahora, Rodríguez parece intentar lo mismo, buscando nuevamente ganarse la voluntad del voto chavista, pero sin apoyarse en el mandato de su antecesor. Esto se puede notar con el eslogan: “Delcy avanza, tienes mi confianza”, repetido en todos los medios de propaganda gubernamental.
“Ella ya tiene un eslogan que se está usando y ahí nos olvidamos de la revolución, nos olvidamos de Maduro, nos olvidamos de Simón Bolívar y del comandante Chávez, entonces ella claramente está en campaña, claramente está usando otros juegos y otros elementos, y está buscando comprar tiempo para intentar crecer, pues apenas cuenta con un 10 % de intención de voto de acuerdo con encuestas como la de Poder y Estrategia”, comenta Sánchez.

En entrevista para El Diario, el dirigente político y director de la firma de consultoría Salto Angel Consulting, Lester Toledo, no siente que Delcy Rodríguez actualmente se encuentre en una precampaña electoral, pero sí en un proceso de rebranding, es decir, un rediseño completo de su imagen institucional. Asegura que en este punto su objetivo es comunicar el inicio de una nueva etapa del chavismo encabezada por ella.
“Es como cuando se acabó el ciclo del chavismo y vino una campaña de votar por Maduro que apelaba a la nostalgia. El 3 de enero se cerró otro ciclo, que es el del madurismo, y la presidenta encargada quiere dejar muy claro como marca que ella no representa el madurismo, sino que representa algo nuevo”, acota.
Remodelaciones profundas

Quizá el espacio que ha reflejado mejor el “nuevo momento político” del oficialismo ha sido el propio Palacio de Miraflores. En 2011, el entonces presidente Chávez renombró al Salón del Consejo de Ministros “Salón Néstor Kirchner”, y lo pintó de color celeste, con cuadros en honor al difunto exmandatario argentino. El sitio se mantuvo así por años, hasta diciembre de 2025, cuando Maduro sostuvo allí una de sus últimas reuniones con su gabinete.
Sin embargo, el 4 de enero, apenas horas después de los bombardeos estadounidenses sobre Caracas, el salón comenzó a mostrar cambios. Ese día, en su primer consejo de ministros como presidenta encargada, detrás de Rodríguez se podía observar que todos los cuadros alusivos a Néstor Kirchner habían sido retirados y sustituidos por tres cuadros con Simón Bolívar, Hugo Chávez y los recién capturados Flores y Maduro.
Meses después, el salón sufrió otra modificación. Para inicios de abril, Rodríguez volvió a reunirse allí, esta vez con empresarios y funcionarios del gobierno de Estados Unidos. Ahora el lugar mostraba una apariencia aséptica, con todas las referencias a los exlíderes de izquierda removidas y reemplazadas por el sello institucional del Palacio de Miraflores. Para muchas personas, este ha sido el mayor ejemplo del pragmatismo de Rodríguez para garantizar su permanencia a futuro, aun a costa de desprenderse de su pasado.

Al respecto, Toledo explicó que con este tipo de acciones, Rodríguez quiere demostrar su dominio sobre los espacios donde se toman las decisiones, como la persona que ahora gobierna sin injerencia de terceros. “Mi lectura es que ella quiere dejar claro que no está tutelada y que no es la continuidad del gobierno de Maduro, o que Maduro y sus aliados no son sus jefes, sino que ella tiene la capacidad para mandarse sola, de generar líneas políticas y alianzas propias”, agrega.
Por su parte, Sánchez señala que este esfuerzo por proyectar una imagen más neutral y corporativa busca agradar y convencer a la audiencia internacional, específicamente a la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Justamente han sido los enviados de la Casa Blanca los principales invitados a esas salas de reuniones recién remodeladas, así como inversores con los que Rodríguez ha negociado acuerdos energéticos y comerciales. “Está buscando hablarle a todos y su efecto es que no le está hablando a nadie. Diríamos en criollo, está tratando de hablar con Dios y con el diablo al mismo tiempo, pero no está logrando entregar el mensaje”, opina.
Maduro silenciado

En los días posteriores a su captura, las calles de Caracas se llenaron de vallas con los retratos de Nicolás Maduro y Cilia Flores, además de activarse en redes sociales la campaña #BringThemBack (los queremos de vuelta). Con el paso de los meses, el gobierno encargado de Rodríguez parece estar ahora más enfocado en mostrar sus propios avances en materia económica y diplomática que en luchar por la libertad del exmandatario.
Una investigación realizada por el portal TalCual arrojó que las menciones de Maduro en los discursos de Rodríguez cayeron 91 % en estos cuatro meses, pasando de 86 en enero a solo 8 en abril. El análisis evidenció que las referencias a Maduro y su esposa se hicieron principalmente en eventos públicos con sus bases, así como militares y funcionarios, pero no ha pedido su liberación en sus encuentros con empresarios y agentes extranjeros.

