Estados Unidos no había oficializado su oferta millonaria de ayuda a Cuba cuando los vecinos del municipio Mariano, en La Habana, comenzaron a sonar las cazuelas y a incendiar las esquinas del barrio, como recurso último a la vida sin electricidad, que se les ha vuelto imposible. A las horas de apagón que su Gobierno no era capaz de gestionar, se sumaron desde enero las que ha añadido el cerco energético de Washington hacia La Habana. Pero siempre que el país parece estar llegando al colapso total, no solo económico, sino al límite de la paciencia de su gente, el Gobierno de Donald Trump los oxigena con alguna que otra ayuda momentánea. Ahora ha ofrecido 100 millones de dólares para “proporcionar asistencia directa al pueblo”, un monto que aparentemente las autoridades de la isla habían rechazado. Un día después, tras reconocer que no les queda combustible, en medio de lo que parece ser “la hora cero”, el régimen de Cuba ha aceptado.
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