
Irán anunció este sábado el cierre del estrecho de Ormuz y amenazó con atacar a los buques que traten de atravesarlo.
Por BBC Mundo
El anuncio revierte la decisión tomada un día antes de abrir este corredor marítimo como parte del alto el fuego con EEUU, Israel y Líbano, lo que generó optimismo sobre avances hacia la resolución del conflicto en el Golfo Pérsico.
La decisión de volver a cerrar Ormuz respondió, según Irán, al hecho de que Estados Unidos mantenga vigente en la zona un bloqueo naval a los buques vinculados a Irán
Trump afirmó que este bloqueo -vigente desde el 13 de abril- «seguirá plenamente vigente» hasta que su negociación de paz con Teherán «esté completada al 100%».
La decisión del presidente de EEUU de imponer restricciones al tráfico naval volvió a situar en el centro de la atención internacional una de las herramientas de presión más antiguas en contextos de guerra y tensiones militares: el cierre de rutas marítimas para debilitar la economía, restringir el comercio y obligar a la otra parte a cambiar su comportamiento o rendirse.
El bloqueo naval no es solo una medida militar, sino que también tiene implicaciones legales, económicas, humanitarias y diplomáticas.
En algunos casos históricos, como las dos guerras mundiales, esta herramienta desempeñó un papel significativo en la erosión de la capacidad bélica de los países afectados.
Sin embargo, en otros escenarios, como Gaza y Yemen, los bloqueos han alimentado crisis humanitarias y disputas legales más que provocar cambios políticos.
La experiencia histórica muestra que este instrumento suele ser eficaz para ejercer presión económica, pero rara vez conduce por sí solo a una solución política duradera.
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