De hecho, durante la Gran Peregrinación que realizó en diferentes estados entre el 19 y 30 de abril, su discurso se centró únicamente en puntos como apelar a la unidad nacional, la reconciliación y en pedir el cese de las sanciones económicas. Solo figuras como el diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del líder detenido, o el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello, han sido más consistentes en recordar esta campaña.
“Delcy debe seguir órdenes por quien capturó y mantiene preso a Maduro, que en este caso es el gobierno de Donald Trump. Y aquí se abre una oportunidad ante el vacío de poder de tomarlo y ejercerlo, y desplazar entonces a esta élite gobernante, aunque sea dentro del mismo círculo y aunque sea entre los mismos y se reciclen ciertos nombres”, comenta Sánchez.

Toledo, quien ha recibido reconocimientos como el Polaris Award por su trabajo como consultor político y estratega de campaña, apunta a que esta tendencia cada vez mayor a desaparecer a Maduro del discurso oficial obedece justamente a su impopularidad en la población venezolana. Una forma de desmarcarse no solo ante la comunidad internacional del pasado autoritario de Maduro, sino también de cara a la propia ciudadanía, mientras intenta hablar de futuro con eslóganes como “¡Venezuela vuela libre!”.
“En cualquier encuesta en Venezuela, Nicolás Maduro roza los niveles 86 % u 87 % de rechazo. Entonces, pretender arrancar un proceso político nuevo con ese plomo en el ala es muy complicado. Una persona que en este momento su imagen representa kriptonita para ti, lo correcto es alejarla”, expone.
Fractura en el chavismo

Aunque Rodríguez ha tratado de conquistar a la base dura del oficialismo, cada vez con más confianza para hablar en actos públicos, los cambios profundos en el gobierno no han pasado desapercibidos para los sectores considerados más “ortodoxos”. Figuras como el presentador de televisión Mario Silva han rechazado el acercamiento de Rodríguez con Estados Unidos luego de los bombardeos del 3 de enero. Esto le ha llevado a denunciar el cierre de sus programas en medios de comunicación oficialistas por sus posturas críticas, e incluso ha protagonizado enfrentamientos en redes sociales con otras personalidades adeptas al gobierno.
“Evidentemente, después del 3 de enero, el tablero se movió y ese terremoto ha dejado fisuras dentro del movimiento chavista revolucionario, que por años había sido monolítico. O al menos, a pesar de las diferencias, siempre había cerrado filas en torno a su líder. Y si bien aún mantienen cierto orden, sí es evidente que hay una fisura y que ya no es monolítico”, observa Sánchez quien es miembro de la directiva de la Asociación Venezolana de Consultores Políticos (Avencopol).
Recientemente, en el programa Con el Mazo dando de Diosdado Cabello, un activista colombiano de nombre Manuel Caicedo tomó la palabra e increpó abiertamente a la cúpula del oficialismo por “debilitar”, a su juicio, las campañas por la liberación de Maduro y Flores, y dejar de hablar sobre la gravedad de los ataques del 3 de enero. “Nuestro objetivo principal es que Cilia y Nicolás regresen. Y hemos dado batallas que a veces tenemos que hacerlas en silencio”, respondió Cabello.

Otra figura que se ha distanciado del gobierno encargado ha sido el influencer argentino Michelo, quien reveló que personas cercanas al entorno de Jorge Rodríguez lo llevaron a una playa, donde le propusieron integrar un nuevo movimiento que denominó “chavismo sin Chávez”. Relató que estas personas le hablaron de sondeos y estadísticas en las que confirmaban la impopularidad de los símbolos relacionados a la revolución como el color rojo, por lo que ese nuevo movimiento usaría el color azul y prescindiría de la imagen de los antecesores de Delcy Rodríguez.
Para la experta en comunicación, los cambios que ha hecho Rodríguez dentro de su gabinete ministerial, la separación de sus cargos de funcionarios leales a Cilia Flores en el Poder Judicial, así como la deportación de Alex Saab, empresario bastante cercano Maduro, también han provocado roces en un sector del gobierno que podría verse amenazado por estas “purgas”. “Delcy claramente se ha desmarcado del chavismo radical, no solamente a nivel estético, sino que se siente cierta orfandad por parte de Nicolasito (Maduro Guerra), Mario Silva y otras personas del área radical del madurismo”, agrega.

