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lunes 16 de marzo 2026
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César Pérez VivasOpinión

César Pérez Vivas: La Venezuela indómita

Cada vez que se abre una oportunidad, la nación venezolana expresa de forma clara, contundente y multitudinaria su aspiración a la libertad y a la democracia. La semana pasada, en un mismo día, vivimos dos acontecimientos que revelan con nitidez el inmenso deseo de cambio que habita en el alma nacional.

Por una parte, la masiva manifestación de venezolanos residentes en Chile con ocasión de la visita a Santiago —para la toma de posesión del nuevo presidente, José Antonio Kast— de la líder democrática y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. Por la otra las manifestaciones de los trabajadores en diversas ciudades de nuestro país exigiendo salarios y pensiones decentes.

Amigos chilenos me han comentado su sorpresa ante la entusiasta y abigarrada multitud reunida en el Paseo Bulnes y en el Parque Almagro de su capital. No podían creer lo que estaban presenciando y me preguntaban cuáles eran las razones políticas detrás de aquella concentración. Les ofrecí mi lectura del hecho, destacando que estamos ante un fenómeno multidimensional.

Los venezolanos anhelamos profundamente y con urgencia un cambio del régimen y del modelo sociopolítico instaurado. Repudiamos de manera absoluta a la camarilla usurpadora del poder, sus políticas y sus fechorías. Al mismo tiempo, respaldamos las luchas cívicas y democráticas adelantadas y en desarrollo, encarnadas hoy en la figura de María Corina Machado. Su presencia en Santiago representó una oportunidad para expresarle admiración, afecto y respaldo político. Pero también era una ocasión para el reencuentro entre compatriotas, para sentir —en medio de la distancia geográfica— el latido del alma venezolana presente en cada rostro, en cada emoción, en cada nota de nuestra música y en cada símbolo de nuestra identidad.

Aquella concentración fue, en realidad, una intensa mezcla de sentimientos: amor por la patria, añoranza de la familia y de la tierra distante; pero también esperanza en un cambio cercano que permita rescatar el país alegre y próspero que una vez tuvimos. Esperanza de volver sin obstáculos para abrazar a los seres queridos y reencontrarse con los amigos de siempre. Todos esos sentimientos los representa hoy María Corina Machado. Ella se ha convertido en depositaria de esa confianza colectiva, y ello explica la magnitud de aquella multitud.

Esa jornada terminó siendo también un mensaje dirigido al mundo, especialmente a los gobiernos democráticos del continente y más allá de él. Un recordatorio de la magnitud de nuestra tragedia nacional: millones de venezolanos dispersos por el planeta como consecuencia del devastador daño causado. Un daño profundo que deberá ser reparado y superado en la medida en que sea posible.

De allí nuestra prédica constante: impulsar, en el menor tiempo posible, la salida definitiva de la dictadura criminal que ha permanecido durante veintiséis años en el poder. Si bien el sometimiento a la justicia del dictador Maduro representa un paso significativo en la dirección correcta, resulta indispensable desmontar por completo la estructura de terror, crimen y corrupción que sostiene al régimen. Por ello insistimos en exigir a los Estados Unidos y a la comunidad democrática internacional un respaldo firme para que se concrete la celebración de elecciones libres, justas y transparentes en el plazo más breve posible.

Ese mismo día —jueves 12 de marzo de 2026— en el que una parte significativa de nuestra nación se manifestaba en Chile, otra parte, aún más numerosa, se volcaba a las calles en más de treinta ciudades de Venezuela para reclamar su derecho a vivir con dignidad, exigiendo salarios y pensiones que al menos permitan alimentarse. Rompiendo el miedo, desafiando la presencia de los cuerpos represivos y de los colectivos del terror, miles de trabajadores ejercieron su derecho a la protesta y a la exigencia de justicia. 

Esa masa de trabajadores y ciudadanos en el fondo estaban exigiendo, fundamentalmente, el final de la dictadura encarnada ahora en la encarga del poder ejecutivo Delcy Rodríguez. Todos somos conscientes de la incapacidad de la cúpula roja para lograr la nación civilizada y prospera que soñamos. Los valores éticos y políticos del Delcinato son los mismos del chavismo-madurismo. La circunstancia de que ahora se ofrezcan presurosos y obedientes a los dictámenes de la casa blanca, no significa para nada que del 3 de enero para acá hubo en ellos una conversión a la democracia, a la convivencia civilizada y a la compasión por el ser humano. Ninguno de nosotros se confunde. La apertura petrolera, la liberación de un contingente de los presos políticos y una modesta tolerancia a la manifestación pública es resultado de la presión de fuerza existente y no significa un cambio autentico del sistema político y económico, ni mucho menos una conversión espiritual, cultural y política de los usurpadores.  

Ambos acontecimientos, hoy analizados en este artículo, revelan la existencia de una nación indómita. La Venezuela que lucha por su futuro. La de ciudadanos que no se rinden y que aspiran a reencontrarse con sus familias, sus amigos y su patria. Toda esta lucha terminará abriendo las alamedas de la libertad para instaurar la democracia e iniciar así el proceso de reconstrucción institucional, espiritual y material de nuestra amada República.

 

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