Toledo tiene una opinión diferente sobre las posibles grietas en el chavismo. “Yo creo que no debe haber un 15 % del chavismo duro en el país, pero esa base pequeñita que les queda es bien disciplinada. Y de alguna forma yo creería que están acostumbrados a los cambios, porque ellos no tienen un discurso simbólico como el de la oposición, sino que su discurso está sostenido en el pragmatismo”, dice.
En este sentido, considera que las cúpulas del oficialismo priorizan en este momento la preservación del poder político antes que los ideales o dogmas. Esto los lleva a adaptarse a las nuevas circunstancias, prescindiendo de sus viejos valores, tal como ocurrió en el propio madurismo al avanzar por rutas que a veces contradecían los planes originales de de Hugo Chávez.
“Si tienen que llamarse distinto y pintarse de un color distinto, en seis meses lo van a hacer sin problema porque ellos tienen un solo objetivo como partido, que es mantenerse en el poder. Entonces ahí no hay una gran base ideológica, es un movimiento mucho más pragmático”, reitera.
Guerra de símbolos

En redes sociales se ha popularizado en los últimos meses analizar las campañas de Delcy Rodríguez y la forma en que ha tomado distancia de símbolos históricos del chavismo como el color rojo, el cual ha cambiado por otros como el azul claro o el morado. Incluso, algunos han comentado que su vestimenta y gestos son cada vez más parecidos a los de la líder opositora María Corina Machado.
Para Toledo, quien ha asesorado campañas de diferentes políticos como Nayib Bukele en El Salvador o Miguel Uribe Londoño en Colombia, la lucha por la apropiación de diferentes símbolos en Venezuela no es nada nuevo. Recordó la campaña presidencial de 2012, cuando el entonces candidato opositor Henrique Capriles adoptó la gorra tricolor como su principal característica. Afirmó que esto representó “un golpe mortal” para el chavismo, que hasta entonces había capitalizado el uso de los símbolos patrios en su imagen, por lo que su respuesta fue empezar a usar exactamente las mismas gorras, pero con un “4F” alusivo a sus orígenes.

En el caso de Rodríguez, si bien se ha comentado que usa el azul de la oposición como un gesto de apertura para captar a sectores más moderados e invitar a la pluralidad, el abogado opina que es un mensaje que se contradice con las acciones del propio gobierno al mantener las mismas prácticas represivas y discursos excluyentes del pasado.
“Yo creo que no le queda bien agarrar el color de la oposición como una muestra de inclusión, porque no es solamente el color, es ver si tú de verdad estás apostando a una reconciliación, y eso tendría que venir acompañado de toda una actitud en tu forma de gobernar, inclusiva en tu discurso y tus acciones, pero vemos que no es así”, lamenta.

Durante su Gran Peregrinación Nacional, Rodríguez también apostó por un acercamiento a la religión, incorporando misas a sus actos, visitando iglesias, y recibiendo rosarios de sus seguidores. Esto último provocó críticas entre sectores de la oposición, pues justamente el rosario ha sido uno de los símbolos principales de Machado en sus giras desde las primarias de 2023.
Tanto Sánchez como Toledo coinciden en que exhibir rosarios no es algo nuevo en la política, por lo que no creen que Rodríguez esté copiado deliberadamente a Machado. De hecho, señalaron que los rosarios también fueron un elemento visual importante durante la campaña de Capriles, y hasta en elecciones anteriores a la llegada de Chávez al poder. Ambos explicaron que en comunicación política es fundamental entender al elector, y en todos estos casos simplemente se ha apostado por el fervor religioso del venezolano, con una población mayoritariamente católica, para conectar desde lo emocional y lo semiótico.
Mala conocida

A pesar de todos los cambios que el gobierno encargado de Rodríguez ha impulsado para mejorar su imagen, hay un factor de peso que le impide consolidar esta idea: el estigma de venir del propio seno de un sistema altamente rechazado por sus constantes atropellos contra la población. “Por más intentos que se quieran de maquillar la realidad con esos cambios estéticos, hay un desgaste y hay un balance tras 28 años en el poder. Delcy es una mala conocida y no se puede deslindar de su pasado”, comenta Sánchez.
Haber sido la vicepresidenta de Nicolás Maduro fue una de las razones por las que el gobierno de Estados Unidos decidió dejarla a cargo. De acuerdo con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, su objetivo era garantizar la estabilidad y evitar un conflicto directo con las fuerzas leales al gobierno. Sin embargo, la consultora política dice que para el venezolano justamente es también un recordatorio de su responsabilidad directa en varios de los principales problemas del país.
“Delcy lo tiene muy cuesta arriba para convencer al electorado de la oposición, tiene cuesta arriba convencer a la comunidad internacional y tiene preguntas que responder ante la propia base del chavismo. Entonces, aunque se den estos cambios de colores y símbolos, y se quiera suavizar la imagen, intentando llevar un mensaje tal vez a un electorado no decidido, descontento o claramente opositor, no está convenciendo de que sí es diferente, porque hay una historia, hay una reputación y hay un país dolido, hay sufrimiento de por medio, con lo cual no le va a ser tan fácil hacer cambiar de opinión al electorado”, concluye.
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